Por Marod

Jueves. Mañana fría, pero soleada. Llevo más de dos horas desentrañando un contrato gigakilométrico que mi jefe ansía cerrar con una de esas grandes compañías del maligno sector energético. Me duelen las sienes de tanto leer esa puta jerga odiosa, y tengo tentaciones severas de dejar de leer y decirle al ansioso que está todo perfecto y que firme tranquilo, que se forra fijo. Pero me jodería, lo mismo acierto de casualidad, y va y se forra de verdad.

Alguien me saca de la ponzoñosa ensoñación con una invitación a un café de media mañana. Acepto en modo autómata, necesito dejar de leer las palabras contratista y responsabilidad, aunque sea por 20 cochinos minutos. Estamos en la típica cafetería parásita de oficinas y funcionarios. Ocupamos una mesa grande porque se nos han unido cuatro o cinco compañeras más.

La conversación no por repetida, deja de ser obligada. Cataluña, Cataluña y otro poco de Cataluña. «Casi prefiero volver al contrato de los cojones» pienso para mis adentros.
Una compañera parece haberme leido el pensamiento y reclama con fastidio dejar ya la fiesta en paz

– Con esta mierda de Cataluña, no nos damos cuenta de cosas mucho más graves que están pasando.

La que habla es, vamos a llamarla así, Luci. Una de las chicas de aprovisionamientos. Un departamento de mujeres, dirigido por una mujer. Empresa ejemplar que somos, oye. Luci es veterana en la empresa, mediana edad. Una de esas mujeres «superwoman» con trabajo, marido, prole, padres mayores y suegros. Vive en la queja constante que murmura, como una letanía, a cualquiera que le pregunta uno de esos «cómo te va» de pura cortesía.

– Mirar esos cerdos de la manada, tan cerdos como el juez que los juzga. Si al final va a tener que acabar pidiendo perdón la pobre niña.

Confieso que soy un poco autista. No tengo ni más la mínima idea de qué coño está despotricando Luci. Paso temporadas en que ni veo televisión, ni escucho radio, ni leo prensa.

Afortunadamente, el procés ha copado las necesidades informativas del mundo, y alguien se anticipa quedando en desinformada evidencia, y pregunta de qué va eso de la manada.

la-manada

Luci se enerva al explicarnos que son unos bestias que violaron a una joven en los Sanfermines. Prosigue diciendo, entre improperios dirigidos a nosotros por no conocer los detalles -alucinada me tenéis- que por lo visto el juez que está llevando el caso ha admitido a trámite un informe de un detective privado sobre el comportamiento de la víctima en los días posteriores a la presunta agresión sexual, que obviamente propone uno de los abogados de los acusados.

La retahíla es de proporciones épicas. Que si el juez es un machista, que si el abogado un desalmado, que si tenían que hacerle algo así a su hija a ver qué tal le sentaba, que si no había admitido unos guasap entre los presuntos agresores (lo de presuntos agresores lo digo yo, ella empleaba otros epítetos menos objetivos)…en fin, una fiesta de indignación entre los gestos aprobadores del resto de mis contertulios.

De repente, todos los ojos de la mesa se ciñen sobre mi con expresión horrorizada… me temo que acabo de pensar en voz alta y he proferido un «hombre, todo el mundo tiene derecho a una defensa»

Craso error. Pero bueno, de perdidos al río. Como siguen todos clavados en mi cara, continúo para bingo y añado (más o menos):

Los derechos esos universales, que son hasta para los presuntos hijos de puta (remarcando presuntos ya con ánimo de provocar, he de reconocer) . A lo mejor teníamos que haberlos llamado «derechos humanos de las personas buenas, de los hijosdeputa no»… pero era muy largo.

Pues me imagino que la defensa tratará de alegar que hubo consentimiento y tratará de basar su prueba en la ausencia de tratamiento posterior de la víctima y en que lleve una vida normal, carente de traumas obvios que permanecerían como secuela durante bastante tiempo, supongo. A ver si le vamos a decir a la defensa letrada como tiene que dirigir el caso. O a desearle los siete males por hacer su trabajo. Y que te quede claro que la defensa juega una parte fundamental en el proceso de la justicia. Sin defensa no habría justicia. O sea lo que hace ese maldito abogado es ayudar a que se haga justicia. Pero bueno, eso pasa por tratar de comprender el Derecho por titulares de prensa y Twitter. Que no entiendes que la decisión del juez se basa en la ley, y que es recurrible. No entiendes lo que es un proceso objetivo.

… joer. La que se lió. El Katrina fue una brisilla veraniega a su lao. De todos los juramentos que me dirigió acompañados por diminutas particulas de saliva, lo que más me chocó fue esta lindeza: «Tienes interiorizada la cultura de la violación, la justificas porque vivimos en una sociedad que consiente el terrorismo machista y la violación»

Hostia! Yo. Que ni le tiro piropos a las chicas porque me da corte. Manda cojones.
Obviamente, dejé el tema estar. No era plan. Podría ser una loca Luci, que no lo es o no lo parece, vaya. Pero es que nadie de la mesa abrió la boca, nadie trató de reflexionar, era un tabú. Insinuar siquiera que tenían derecho a una defensa era convertirse en violador. Normal.

La anécdota que os cuento me llevó a una reflexión un tanto descorazonadora. Cada vez tenemos menos pensamiento individual. Las redes sociales escupen memes y soflamas. Los 140 caracteres están matando a la crítica, por eso me desahogo por aquí de madrugada.

Quizá sea por eso que alguna vez ha dicho Plaza. La globalización necesita tener sociedades más simples, un proceso de infantilización sostenida. Sin embargo, ¿Cómo podremos aspirar a avanzar socialmente, si acabamos con la discusión racional?

¿Quién somos manada?

Participé en esta Plaza por primera vez hace ya cosa de cuatro años, y casi siempre para mostrar el punto de vista contrario. Ejerciendo por gusto y por convencimiento el papel de ese abogado del diablo de quien sostiene la antítesis.

Perdonad la inmodestia, pero en estos años sé que más de uno ha pensado cosas que no se le hubieran ocurrido de no haber una mosca cojonera. Y viceversa, he pensado y aprendido cosas que no hubieran sido posibles sin esa disposición a escuchar o a discutir.

Moraleja. Al disidente no se le escupe, se le aplaude.

… De vuelta a la oficina, me toca el hombro el del Almacén,

– Joder Martínez, que bien le has contestao a la víbora esa. Vaya pico tienes chaval…y yo que pensé que eras de Podemos.

… Manda cojones. Benditos contratos