Ilegal

Desde aproximadamente Felipe II, los españoles somos regulo-maníacos. Creemos que las leyes solucionan los problemas, preferiblemente si son prohibiciones. Pero nos olvidamos de dos pequeños detalles que son imprescindibles para que una ley tenga algún efecto. Que exista la fuerza – física y moral- de hacerla cumplir, y que no exista un número suficientemente grande de gente empeñada en no cumplirla. Ambas están muy relacionadas, claro. La cantidad de fuerza necesaria depende mucho de la cantidad de incumplidores.

La idea de prohibir un referéndum local en un régimen politico que se supone que se basa en la libertad de expresión, es una aberración. Es un imposibe socio-político. El pefecto ejemplo de una batalla perdida de antemano. Puede funcionar si se trata de un caso fácil, cuesta abajo. Poca gente dispuesta a saltarse la ley, que requiere poca fuerza para hacerla cumplir. Pero si hay poca gente dispuesta a saltarse le ley, ni siquiera tiene sentido hacer la ley. ¿Para qué querrías impedir un referéndum sobre algo que tiene un apoyo marginal?

Por supuesto que tiene mucho sentido prohibir algunos referéndums. Por ejemplo, no dejarías que en un pueblo hubiera un referéndum para declarar non gratos a los homosexuales. O cualquier otra característica minoritaria. Pero eso entraría en las leyes de discriminación.

Hay países donde la mera propuesta de secesión es ilegal. En Portugal están prohibidos, no ya los partidos secesionistas, sino los partidos meramente regionalistas.

Constitución de Portugal [–>]:

10.2: Los partidos políticos concurren a la organización y expresión de la voluntad popular, dentro del respeto a los principios de la independencia nacional, de la unidad del Estado y de la democracia política.

51.4: No pueden formarse partidos que, por su designación o por sus objetivos programáticos, tengan índole o ámbito regional.

Obviamente en Portugal no puede ser legal un referéndum de independencia, porque sería proponer una ilegalidad. Pero si proponer X es legal, refrendar X a título de cata de opinión tiene que ser legal. Y si no lo queremos entender como un problema de mera lógica, lo deberíamos entender desde el punto de vista práctico.

Pongamos Cataluña. ¡El referéndum es ilegal! Sí; ¿y qué? ¿Tienes la fuerza de hacer cumplir la ley? No, sólo la fuerza de hacerla medio cumplir. Vale, tal vez inhabiliten a algunos políticos. Incluso puede que les multen. ¿Y eso va a impedir que presenten nuevos políticos que lleven a cabo otro referéndum? ¿Hasta cuándo se puede sostener esa situación?

Bien, podrían usar el 155. Y tendrían una autononía medio suspendida [–>]. Una vez más; ¿hasta cuándo? ¿Hasta que gane Tóntez de la mano de Podemos y ERC? Incluso en esa situación pueden organizar referéndums municipales, en sus setecientas y pico alcaldías. ¿Hay algún motivo para pensar que la estrategia del aburrimiento, o del cansancio, tiene éxito? Yo diría lo contrario. Todas estas payasadas nos aburren y cansan a los demás; para los separatas son como la gasolina que les mueve.

Y acabas en que, o mantienes una situación de excepecionalidad con el 155; o tienes refeéndums sólo medio impedidos; o tienes Declaración Unilateral de Independencia — y el 155 otra vez. O sea, su capacidad de impedir el funcionamiento normal del sistema parece completa, mientras su motivación (su chifladura) se mantenga. ¿Y cómo se podría reducir la motivación? No parece que haya muchas más alternativas que mucha fuerza (multas y cárcel a mansalva), u olvidarse de la extravagante idea de que las leyes -sin la fuerza- solucionan los problemas. Y por supuesto, olvidarse de la no menos extravagante idea de que se puede prohibir un referéndum sobre algo legítimo. Es insostenipla. O haces ilegal proponer la separación, o haces legal el referéndum. Y cuando lo entendamos, a base de pensar o a base de hostias, habrá que elegir entre el estilo Escocia y el estilo Quebec. Son muy distintos, y aparentemente tienen consecuencias opuestas.

Los españoles somos unos genios del kindergarten. Hemos juntado:

  • Abandonar la educación en manos de los separatistas.
  • Un régimen de libertad de opinión con prohibición de la medición de la opinión.
  • Un sistema político en el que la gobernabilidad depende casi siempre de los separatas.
  • Un sistema ideológico en el que a la mitad del espectro le da tirria la idea del conjunto.

¿Alguien piensa que esa mezcla puede no salir mal? Si saliera bien, mereceríamos un monumento espectacular. Sería un prodigio.