Hablamos de Guipúzcoa, esa mezcla entre parque de atracciones etnográfico (o reserva india), y paraíso de terroristas jubilados.

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El tipo del cuento de hoy se llama Mikel Irízar, y es Director Foral de Normalización Lingüística del parque etnográfico. Vende, en Noticias de Gipuzkoa, un grave problema, edulcorado después con la obligada nota de optimismo.

Problema: Para tener un parque etnográfico necesitas una etnia. Sí o sí; no es una cuestión debatible. Pero la supuesta etnia no se distingue a la vista. No es una raza, como creía Arana. Y además, nadie piensa hoy que Arana fuera algo distinto que uno de los racistas impresentables que abundaron en su época. Y así, a falta de elemento visual, necesitan justificar la etnia en la parte del audio. O te hacen hablar raro, o se jodió el invento del parque.

Hay una constatación desde el principio de la legislatura de que el proceso de revitalización del euskera está en una encrucijada y de que el éxito no está asegurado. Podemos acabar acumulando capacidades y oficialidad pero de una forma que no derive en un uso cada vez mayor de la lengua.

Se entiende fácil. No hay manera de justificar etnia con el conocimiento de una lengua, por muy ágrafa y marginal que resulte. Tiene que tratarse del uso. Cruzas esta raya, y ya no entiendes a nadie. ¡Un parque étnico! Una reserva india. Un hecho diferencial. La cosa.

Y no es que puedan acabar acumulando capacidades y oficialidad de una forma que no derive en un uso mayor del vernáculo, es que eso es exactamente lo que están haciendo. No es que pueda ser; es que es.

La obligada nota de optimismo consiste en que estamos salvados porque “existe un gran compromiso social”. Pero es un clavo ardiendo. Hay tres mediciones posibles de las que Irízar no quiere saber nada.

  1. La evolución de ese compromiso social. ¿Va a más o va a menos?
  2. La cuantificación del compromiso.
  3. La calidad del mismo. ¿Es de boquilla, o tiene skin in the game?

El compromiso social, y lo que hacen (no lo que dicen) los jóvenes, es lo mismo. La juventud es la parte de la sociedad comprometida por definición; son los fáciles de engañar con campanillas de moralidad barata. Si te embarcas en una ingeniería social y no consigues engañar a los jóvenes, mejor que te dediques a otra cosa.

Cuantificación y evolución del “compromiso social”:

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Un “compromiso social” notablemente estancado, o a la baja, y en un nivel que parece francamente patético. Los chavales no eligen aprender vascuence; les obligan. Lo que es voluntario (de momento) es hablarlo. Pero es indudable que el conocimiento (repito, obligado) ha aumentado espectacularmente estos años. Y la proporción conocimiento / uso sería la medida de un “compromiso social” que no sea de boquilla.

Calidad del “compromiso social”. De las dos referencias del artículo que comentamos sale esta gráfica:

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Muy buena pinta no tiene ese “compromiso social”.

Lo podemos mirar en la población general, incluyendo todas las edades.

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Si aumenta con tanta claridad el conocimiento vernáculo, pero no aumenta (o más bien disminuye) el uso vernáculo, yo no veo más que dos posibilidades. O bien el aumento del conocimiento es una fantasía, o bien el “compromiso social” es inexistente. Y cualquiera de las dos posibilidades es un fracaso rotundo de los organismos y fulanos dedicados a esa extravagante ingeniería social llamada normalización lingüística.

Lo que te espera, si les dejamos seguir con su plan:

 Hacen falta muchas más acciones y crear más condiciones para que la gente que sabe euskera encuentre un entorno amable donde hablarlo.

Dibujito: el “entorno amable” eres tú, que no estás siendo nada amable de momento. Y van a emprender acciones para corregirlo (corregirte). ¿Hace falta señalar que “acciones”, en la cabeza de un vascopiteco, no suele designar bromas?

Obstáculo:

También hay que eliminar obstáculos, como la no comprensión, para que el euskera se pueda hablar más.

Vamos, que está guapo el asunto. La encrucijada, que dice Mikel Irízar.

Fuentes

Noticias de Gipuzkoa:

Soziolinguistika:

Gobierno Vasco:

Agradecimientos

Galicia Bilingüe: