Por 1793

Nota. Es un comentario de 1793 [–>] que por trabajo y calidad elevamos a entrada propia. Está respondiendo a este comentario (pm):

Por cierto, hemos hablado mucho de la izquierda, pero tampoco conviene echar una manta de olvido sobre lo que ha hecho la derecha “española” en Cataluña.

http://www.elmundo.es/cataluna/2017/09/19/59c00ec7e5fdea65328b45fe.ht

Sin duda: el famoso acuerdo de 1996 en el hotel Majestic entre PP y CiU para asegurar la investidura de Aznar como presidente del gobierno incluía como cláusula sine qua non la eliminación de Aleix Vidal-Quadras como jefe del PP catalán. Por su contundencia e inteligencia a Vidal-Quadras no lo podían ni ver los pujolistas porque les levantaba bastante voto conservador y les cantaba las verdades del barquero; y el PP se lo cargó, presentándole su cabeza en una bandeja al complacido don Jordi, como si se tratara del Bautista. Uno de los defenestradores de Quadras fue Mariano naniano. Aznar cedió desde el IRPF hasta la vergüenza (“hablo catalán en la intimidad”). Años antes, el PSOE no se había atrevido a meter en la cárcel a don Jordi por el turbio asunto de Banca Catalana. El minúsculo don Jordi les tenía agarrados por los huevos. Y estaba ETA matando todas las semanas, claro; otro frente en Cataluña no lo resistía el Estado; el espejismo vasco impidió ver la tremenda realidad de la nacionalización de las masas en Cataluña. A la larga, mucho más peligrosa que el terrorismo nacionalista vasco.

Y es que el nacionalismo catalán de derechas jugó muy bien sus cartas: nos ponemos la careta de moderación en Madrid, apoyamos a gobiernos sean de Felipe o Aznar, y hacemos caja, clin, clin; la otra parte del trato suponía manos libres en Cataluña para catalanizar hasta los pelos de los gatos sin estorbos legales; y así fue la cosa hasta que llegó la crisis, se descubrió el pastel de la corrupción pujolista (que olía todo el mundo desde hacía décadas; era el secreto de polichinela) y CiU, privada de sus cabezas pensantes (Pujol, Roca, López de Lerma, Durán, Molins), decidió inmolarse en la hoguera independentista que ellos mismos habían encendido y agitado desde los 80. Así se muere el alacrán entre las llamas: clavándose su propio aguijón. Lo que ahora queda de CiU es nada y está al mando de estúpidos que hacen el trabajo sucio de ERC. Puigdemont dice las tonterías del día y podría terminar entre rejas; Junqueras dormita envuelto en su grasa y mira con el ojo bueno el suculento panorama electoral que se le presenta. ERC ganará de calle las generales y las autonómicas cuando se convoquen.

En unos pocos años, la hegemonía del catalanismo ha pasado de la derecha y el centro derecha a la izquerda y la extrema izquierda; el catalanismo conservador, cuya fuerza era el pacto y la ambigüedad calculada, está muerto políticamente. Han perdido los votos, la cabeza, las sedes embargadas y pueden terminar unos cuantos entre rejas, entre corrupciones e independencias. En el PNV no terminan por creerse la autoinmolación de CiU, el hermano grande cuyos 18 escaños en tiempos de gloria miraban con envidia los jeltzales; ahora PDECAT no tiene ni grupo parlamentario propio en Madrid: grupo mixto, un saldo político. Con CiU también se ha muerto un cierto seny catalanista que creía compatible, aunque en realidad es completamente incompatible a la larga, como se ve, la construción nacional catalana con el respeto a la unidad constitucional del Estado. Lo de CiU es de tragedia griega: mueren en la hoguera de la que son responsables y pasan la antorcha, cual Ave Fénix, al independentismo radical. Sus herederos, los jóvenes turcos criados en el regazo del padrino Pujol, no tienen tantos escrúpulos y llaman a la guerra santa antiespañola. Mataron al padre y quieren matar a España.

De hecho, este suicidio patriótco de CiU clarifica las cosas: el nacionalismo catalán es independencia e izquierda, incluso radical, ERC más CUP; sus adversarios constitucionalistas son derecha y centro derecha, PP y Ciudadanos (segundo partido en votos en Cataluña tras ERC); en tierra de nadie quedan el agónico PSC (partido antes hegemónico entre las clases trabajadoras de origen español del cinturón rojo barcelonés) y el engendro Podem, Catalunya sí que es Pol Pot etc, cuyos dirigentes bascularán hacia el independentismo inevitablemente, aunque no todos sus votantes. Pero son populistas y en Cataluña el populismo se llama independencia. La radicalización política populista de Cataluña es impresionante y muy superior al resto de España. Xavier Casals ya avisaba hace años de que Cataluña era “el laboratorio populista de España.” No hay nada más populista que la cruzada nacionalista entendida en clave independentista: el “poble catalán” contra las élites madrileñas, españolistas etc etc. El nacionalismo es populista per se; y al revés.