27 junio 2017


Marod

Estimadísimo Anónimo Jerónimo.

Lo cierto es que tu misiva me ha conmovido hasta el punto de sentirme concernido a salir de mi retiro temporal. Eso sí, he de confesar que al leer los comentarios de los lectores, sentí cierta punzada en el orgullo al ver tantas y tan justas alabanzas a tu magnífico estilo.

Antes de comentar tu texto, me gustaría que reconsideraras tu drástica decisión de no participar más en este sitio. Confío en que no sea por un prejuicio. O mejor dicho, por la aplicación de un pensamiento colectivo en un sitio donde se trata de evitar precisamente eso.

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Me explico. Verás. Como seguramente ya sabes, los humanos tenemos la bendita habilidad de simplicar el complejo mundo que nos rodea. Lo hacemos mediante mitos. Etiquetas. Cajitas. Como quieras llamarlo.

Toros sí: Facha. Toros no: Rojo. Aborto sí: rojo. Aborto no: Facha. Es fabuloso. Con tres frases y cuatro símbolos somos capaces de saber si podemos cooperar con otro humano que no hemos visto en la vida.

Así por ejemplo, podemos etiquetar a Plaza como “facha” (con perdón) o “liberal” o “neoliberal”, o “negacionista”, etc (La etiqueta es lo de menos, podemos poner desde las más complacientes a las más ofensivas).

¿Le conocemos? No. Pero sin embargo, con leer un sólo texto ya sabemos en qué cosas podemos cooperar y en qué cosas no.

Podemos cooperar por el bien de la nación (ambos somos de la misma nacionalidad), Podemos cooperar en intercambios comerciales (ambos utilizamos la misma moneda) y NO podemos cooperar en una campaña de concienciación de la cosa del clima. ¡En 5 minutos y sin conocimiento previo de ninguna clase!. No me digas que no es acojonante.
Bueno, quizá no resulte tan acojonante. Yo es que soy un flipado de estas cosas. Pero bueno, al menos, debemos reconocer que es funcional (que funciona, me refiero). En el plano colectivo, si no utilizásemos estas etiquetas y esta forma de procesar la información (pensar) ni de coña sería posible la cooperación a gran escala.

Pero el tema, y por eso te ruego que reconsideres tu postura, es que este esquema no es para nada necesario en el plano individual. Puedes tomarte tu tiempo y analizar y debatir y rebatir todas las cosas que dice el otro.

Y eso es lo que se pretende aquí. Que nos despojemos de los ropajes y empecemos a pensar como individuos, no como grupo.

Ya, ya sé que Plaza utiliza mucho la etiquetas (Kindergarten, Alicia, etc). Pero es que su labor requiere cierta simplificación. Si no esto sería interminable. Nosotros no necesitamos simplificar. Y, en todo caso, las etiquetas están para ser usadas cuando lo necesitamos.

No hay contradicción en discutir (e incluso en dar parcialmente la razón) aquí y luego volver a la trinchera intelectual cuando pasamos al plano colectivo. Simplemente son ejercicios diferentes: pensar como individuo, pensar como grupo.

Piénsalo, es divertido. Es verdad que te llevas algún soplamocos, pero también los das. Anímate.

Hay un párrafo tuyo que ha causado la hilaridad entre alguno de los lectores. Por dogmático, dicen.

“Pero lo cierto es que no dejamos de ser un bicho que se ha salido de su papel, que se ha puesto a hacer trampas (en un contexto evolutivo) y que ha alterado profundamente el equilibrio con una intensidad sobrecogedora. Lo cierto es que la vida no acepta demasiado bien esos cambios de equilibrio, y que si los acepta lo hace a regañadientes, y con tiempo y esfuerzo. Lo cierto es que nos iremos a tomar viento (por no utilizar una expresión más adecuada) y que al final, el que ria el último será el que no entendió el chiste. A buen seguro que al menos se aprenderá algo de todo esto, si es que queda alguien para contarlo, pero al fin y al cabo la evolución no es más que esto ¿no? ensayo y error.”

El párrafo es brillante. Conmovedor. Y no es tan dogmático, ni tan alejado de la realidad.
Me refiero, es innegable que homo sapiens ha alterado profundamente el ecosistema. De una forma inalcanzable para cualquier otro bicho.

Eso no es afirmar que el hombre está fuera del ecosistema, al contrario. Está dentro, pero ha adquirido una capacidad del alteración del entorno tan desproporcionada que le pone en una condición especial. Desde la revolución agrícola hemos cambiado la faz de la Tierra de una forma especialmente intensa.

Y no cabe duda, que tenemos la capacidad de reflexionar sobre las consecuencias de los cambios que introducimos. No sólo la capacidad diría yo, sino el deber de hacerlo.
Homo sapiens ha alterado especies, domesticado plantas, quemado superficies de bosque, cambiado el uso de la tierra para cultivo, ha exterminado (muy probablemente) la megafauna americana, ha exterminado al resto de especies de homínidos que convivieron con él en sus primeras etapas, y va camino de alterar su genética, el clima global y vaya usted a saber cuantas cosas más.

Esto nos debe hacer reflexionar como especie acerca de las consecuencias que tienen todas estas alteraciones. Y paliar, en la medida de lo posible, todas aquellas que preveamos negativas (para nosotros y para el resto del ecosistema).

No, no porque la vida no acepte estos cambios de equilibrio. La Vida, así en mayúsculas, no existe. Es un mito. Llámalo Gaia, Madre Tierra, Pachamama. Vida, Madre Naturaleza. Da igual.

La Vida no es consciente. Es un conjunto de procesos inconscientes que no tienen opinión, ni voluntad, ni disposición sobre los cambios.

El planeta no decide (ni opina, ni puede hacer nada al respecto) sobre su grado de contaminación, población, temperatura, composición de la atmósfera, etc.
Homo Sapiens ha introducido todos estos cambios brutales en “La Vida” y la consecuencia “terrible” es que ha pasado de ser un mono imberbe asustado de la sabana africana, a colonizar todo el planeta y superar los seis mil millones de individuos. Como “castigo” es realmente extraño, siempre que midamos el éxito por un criterio numérico, claro.

A lo que me refiero es a que la consecuencia (el éxito o fracaso de una determinada conducta) no tiene que ver con la catadura moral que nos suscite la conducta humana, sino con su eficacia. No a que a “La Vida” le parezca o acepte mejor o peor los cambios, sino a que esos cambios ayuden o no a la proliferación de la especie.

Homo Sapiens ha matado a Dios. Ya no le hace falta. Ya no hay que rezar ni que sacrificar corderos a Dios para que mejore nuestras cosechas. La ciencia ha dado esas respuestas. Dios ya no es necesario. Si la ciencia pretende suplantar a Dios, dejará de ser ciencia.
Retomo la premisa inicial. Homo sapiens tiene no solo la capacidad, sino el deber de reflexionar sobre su incidencia en el medioambiente. Pero por una cuestión moral.
Sí. Moral. Porque tenemos moral. Y eso, que son juicios morales, no deben ser atendidos, ni resueltos por la ciencia.

Esos deben ser atendidos y resueltos por la Política o por la Religión, nunca por la ciencia.

Dices que la ciencia está desprestigiada por demasiada especialización y tecnificación que resulta ajena al ciudadano. No. La ciencia (en realidad, no la ciencia, sino la política) se desprestigia en el momento que suplanta a la política. Y pasa de emitir juicios de ser a juicios de deber ser. Nadie, en su sano juicio, duda de un neurocirujano cuando le dice que le va a trempar el craneo y quemarle un tumor. Y que me aspen si entiendo dos palabras de su puñetera de jerga.

Ahora, dudaré del primer neurocirujano que me diga que mi tumor ha sido generado por mi adicción a ver pornografía, a apostar en las carreras o que es un castigo divino por mi inagotable avaricia de querer producir más y más barato.

En definitiva, tu texto tiene un buen enfoque y un mal planteamiento. No es una cuestión de no hacer enfadar al Planeta, ni siquiera de agotamiento de recursos (pudiera, pero no es el caso de momento). Es una cuestión moral. De qué es lo correcto y qué no lo es. Pero a esas preguntas o inquietudes NO DEBE contestar jamás la ciencia. Ni siquiera debemos mezclarla (contaminarla) ni de una forma tangencial.

Esas preguntas deben ser contestadas en la política, en la ideología, en la religión. Pero no lo llaméis ciencia, por favor.

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NOTA: Políticamente, creo que hay que cambiar el modelo productivo e ir sustituyendo lo más rápido posible el uso de combustibles fósiles (lo digo para que veas que no estoy de acuerdo con Plaza…aunque en esto del clima me temo que tenga razón)

Nota (pm). Es una respuesta de Marod a esta entrada de Jerónimo:

La entrada de la sexta extinción cabrea a un Jerónimo

Originalmente estaba colgado como comentario ahí: