No tengo ni idea de si a este cantamañanas, que me suena de nombre pero nada más, se le puede considerar científico. Pero sé que le consideran un embajador de “la ciencia”, sin ninguna protesta por parte del estamento científico. Y el campeón dice, en nombre de “la ciencia”, tonterías que no debería decir un niño de más de 14 años.

neiltyson

¿De verdad que hay que explicárselo a un astrofísico, director de un planetario en Nueva York? Joder, es cierto que ese argumento de mocosos para lactantes es el que subyace en todo el scientism [–>], del que el mayor exponente tal vez sea el cuento del clima. Pero sus practicantes lo suelen presentar con bastante mayor disimulo. Puesto así, a la Tyson, solo puede despertar las carcajadas de todo no-analfabeto.

No, Neil; no tiene nada de extraño. La plebe sabe desde hace muchas generaciones que los astrónomos predicen los eclispes de tal forma que les queda niquelado. O sea, tiene un conocimiento empírico (¿te suena?) de la capacidad de predicción de esa rama de la ciencia. Y así mismo tiene una experiencia milenaria sobre la nula capacidad de acierto de las fantasías catastrofistas. Incluso una experiencia de varias generaciones sobre los modernos catastrofismos cientififormes.

Y eso, los más desinformados. Porque imagina lo que les pasa a los que miran un poco, y cuentan los cadáveres inexistentes. O los millones de refugiados climáticos que no hay; los arbolitos del campo en un planeta en reverdecimiento; las playas en absoluto desaparecidas; la nieve -que no iban a conocer- sobre la que siguen esquiando; las islas del Pacífico que resultan crecer en lugar de desaparecer; en fin, la espectacular ausencia del termagedón anunciado. ¿Qué hacemos con esos, Neil?

El fenómeno se llama predicciones fallidas. Que es, precisamente, lo que no ocurre en astronomía.  O al menos en la astronomía más establecida y menos de frontera. Y ahí está la guasa, la imbecilidad estupefaciente de la trampa de chichinabo. No hay “la ciencia”, si por eso nos queremos referir a la seguridad de un tipo de conocimiento. Hay ramas de la misma cuyas predicciones se sabe que funcionan, y ramas de frontera cuyas predicciones están por ver. Que menudo nunca llegan a cumplirse. ¿Y por qué será que cuando quieren promover la alarma del clima, solo le pueden dar un Premio Nobel ¡de la Paz! a la especialidad? ¿No será porque necesitan -justamente- una capacidad demostrada de predicción, y no la tiene?

Hace falta una caradura bastante notable para hacer la comparación eclipse ⇒ cuento del clima. Pero de caraduras es de lo que se trata. Porque son los mismos científicos del clima los que no se creen los “eclipses” (las predicciones) de la ciencia del calentamiento global acojonante. Las predicciones (los modelos) dicen:

Por doblar la cantidad de CO2, entre 2 y 4,5ºC de calentamiento (al 66% de probabilidad).

Y el IPCC no se lo acaba de creer, y lo cambia:

Por doblar la cantidad de CO2, entre 1,5 y 4,5ºC de calentamiento (al 66% de probabilidad).

Extraño, debería decir Tyson. El IPCC no niega el eclipse del 21 de agosto, pero niega las predicciones hechas con las mismas herramientas y métodos de la ciencia del calentamiento global acojonante.  ¿Lo diría en serio?

En general, estos alarmistas del clima se suelen reír mucho de las religiones. Van de sobrados por el mundo, dando lecciones de racionalidad y de decisiones basadas en “la ciencia” y en la “evidencia”. Yo no creo en ninguna de la religiones; pero entre creer en un creador del universo y creer la falacia del burro de Tyson, es mucho más irracional creer lo de Tyson. No puedes demostrar que Dios sea falso; la falacia de Tyson la demuestra un niño.

Tal vez cabe añadir que “la ciencia” no solo se puede dividir entre establecida y de frontera. Hay otras posibilidades no menos ilustrativas. Posmoderna y kindergarten es lo mismo, claro.

tyson-consensus