Una de las cosas que iba a desaparecer de nuestras vidas era la nieve. Y los pobres niños la iban a conocer de oídas, por los documentales de la 2. Los alarmistas suelen poner gráficos que dan esa impresión. Resulta que últimamente hay algo más de nieve en el hemisferio norte en otoño e invierno, y algo menos en primavera. Los alarmistas, claro, siempre muestran gráficos de primavera. Muy estirados en vertical, para exagerar. Para contrarrestar, los anti-alarmistas los muestran de invierno. Y no hay manera de enterarse.

Vamos a ver los datos de la época del Calentamiento Global Acojonante (desde un poco antes). Del Laboratorio del Clima de la Universidad de Rutgers. Y en datos absolutos, extensión en Km2; no en anomalía. Que es como se ve bien.

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Joé, si parece que este año es un campeón.

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¿Y por la parte de abajo, en el mínimo de verano?

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Lo que decíamos. Algo más en el máximo de invierno (enero) en la segunda parte de la serie de datos que en la primera, y algo por debajo en el mínimo de verano (septiembre). Minucias, y encefalograma plano.

Es imposible imaginar unos datos más anti “cambio climático”. Si hay que tener más nieve, o menos nieve, siempre será mejor tener menos. Por algo la gente va de vacaciones y de jubilación a Marbella, y no a Estocolmo. Así que tampoco sería un drama un poco menos de nieve, acompañado de un amable calorcito y el reverdecimiento de la tierra debido sobre todo a la fertilización del CO2. ¡Pero resulta que tenemos todo lo bueno! Los esquiadores mantienen su nieve, y las plantas lloran de alegría con el CO2. ¿Se puede pedir más?

Lo divertido de 2017 es que en primavera también va muy bien lo de la nieve.

En extensión …

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… y sobre todo en cantidad equivalente de agua. Está que se sale:

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Pobres alarmistas. Ya no pueden asustar ni con la nieve de primavera.

Fuentes:

Global Cryosphere Watch (usan Envionmet Canada)

Rutgers Climate Lab: