Probablemente el resto de los españoles tenemos parte de culpa del ridículo complejo de superioridad de tantos catalanes. Ese supremacismo de sainete por el que unos perfectos cantamañanas te pueden decir que son superiores (ADN francés y racismos similares), y al mismo tiempo asegurar que están colonizados por la raza inferior. Si no hubieramos colaborado, no se lo hubieran creído al punto que lo han hecho.

Y lo hacíamos, vaya si lo hacíamos. No hay más que ponerse en la transición, o hablar con gente de la época, e indagar por una de las metáforas polítigas más intirigantes de la historia moderna española. Café para todos. Un cambio de rumbo sobre el plan inicial que, como su nombre indica, consistía en que el café sólo lo merecían las regiones superiores. Unas que llamaron nacionalidades históricas como muestra de su superioridad. Todavía encuentras gente de la transición, muy meritoria y nada sospechosa, asegurando que todos los problemas empezaron con el café para todos. Tan abducidos por el supremacismo catalán que ni siquiera son capaces de contemplar la posibilidad de que el problema empezara, precisamente, por la payasada de hacer nacionalidades y regiones.

Joé, que es del primer curso de bombas de relojería. Si uno es nacionalidad en vez de región, va a querer “más” (de lo que sea) que la mera región. ¿O es que “nacionalidad” va a ser sólo un nombre vacío? Y la mera región va a preguntar que de dónde cojones viene esa lacra. No del todo convencida de la idea de El Hombre Andaluz, propuesta por el patriarca de una de las famiglias más ladronas de dinero público de la historia de España.

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Y así nos hemos tirado cuarenta años, haciendo gimnasia alrededor de la estúpida bomba de supremacismo étnico que pusimos en la constitución. Hasta que hemos llegado al final del camino claramente señalado por la imbecilidad. La secesión.

La jugada del lloriqueo internacional, y de petición de mediadiores, parece de libro. Pero sólo puede funcionar en la medida en que consigan ocultar su supremacismo abusón, y hacerse pasar por víctimas. Y no pueden. Ni siquiera se dan cuenta del racismo que padecen, de tan interiorizado como lo tienen. Creen que es parte de las leyes naturales, y que todo el mundo tiene que asumirlo.

Es un problema estructural. Vale, si Rajoy es tan bobo como para mandar a la policía a una misión imposible y con escenas impactantes inevitables, tenían un buen punto ganado. Pero dura lo que tarde Rajoy en cambiar de táctica, y cobarde no significa estupido o ciego. Y cuando cambia, estamos en otra película. ¿Mediación de extranjeros, que inevitablemente serán sobre todo la UE? Estupendo. Explícales lo del pueblo oprimido. ¿Quién tiene, en Europa, más autonomía, y más ensalzamiento y privilegios para su lengua y cultura regional? ¿Nos podéis explicar exactamente cuál es el problema por el que lloráis? ¿Que no podéis independizaros? ¿Y quién puede, y por qué habría de hacerlo?

Con Europa habéis topado.

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Los catalanes más gilipollas que los corsos

Si todas las regiones de Europa que poseen una lengua, una historia y una cultura originales comienzan a reclamar su independencia, el viejo continente se va a caer rápidamente en pedazos como un cubito de hielo bajo el efecto del calentamiento global.

Dado que hay unos doscientos idiomas en Europa, ¿por qué no crear doscientos nuevos países? ¿Y por qué no proclamar tantas declaraciones de independencia como quesos y vinos hay en Europa?

La independencia es legítima para liberarse de la tiranía y de la opresión. ¿De qué destino trágico quieren liberarse los catalanes hoy en día?

¿Franco? ¿En serio? El supremacismo catalán se ha rebalado contra la república y contra la democracia; a Franco le ponía las medallas a pares.

Macron:

Con una mediación pretenden que haya dos partes como dos iguales. Yo no puedo, como jefe de estado y amigo, reconocer en pie de igualdad al primer ministro español y al presidente de la comunidad de Cataluña. Y las instituciones europeas tampoco lo pueden hacer. Ni son las competencias, ni es parte de nuestra historia de proceder. Porque mañana un Land alemán puede apelar a las instituciones europeas: “¡Atención, quiero hacer un referéndum!” O una región francesa: “¡Si no es así, apelo a las instituciones europeas!”. ¿Y ahora las instituciones europeas van a ser los árbitros de los sujetos interiores? ¡No!

Los etnicistas tienen las mismas posibilidades de convencernos de la anarquí e incoherencia del hombre andaluz, como tienen de que un europeo se crea que Cataluña es más “nacionalidad” que cualquier región europea — muchas de ellas con gran historia de soberanía real (no inventada) a cuestas. Y con tantas lenguas, o quesos; o lo que quieran imaginar como motivo de superioridad.

Dice Tóntez que ha pactado con Rajoy estudiar el estado de la cuestión territorial. Parece una idea excelente. Pero como ya la cagamos la primera vez, y por eso estamos donde estamos, tal vez podríamos invitar a las instituciones europeas al proceso de estudio. Para que nos ilustren sobre cómo digieren el asunto de las lenguas y los quesos en sus estructuras políticas. Y lo de el hombre andaluz también. Probablemente es de cárcel en no pocos países europeos, pero parece que muchos catalanes no lo entienden todavía. Y ya va siendo hora.

Y también podría ir siendo hora de estudiar Clarity Act como herramienta de enfriar algunas pasiones infantiles de cafreciños sin educación. ¿Pensar es pecado, señor no es legal?