Carromato

Creo que todo el mundo acepta que llevamos de culo la batalla de la “opinión internacional”. Aunque, ciertamente, ha mejorado después del punto insuperablemente bajo de las porras contra las señoras de las urnas. Y quien más quien menos, todo el mundo se deprime con esa impopularidad cósmica. Obvio; es mucho más costoso mantener tu postura sabiendo que eres al malo de la película para el resto de la humanidad. Hay que echarle más huevos siendo el malo. En principio no debería ser problema, porque los malos tienen más huevos. Están menos socializados / domesticados / ahormados. Pero ser malo de apariencia, sin realidad detrás, sí es un problema. Porque tienes que combatir la corriente en contra, sin las ventajas del malo de verdad.  Y ahí es cuando derivas a la soberbia. Niegas la realidad.

– No es la opinión internacional, sino la anglosajona. Y es por la leyenda negra; nos odian, ¡buuuaaa! … blablablá.

Comprobablemente falso. Y no se trata de mirar las cuatro cabeceras de prensa mas conocidas, sino de lo que está hablando la gente de carne y hueso, no implicada en el problema, pero que lo mira desde fuera. En general están hablando muy mal de España.

– No debemos preocuparnos por lo que opinen fuera. ¿Acaso se preocupa Erdogan? ¡Pues Erdogan está ganando!

Estupendo. Pero para tener la despreocupación de Erdogan hay que empezar por ser como Erdogan. Que es lo que se trataba de negar, precisamente. Y hay que estar fuera de la UE, entre otras cosillas. O tener una geografía clave entra la OTAN y Putin. O tener un dominio efectivo del territorio en cuestión, y no tener una oposición que te puede hacer la revolución al primer tanque que saques a la calle. Por no hablar de la moralidad kindergarten, que en Turquía no impera. En fin, todas esas circunstancias que la soberbia nos impide pensar.

¿Pensar? Puede haber quien todavía crea que pensar, por contra de la opiniorrea posmoderna, es útil. Y el primer paso de pensar (no de opinar) es averiguar si alguien ha inventado ya la rueda. El segundo, en caso afirmativo, es estudiar eso que ya se ha inventado. Si no, estaríamos siempre intentando inventar el carro. La mayor parte de las veces sin conseguirlo; es más difícil de lo que parece cuando no has visto ninguno.

Este es precisamente el punto relevante de la Clarity Act canadiense. Que no está en la ley propiamente dicha, sino en el pensamiento que la produjo. El dictamen del Tribunal Supremo de Canadá, del que posteriormente salió la ley. No se trata de que guste, o que convenga, o que haya tenido un resultado conveniente. Se trata de pensamiento. Se trata de que de los innumerables elementos que contiene el complejísimo problema de las secesiones, no hay ni uno sólo que el Tribunal Supremo de Canadá se dejara atrás. Y además, cada uno de ellos analizado de una forma integrada en el conjunto. Si actúas de una manera determinada sobre uno de los elementos, eso afecta a los demás. Vaya, lo que se viene a llamar problema complejo.

La idea es: antes de lanzarte a pensar por ti mismo, a lo campeón, mira lo que ya se ha pensado. Y lo que ya se ha pensado es lo del TS de Canadá. En realidad es lo único a lo que se puede llamar pensamiento; todos los demás casos son apaños ad hoc. Por ejemplo, el referéndum estilo Escocia es un apaño entre dos gobiernos. No es algo que se pueda exportar, porque no se basa en principios (pensamiento). Y así todos los demás.

Ya hemos hablado de la importancia que le da el TS de Canadá a la opinión de la “comunidad internacional”.

Although there is no right, under the Constitution or at international law, to unilateral secession, the possibility of an unconstitutional declaration of secession leading to a de facto secession is not ruled out.  The ultimate success of such a secession would be dependent on recognition by the international community, which is likely to consider the legality and legitimacy of secession having regard to, amongst other facts, the conduct of Quebec and Canada, in determining whether to grant or withhold recognition.

Y no hay más que ver la cara de contento que llevaba ayer Mariano en lo de los premios Príncipe de Asturias. O sea, ¿no nos importa lo que opinen fuera, pero nos licuamos cada vez que la UE nos da una palmadita en la espalda? Seamos serios.

relato

A estas alturas, que han pasado unos cuántos siglos, podemos mejorar el axioma peripatético de Tomás de Aquino. Y queda así:

Nihil est in intellectu quod non sit prius in fabula

No somos animales racionales; somos animales que cuentan cuentos. Sólo a través de los cuentos nos entran ideas en nuestras duras molleras. O sea, el relato. Y en la Clarity Act hay un elemento muy relevante, en el que no nos hemos fijado, que da pie al más formidable de los relatos.

El pensamiento:

Hay unos principios generales de los que Canadá no puede prescindir para solucionar un problema, sin crear un problema mayor. Por ejemplo, no puedes solucionar un problema de democracia de forma que el resultado final sea menos democracia. No puedes solucionar un problema de minorías de forma que acabes teniendo un problema de minorías más grave del que tenías.

La ley:

CONSIDERANDO que el Tribunal Supremo de Canadá ha confirmado que la secesión de una provincia, para ser legal, requeriría una enmienda a la Constitución de Canadá, que esa enmienda necesariamente requiere negociaciones referentes a la secesión que implican al menos a los gobiernos de todas las provincias y a Gobierno de Canadá, y que esas negociaciones estarían guiadas por los principios del federalismo, democracia, constitucionalismo, el imperio de la ley, y la protección de las minorías;

3.2 Ningún Ministro de la Corona debe proponer una enmienda constitucional a los efectos de la secesión de una provincia de Canadá a no ser que el Gobierno de Canadá haya abordado, en sus negociaciones, los términos de la secesión que sean relevantes a las circunstancias, incluyendo la división de los activos y deudas, cualquier cambio en las fronteras de la provincia, los derechos, intereses y reclamaciones territoriales de los Pueblos Aborígenes de Canadá, y la protección de los derechos de las minorías.

El relato:

Como España, en una negociación de cara a una secesión, tendría la obligación de garantizar los principios democráticos y de protección de las minorías, tiene la obligación de considerar -como precedente- el trato que reciben las minorías en la región que busca la secesión. Cuanto peor trato, más garantías de respeto a la democracia y a las minorías se necesita para llegar a un eventual acuerdo de secesion. Y en el límite, tiene, no  ya derecho, sino la obligación de no llegar a un acuerdo si no se garantiza la democracia y el respeto de las minorías en el nuevo ente político.

¿Miramos cómo están las minorías en Cataluña? Por ejemplo, esa suma de “charnegos” + “traidores”, que ni siquiera son una minoría. ¿Hablamos de supremacismo étnico y proto-fascismo? ¿Nos damos cuenta de las garantías que serían necesarias para no arriesgar una merienda de negros en Cataluña? Casi imposible.

Este es el cuento de hoy. El envés del absurdo relato de los separatas con su imaginario pueblo oprimido. Pero hay que mirar un poco más allá del “no es legal”, y del imposible “principio nacional”. Y el cuento “democracia y protección de las minorías” es una fábula de primer orden. O sea, el “no estáis sólos” del Rey.

Sí; la batalla del relato nos importa. Mucho. Pero los relatos hay que empezar por relatarlos; si no, no existen.

Fuentes

El búho (versión clásica de “el relato me la suda”):

Clarity Act:

Tribunal Supremo de Canadá: