bolardos

Cuando contestan tonterías demasiado espectaculares, suele haber gato encerrado.

Las respuestas, tipo LSD, vienen de La Vanguardia

“Cuando hay actos concretos muy concurridos se ponen los New Jersey (barreras de hormigón). Estas medidas siempre se han hecho. Pero no cada día. Técnicamente se descartó, desde el punto de vista de accesos, emergencias, cargas y descargas”, ha explicado Turull.

¿Técnicamente hay algún problema en bolardos como los de arriba, que se pueden bajar cuando es necesario?

Lo de Colau ya es como para ponerlo con violines:

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha descartado este sábado llenar Barcelona de barreras, ya que supondría que los terroristas habrían conseguido su objetivo, y ha remarcado que la capital catalana quiere ser “una ciudad en libertad”.

““Es imposible llenar la ciudad de barreras porque sería impracticable”. “Y eso es justo lo que quieren los terroristas, que vivamos repletos de barreras”, ha declarado la alcaldesa.

Fuerte. Ahora resulta que a los posmo-comunistas les preocupa la libertad. O que hay alguna incompatibilidad entre lo que quieren conseguir los islamistas con su industria de asesinatos, y lo que quieren Colau y Cía. por otros procedimientos. Y la financiación, y el apoyo político – cultural mutuo constante, son por lotería. Casualidad. Pero lo que sí es obvio es que tienen algo de mucho peso contra los bolardos. Si no, nadie en sus cabales se embarca en una gimnasia argumental cómica de ese calibre.

¿Y por qué les molesta tanto? No vamos a pensar que lo que quieren es facilitar los atropellos islamistas; no somos salvajes. Pero tal vez sí se puede pensar que son muy sensibles -y en general muy competentes- con la publicidad.

Imagina una ciudad con todas sus zonas peatonales, o las más transitadas, protegidas por bolardos voladizos. Que, al ser novedad, llaman mucho la atención. A diario. Y cuando ya no son novedad, aun así hay que explicárselo a los niños en sus primeros pasos. O imagina -aun peor- que a la plebe le diera por llamarles de una forma descriptiva y natural; algo como barreras anti-islamistas. O barreras mahometanas. O palos Alá; ya se entiende la idea. El efecto psicológico – publicitario de algo así podría ser sobrecogedor. Algo que te recuerda, varias veces al día, que siempre cabe que haya un musulmán por los alrededores con ganas de atropellarte. Mensaje inevitable; no hay forma humana de edulcorarlo. Por mucho que pienses en radical, eso ya va de suyo con asesinato. Es innecesario. Y hay un montón de radicales de todo tipo de fantasías que no requieren bolardos. Así que el mensaje es el que es. No hay otro.

Parece una línea de pensamiento verosímil. Los atentados, muy impactantes, se olvidan rápido. Para cuando llega la votación ya no piensas en ellos. Y además, precisamente por impactantes, propician la reacción instantánea -y efímera- pero no el pensamiento. Los bolardos son justo lo contrario.

Lentejitas tiene un artículo muy bueno desde el punto de vista de la seguridad. No entra en psicologías y publicidades, pero examina muy bien lo de las “cuestiones técnicas”.

Fuente, La Vanguardia: