Sabemos que las ideologías perturban el funcionamiento del cerebro. Pero no es tan fácil apreciar el grado de tara mental que supone esa lamentable xenofobia etnicista llamada nacionalismo.

Lo de Tabarnia puede que sea broma. Así lo entiende casi todo el mundo. Como si dicendo broma, dijeran algo. Broma no significa no cierto. Ni no importante. Ni siquiera no clave. Una broma a menudo es un dedo en la llaga. Y no pocas veces es una verdad muy incómoda. Como romper un tabú que tiene acoquinada a la tribu, tras lo que llega la liberación. Pero primero la risa, por si acaso. No nos vaya a caer el rayo divino.

Los nacionatas -de ambos bandos- ponen dos pegas principales. Que la idea de Tabarnia es aceptar la divisibilidad de los estados. Y unos “anti-separatistas” o “unionistas” deberían rechazarla. Sería una incongruencia. Y también dicen que viene impulsada por un nacionalismo, solo que contrario al nacionalismo secesionista. Un nacionalismo español en este caso, necesariamente “anti-catalán”. Ambas son falsas, claro. Sin duda originadas en la tara mental mencionada.

Separar Cataluña.

Querer hacer una nueva comunidad autónoma no es querer separar nada. El federalismo es una forma de unir, no de separar. Puede no ser necesario en lo que ya está unido, pero a ver quién es el guapo que ve mucha unidad con Cataluña. ¿No están en un “procés”? Pues federalismo contra procés. Unir; no separar.

¿Separaría Cataluña? En principio, no más de lo que las comunidades autónomas separan España. La unen más, dicen, al digerir mejor su diversidad. ¿Por qué regla de tres Cataluña no puede beneficiarse de la misma ventaja federalista? Decir que Cataluña no pude tener dos comunidades autónomas, porque es separarla, es lo mismo que decían los franquistas respecto de la España autonómica. ¿Son franquistas vergonzantes los catalanistas? Y la diversidad identitaria catalana está muy bien medida. No es ningún artificio.

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¿Nacionalismo español como impulso de Tabarnia?

No jodas. ¿Acaso proponen hacer una “escuela española”, o tabarnesa, eliminando de ella el catalán como lengua vehicular? ¿Les has oído hablar de alguna “construcción nacional”, española, tabarnesa, o de otro tipo? ¿Y de “normalizar”, o de homogeneizar nada? ¿A quién cojones quieren “integrar”, “inmerger”, adoctrinar, adocenar? La libertad, que es lo que piden, no es una nación; es la anti-nación. Y su patente falta de necesidad de construir nación alguna, es, precisamente, la mayor garantía de la libertad.

Autonomía preventiva.

No piden separarse de nadie, ni poner ninguna frontera. Pero sí están siendo brutalmente amenazados por las fronteras de otros. Hasta ahora vivían en un mundo donde civilizado, entre otras cosas, significa: no me toques las fronteras, ni me toques la identidad. Si quieres “integrarme” en otra “identidad” estás haciendo un genocidio identitario. Si dejaras tranquilo a cada cual, serías civilizado. Pero ya has demostrado más allá de toda duda que no lo eres, y que estás dispuesto a cualquier estropicio para lograr tus objetivos inaceptables. Ante lo que una autonomía preventiva es una estrategia de defensa más o menos obligada. Esto es, si te parece feo que metan en la cárcel a tus cuates, cuando se saltan muy gravemente las leyes y las normas elementales de convivencia, la única otra opción es la autonomía preventiva. Los cuates gobiernarían Tractorluña, pero no Tabarnia. Y los tractores se quedarían sobre la caca de vaca en lugar de invadir la civilización.

Las boñigas se quedarían en su sitio, y el mundo estaría en orden. What’s not to like?

Si te quitaras la tara de la xenofobia étnica, lo entenderías. Como no lo harás, lo mejor es la autonomía preventiva. Y te va a venir bien, aunque no lo entiendas. Seguirás cobrando las subvenciones de la Unión Europea para los tractores y los rústicos.