Xavier Sala i Martín está muy contento, retuiteando noticias sobre los separatas salvajes que cortan carreteras y vías de tren.

xavier-sala-martin-cafre-1

Sin embargo, algunos usuarios de Twiter le han recordado que cuando la salvajada no va a su favor, sí comprende que hacer el bestia no es un plan recomendable para una sociedad operativa y vivible. Y Sala i Martín ha borrado rápidamente el tuit. Pero no el tuit en el que apoya el cafrerío, sino aquel en el que lo criticaba.

Tal vez se pude entender por aquello de la popularidad. Que Xavier puede considerar “democracia”, aunque otros le llamen populismo. Cuando jalea a los salvajes, obtiene 3.400 retuits. Cuando les recrimina la coacción, no llega ni a 200. Por tanto, ante la contradicción, elige “democráticamente” borrar el tuit civilizado. Sería una manera de plantearlo. La alternativa sería que el prestigioso catedrático sea un poco cafre, y elige lo que es bueno para el convento aunque sepa que es malo para la sociedad.

Sea como sea, la payasada catalana tiene  muchos elementos de interés teórico. Y este no es de los menores. ¿Realmente se puede considerar que la coacción, eliminando el derecho de circulación y usando la amenaza de desastre económico, es una forma de protesta no violenta y sonriente? ¿Son tan adorables estos separatas catalinos a los que políticamente sólo apoya la extrema derecha europea más xenófoba y supremacista? Más bien parece que asoman unos plumeros bastante asquerosos por el horizonte. Prestigio, o no prestigio.