Para discutir un argumento, conviene elegir la mejor versión que exista. Si no, te estás haciendo trampas. Y yo creo que Tsevan Rabtan siempre es una elección de confianza al respecto. Lástima que, además de presentar muy bien los argumentos, no tenga predisposición para contrastarlos en debate abierto.

Tsevan tiene un artículo reciente sobre la payasada catalana que tal vez sea lo mejor que se puede encontrar en defensa de la postura que llamo “no es legal”.

El título no podía ser mejor. Condensa en cinco palabras y dos ideas todo el problema. Pone todos los elementos encima de la mesa, de la forma más breve que se puede expresar. Alimento, o sea, fuerza; y turba, o masa irracional de tamaño francamente preocupante. Con eso, el resto de los elementos del problema salen solos. Y de ahí que ni siquiera haga falta expresarlos. Por ejemplo, turba ya implica “no es legal”. Eso es lo que hace la turba. Y como implica también irracional, significa que no es con razones con lo que la vas a parar. Es una cuestión, entonces, de fuerza. ¿Tienes fuerza para pararla? ¿Tiene la turba fuerza como para crearte un problema que no seas capaz de soportar a largo plazo?

Yo no pretendo tener la resupesta a eso. Ni idea. Me parece una apuesta … muy delicada. Pero la fuerza de la turba depende enteramente de su alimento. Que en este caso es un relato facilón. No nos dejan votar. Pero los cabeza cuadrada españoles no quieren mirar ni mucho ni poco lo que tienen enfrente, y sólo se preocupan de si es legal.

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Joder. Si hay algo que sabemos de dinámica social, desde 1º de los Forestales Juveniles, es que lo único más inútil aun que los argumentos -frente a una turba irracional- son los adjetivos. Y además, la lógica no es precisamente fina.

Se basa en la tesis de que hay algo malo, inmoral o peligroso en posiciones como la mía, a pesar de que yo sí respeto la ley.

Ya estamos con las Grandes Expresos Europeos. Estos son mis principos, y si no funcionan que le den a usted por saco. Vale; puede ser que valga … cuando vemos a quién le dan realmente por saco al final. Y respetar la ley no implica necesariamente que esa actitud no sea peligrosa. Por ejemplo, cuando la ley deja de funcionar puede ser sumamente peligroso atenerse a la ley.

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Anda, intenta entrar en ese coche y llevártelo, porque es legal. Ahí tienes; legal Y peligroso.

En Canadá tuvieron esencialmente el mismo problema, con una diferencia. El referéndum no era ilegal — aunque la secesión unilateral de una Provincia (con o sin referéndum) si lo fuera. Esa diferencia les impdió atascarse en la “solución” de impedir el referéndum. Bueno, también pudo ayudar la tendencia cultural anglo a no obsesionarse con una idea, prescindiendo de la realidad. A los continentales nos encanta engancharnos una idea fuerza, pero el Tribunal Supremo de Canadá miró la realidad además de la legalidad. Incluso observó el preocupante fenómeno de que a veces las realidades crean legalidades (y soberanías).

It is true that international law may well, depending on the circumstances, adapt to recognize a political and/or factual reality, regardless of the legality of the steps leading to its creation.

No one doubts that legal consequences may flow from political facts, and that “sovereignty is a political fact for which no purely legal authority can be constituted . . .”,  H. W. R. Wade, “The Basis of Legal Sovereignty”, [1955] Camb. L.J. 172, at p. 196.  Secession of a province from Canada, if successful in the streets, might well lead to the creation of a new state.  Although recognition by other states is not, at least as a matter of theory, necessary to achieve statehood, the viability of a would-be state in the international community depends, as a practical matter,  upon recognition by other states.  That process of recognition is guided by legal norms.  However, international recognition is not alone constitutive of statehood and, critically, does not relate back to the date of secession to serve retroactively as a source of a “legal” right to secede in the first place.  Recognition occurs only after a territorial unit has been successful, as a political fact, in achieving secession.

Hagamos hincapié en la diferencia. En Canadá no podían impedir el referéndum (tuvieron dos), pero su sistema constitucional sí decía que el resultado del referéndum no creaba una soberanía. Podían haberse agarrado a eso, pero les pareció insostenible. Insosntenible en la realidad … que al final puede acabar creando una nueva legalidad y soberanía. Y buscaron una solución que ha funcionado, a pesar de que el referendo sea legal. Al dar una salida a las aspiraciones secesionistas, difícil pero hipotéticamente posible, les quitaron el alimento. La fuerza. Y se desinfló el suflé. Tiene su riesgo, claro. La salida, aunque francamente difícil, existe. La gracia es que funcionó.

En España sí podemos impedir un referéndum, según la ley. Según la realidad, no tanto. Y hemos tomado la decisión, sin pensarlo, de que impedir preguntar soluciona el problema. Porque como entrecomillamos lo de “problema político”, parece como que no existe, o no importa. Y encima ni siquiera podemos realmente impedir preguntar, aunque lo tengan que hacer de una forma más o menos atrabiliaria.

Hay alguna otra diferencia. No nos dejan preguntar es mil veces más potente como alimento de la turba que no nos dejan separarnos. Si no nos dejan separarnos le pareció fácticamente insostenible a largo plazo al Tribunal Supremo de Canadá, imagina lo que hubieran dicho de no nos dejan preguntar. Es algo que allí ni se contempla.

Ejemplo. Incluso un tío con lecturas (aunque sea un cantamañanas) como Punset se apunta al mensaje kindergarten sin rubor:

¿Qué cojones quieres hacer contra eso; no es legal? ¿En serio?

Otra diferencia, nada irrelevante, es que en Canadá no tienen una izquierda sumamente reacia a la idea de Canadá, y frecuentemente aliada de la secesión.

Al final es una apuesta, y es imposible saber cómo va a salir. Pero la estrategia cabeza cuadrada te limita a contemplar sólo una de las soluciones del abanico, que liquidas en 1.225 palabras de un buen artículo de Tsevan Rabtan. El TS Canadá empleó 26.000 palabras, que sugiere que tal vez haya empleado unas 20 veces mas de pensamiento. Pero, oye; pensar mucho no quiere decir necesariamente pensar bien. Es posible que lo de los cabeza cuadrada sea mucho mas elevado. Por la pinta parece muy simplón, pero mayores prodigios se han visto.

Termina Tsevan Rabtan:

Tampoco quiero que me pidan perdón los que llevan años llamándome fascista o intransigente. Me bastaría con que lean esto y entiendan lo que digo, aunque una vez más sucumbo a mi habitual pesimismo. Seguro que habrá quien me diga, tras leer todo lo anterior: tienes razón, cúmplase la ley, pero ¿habrá que hacer algo más, no?

Ya estamos con las etiquetas y las flores. Claro que se entiende lo que dice. Él, y todo el campo de no es legal. Es imposible no entenderlo porque es imposible que sea más simple. Pero claro que diré: ¿habrá que hacer algo más, no? De forma condicional, además. Dependiendo de lo que pase al final. Si la jugada no es legal sale bien a largo plazo, querrá decir que no había que hacer nada más. Pero si sale mal querrá decir todo lo contrario. Salvo para los que funcionan por principios independientes de los resultados. Y si sale mal (¿apostamos?), yo si voy a pretender -aunque no conseguir- que los cabeza cuadrada pidan perdón. ¡Porque me importa el resultado! España.

El efecto de todo este planteamiento cabeza cuadrada, o no es legal, tan simple, pegadizo e infantil como el no nos dejan votar, es impedir contemplar todas las posibles soluciones. No se me ocurre plantearme que mi solución sea la buena solución. No lo sé. Pero reducir un problema de 26.000 palabras a uno de 1.225 casi nunca es una buena estrategia.

Fuentes

Tribunal Supremo de Canadá:

Tsevan Rabtan:

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