Por Molinos

El prucés secesionista catalán tiene muchos ingredientes sicológicos de la violencia doméstica. Eso que muchos llaman violencia de género. La relación entre secesionistas y sus vecinos tiene claras similitudes con la de un maltratador y su pareja. La comparación no pretende agotar cada uno de los detalles de una relación pero sirve para  la parte esencial.

maltrato

Sabemos que el maltratador manipula, miente, impone, acosa y su víctima sufre paralizada sin saber que hacer y en ocasiones sintiéndose culpable y otras veces, más consciente, asustada por que no ve salida o no se atreve a tomarla. Hasta que toma la decisión de rebelarse.

– El maltratador es narcisista. Piensa que es estupendo de una manera que el mundo debería reconocer. Tiene éxito social porque se preocupa de su imagen y de su venta; está en autopromoción constante. Fuera de casa es encantador y educado. Pura impostura.

Cataluña es reino de la imagen y la publicidad (empresas de comunicación, editoriales, publicistas, moda…). Los más modernos, avanzados, estetas, gastrónomos… Ha conseguido que muchos extranjeros piensen que es una ciudad culta y sofisticada. Una de las mecas de la modernidad. Puro postureo (el inventor de esta palabra merece el nobel de psicología).

– Chantaje emocional. El maltratador imposta ser un incomprendido: se merece tanto y recibe tan poco… no se valora lo bueno que es (manipulador mentiroso que se inventa un curriculum maravilloso). Se preocupa por todos y aporta más que nadie (en el trabajo o en las relaciones) pero no le corresponden sino con falta de aprecio: es una víctima. Y a llegar a casa exhausto (el postureo es agotador y poco gratificante) se encuentra con lo mismo. El es “la victima”.

La letanía de los nacionalistas. Nunca le han reconocido a Cataluña su gran importancia. Ni histórica: la corona de Cataluña le llaman de Aragón y siempre fue un verdadero estado (aparte de chuflas tipo Cristóbal Colon y Cervantes eran catalanes) y se ha ocultado por siglos. Ni actual: aportan una enorme cantidad de dinero a España y sus  servicios e infraestructuras son las peores del estado. En resumen siempre le han humillado, robado, etc. Es la gran minoría oprimida, económica y culturalmente (su idioma está amenazado). Ya son ricos pero Cataluña sería la envidia de Suiza si España no se hubiera empeñado (al menos desde el imperio romano) en reprimir su gran inteligencia y capacidad natural. No tienen ni la mitad de lo que se merecen.

– Eso explica que tenga que hacer cosas que no le gustan: no le queda más remedio que defenderse de la incomprensión de su pareja y del resto del mundo. Si impone lo que hay que hacer es por autodefensa y finalmente por el bien de su pareja. No le han dejado otra salida.

Los independentistas han proscrito el español en las escuelas que es la lengua materna de una buena parte de la población (de más de la mitad) porque dicen que es necesario para defender su lengua y su cultura amenazada, una mera y lógica reacción defensiva. Han hecho de su idioma el centro de la diferenciación del resto de España y de adoctrinamiento y también de la marginación de los catalanes de segunda. No es buen catalán quien habla castellano. Ni siquiera es catalán, es un opresor.

– Desconectar a su víctima de sus relaciones es importante. Aislarla haciéndole sentir culpabilidad. Estar en buenas relaciones con los vecinos o con los amigos es signo de traición. La familia tiene buena culpa en sus problemas.

El adoctrinamiento pretende que los lazos externos se rompan. Crear un sentimiento de agravio por el que hay que odiar a Madrit. Muchas familias con origen en otras comunidades no hablan con sus parientes que viven en Cataluña de esto porque “opinan sin saber lo que realmente ocurre aquí; desde fuera no pueden entenderlo” y que Madrit tiene gran parte de la culpa de la situación en Cataluña, aunque ellos no sean independentistas. En vascongadas se repitió machaconamente esto de “no nos comprenden”, que tan bien analizó Caro Baroja.

– Falta de empatía casi psicopática. No le preocupa el dolor que cause incluso disfruta con la sensación de dominio que conlleva su imposición. Como su pareja no está a su altura no le importa lo que piense o sienta. No tiene derecho a opinar porque no le apoya.

Los nacionalistas acosan a cuantos no son como ellos: en las universidades, en el trabajo, ¡hasta a los niños en el colegio!, multando por no rotular en catalán en los negocios. Aunque en la calle (en las ciudades) hasta ahora disimulaban (el postureo de lo civilizados que son) ya han empezado a dar el salto con sus camisas pardas de la CUP.

Les da igual que más de la mitad de los catalanes no apoye la independencia. Las opiniones y lo que es peor los derechos de los que no son nacionalistas no tienen valor. Al tiempo que hablan de democracia.

– Una respuesta frecuente de las personas que sufren acoso es sentir que de alguna manera (muchas veces inconsciente) son algo culpables o están paralizadas por el miedo. Unas asumen que su vida es la normal dentro de lo que cabe, que realmente el acosador en el fondo las quiere y que tal vez ellas no estén del todo a la altura. Otras más conscientes sufren el matonismo con terror. Y en no pocos casos ambas cosas a la vez. Pocas víctimas tienen la suficiente claridad mental.

Muchos no nacionalistas han quedado paralizados y sin voz. ¿Cuántas familias se han atrevido a denunciar la prohibición de facto de que sus hijos estudien su lengua materna? Supongo que unos por lavado de cerebro: es algo que hay que aceptar para defender la cultura catalana (siempre acosada por Madrit) y otros muchos por miedo a que les pongan la estrella amarilla. O mitad y mitad. Se sabe muy bien como funciona la necesidad de aceptación en los grupos y más cuando hay una gran presión social. Por esa gran presión muchas personas con raíces fuera de la región necesitan homologarse como provectos catalanes. Lo mismo que la cantidad de herribatasunos que son hijos de emigrantes.

– La reacción de los familiares a veces refuerza al acosador. Siempre hay alguien cercano que le dice “pero si tu marido es un encanto, tiene sus defectos pero seguro que tu también fallas en algo o trata de comprenderle o no gastes tanto o… Claro que tiene sus defectos pero con comprensión, paciencia y diálogo lo podrías arreglar”.

“Tu marido está pasando por una fase mala. El origen de vuestro problema es externo y es real; él no es malo, pero le están puteando. Fuera no le reconocen lo que hace por los demás y su valía, lo que hace que esté alterado. Debes tener paciencia y no aumentar el problema.

“Sufre una la tremenda injusticia: su jefe le impide lo que permite a otros (la anulación por el Constitucional de parte del Estatuto). Ese es el momento en el que estalló ¿no lo ves? Si le hubieran reconocido lo que merece se habría arreglado”. “Y ahora no le dejan expresarse (votar)”.

Envueltos en la magia de la modernidad (el postureo es contagioso) los nacionalistas han deslumbrado a la izquierda que se comporta como familiar más cercano (muchos de sus votantes tradicionales son los moralmente acosados) que dice que la culpa en una parte importante es tuya porque no pones de tu parte sabiendo que hay una agresión externa (lo del estatuto ha colmado el vaso). Te falta paciencia y diálogo, lo mismo que a los del afuera que no dialogan con tu pareja y por eso le han llevado al límite.

El dialogo es la impostura más útil. Las concesiones que los diversos partidos nacionales han hecho a los nacionalistas no han mejorado ni sus demandas externas ni la imposición interna. Realmente las han exacerbado porque se sienten reforzados para difundir la idea de que se les debe mucho. El mecanismos es perverso: cada vez que han recibido algo sus líderes han podido decir “veis como llevamos razón, nos han estado quitando nuestros derechos y ahora reconocen que…”. “Está claro que había un problema real, no pedíamos sin motivo y como no les ha quedado más remedio porque necesitan nuestros escaños…”

En la idea de aplacar a los nacionalistas o de asociarse contra la derecha, una buena parte de la izquierda (la de Zapatero o la de Sánchez) movida por el odio que comparten ha renunciado al concepto motor de su historia política: la igualdad. El delirante federalismo asimétrico que santifica que los ricos (lo de los derechos históricos no es otra cosa que una coartada) tengan más derechos que los pobres es el resultado.

– También están los que les dicen con toda crudeza que su marido tiene una personalidad patológica y se ofrecen a ayudar a un corte radical. Los más brutos con un par de hostias. Los menos brutos a pedir auxilio y protección en la ley. Algunas veces la persona maltratada lo reconoce y actúa pero en muchas otras su reacción proviene de su anulación: va a ser peor, no sabes como se va a poner, tú no tienes que convivir con él ¿Qué será de nuestros hijos? En otras ocasiones sigue perturbada pensando que el problema no es de su pareja.

Y en estas ocasiones los familiares dialogantes acusan a los realistas de que están poniendo empeorando las cosas impidiendo la solución. Que hay una realidad externa que no están teniendo en cuenta. Que esa situación externa se arregla con diálogo y que ese es el problema de fondo.

Muchos no nacionalistas y muchas otras personas con síndrome de buenismo reaccionan tipo síndrome de Estocolmo. Piensan que una solución que no es más que la aplicación de la lógica civilizada que es la ley (impedir la secesión) no va a mejorar las cosas; que se les da argumentos a los separatistas (¡como si los necesitasen!). Esto lo saben los independentistas y por eso simulan más que un jugador del Barcelona en el área. Los independentistas preparan argumentos para los buenistas, simplemente. Y los buenistas equidistantes tragan (la intervención escandalosa de la policía) aceptando la base de que en esto hay un problema real que no ha sido creado por los independentistas y con este argumentarlo los independentistas ganan adeptos que estaban dudosos.

Los buenistas o los que simulan serlo no son más que o los tontos útiles o los que quieren confundir por su propio interés. Los de las banderas blancas del diálogo son los que siempre llevan las banderas republicanas.

Muchos buenistas han tragado con la idea de que votar es democracia. El aceptar la votación es aceptar una escisión previa ¿Cómo no lo ven? Es aceptar que un grupo se ha arrogado con el derecho de decidir por el resto. Van a decidir sobre si cambian España (no solo Cataluña) unos pocos por todos. Aceptar que son los nacionalistas quienes deciden quien vota es aceptar la independencia a priori.

Esta situación, tan antidemocrática y golpista les encanta a los podemitas porque el verdadero valor de la izquierda es ser de izquierdas no la democracia. La democracia es una circunstancia que para los socialdemócratas es, sin entrar en detalles, suficientemente favorable (insuflan su moral de lo políticamente correcto) y que enerva a los podemitas que aspiran directamente a un estado totalitario que, como la DDR, llamarían “democracia” popular. Todo lo que sea debilitar a un estado democrático les encanta.

¿Y ahora qué? ¿Que se hace con un acosador? ¿Puede el acosador cambiar su actitud?