La AGU es la American Geophysical Union. La pera limonera. Y han elaborado una secuencia de cinco preguntas y respuestas que pueden ser usadas por los científicos para explicar conceptos simples del cambio climático a audiencias más amplias. La idea general es que la plebe es escasita de luces, y tiende a guiarse más por la emoción que los los hechos y la razón. Y puede ser cierto. Aunque resulta preocupante observar que los chimpancés no parecen precisamente escasos de emoción, y ya ves. Alguna diferencia hay, aunque resulte escasa para nuestro gusto. Y es difícil imaginar una atribución de esa diferencia basada en la mayor emotividad (pero no razón) de los primos listos de los chimpas.

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Como sea, el caso es que la AGU recomienda su secuencia mágica para evitar los problemas de la emotividad humana, y convencer a “negacionistas”. Y yo también. Por eso la traigo.

La secuencia:

1. ¿Está cambiando el clima?

Sí. Observaciones y mediciones científicas han proporcionado datos indudables que muestran que durante el siglo XX y XXI las temperaturas han estado subiendo, los patrones de la lluvia cambiando, así como la circulación oceánica y atmosférica.

Problema: Si quieres saber si algo es raro, o novedoso, tienes que comparar esa circunstancia con aquella que no te parezca “rara”. Y las observaciones y mediciones de siglos anteriores son tirando a escasitas y pobretonas. Aun así, no parecen señalar nada raro reciente.

Por ejemplo, temperatura media (coger con pinzas) del hemisferio norte y del Ártico.

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Nota: las curvas llevan escala distinta; como el doble la del Ártico que la del hemisferio.

Sí se ve un salto (calentamiento) mayor que otros en la primera mitad del siglo XX, pero es que eso ocurre antes de la gran subida del CO2, al que se lo achacan. Como se ve en esta imagen del IPCC:

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Por eso el IPCC habla siempre del calentamiento de la segunda mitad del siglo XX, y los listillos de la AGU lo han cambiado por siglo XX a secas. Para apuntarse una observación que ocurre antes de su causa. Como lógica, ni tan mal, ¿eh?

2. ¿Tiene la gente algo que ver con ello?

Sí. La emisión de gases invernadero (pricipalmente el CO2 de la quema de combustibles fósiles) tiene que calentar la atmósfera — eso es lo que hacen. El consenso de modelos climáticos (es literal) muestra que el clima global es suficientemente sensible a las emisiones históricas de O2 como para haber calentado ya la cantidad medida durante los últimos 150 años. Además, el CO2 dispara una realimentación del vapor de agua, amplificando grandemente el efecto, porque el aire más caliente puede contener más vapor de agua (que a su ves es un gas invernadero).

Bueno, lo de además, sobra. No es además, sino por. Es por la realimentación del vapor de agua por lo que los modelos pueden producir el calentamiento que muestran. Pero tampoco es que los modelos muestren el calentamiento que hemos observado, sino que están tuneados para mostrar exactamente eso. (Lo consiguen más o menos) Y entonces, asumiendo que la temperatura de superficie no puede cambiar sin causas externas al sistema climático (es falso); y asumiendo que el tuneado para reproducir la temperatura observada es el correcto (se puede reproducir lo mismo con un tuneado diferente y menor efecto del CO2), concluimos que el efecto de calentamiento del CO2 es el que dicen los modelos. Pero es una conclusión que depende de tragarse dos asunciones falsas seguidas. Falsas, no en el sentido de que no puedan ser, sino en el sentido de que tengan que ser.

3. ¿Es malo el calentamiento global?

Sí. Aunque este es un problema más normativo que tienen que ser considerado por  filósofos y el público general, más que por los científicos, la historia muestra que cualquier cambio en el medio ambiente de civilizaciones estables es disruptivo para esas civilizaciones.  Alteraciones en las zonas en las que pueden crecer los cultivos, cambios en la fenología (los ciclos de las plantas y animales), cambios en las rutas de las borrascas, aumento del nivel del mar, pueden tener consecuencias sociales, económicas y políticas devastadoras en las sociedades modernas.

Falso. Los períodos de calentamiento durante el Holoceno no se llaman Óptimos Climáticos porque los climatólogos pensaran que tenían consecuencias devastadoras, sino por lo contrario. Es porque entendían que habían sido cambios buenos (la idea de -cambio bueno- que parece pecaminosa o herética para el kindergarten). Sí, es fácil imaginar cambios malos. Lo mismo que buenos. La cuestión es qué cambio (por ejemplo, hacia frío no suele ser bueno), y cuánto cambio. Por ejemplo, en el gráfico de antes se pueden mostrar cambios malos … ¡y cambios buenos!

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O sea, a las dos asunciones no necesariamente ciertas que veníamos arrastrando, le acabamos de meter otra nueva asunción, menos necesariamente cierta todavía.

4. ¿Podemos hacer algo al respecto?

Sí. Porque mucho del calentamiento causado por las emisiones pasadas ya ha ocurrido, y un cese en las emisiones puede estabilizar el clima en el siglo XXI. Los sumideros naturales de CO2 en el océano y los ecosistemas terrestres pueden continuar absorbiendo el CO2  que ya hemos emitido, y retornar el clima al estado estable en el que se desarrolló la civilización durante los últimos 10.000 años.

Y aquí nos han encalomado dos nuevas asunciones no necesariamente ciertas. La primera es que podemos dejar de emitir CO2 sin unas “consecuencias sociales, económicas y políticas devastadoras en las sociedades modernas”. Y la segunda es que el CO2 produciría unos cambios notablemente mayores que otros que ha habido en el Holoceno. Y llevamos cinco asunciones.

5. ¿Merece la pena hacer algo?

Sí. Los análisis económicos indican que el coste de la adaptación al cambio climático en la forma de disrupciones en la agricultura, daño a las ciudades costeras e infaestructuras, e impactos de los extremos meteorológicos, serán mucho mayores que el coste de la mitigación mediante una transición a fuentes de energía renovables.

Y aquí tenemos la sexta asunción, que probablemente es la más prodigiosa de todas. Porque esos “análisis” económicos” dependen de las predicciones de tres tipos de modelos en ristra: Modelos climáticos + modelos ecológicos + modelos económicos.  Todos ellos conocidos por su notable incapacidad de predicción, y ejemplo de modelos de sistemas complejos de los que no se conoce ningún caso de utilidad predictiva en toda la historia del modelismo.

Resumiendo. La AGU presenta unos hechos simples (lo son), y una lógica condicional que depende de estas cinco asunciones, en absoluto garantizadas.

  1. El clima no tiene variabilidad interna (en escala superior a un par de décadas).
  2. El tuneado de miedo que han elegido para los modelos climáticos es el correcto, y no lo son otros tuneados posibles que no producen miedo.
  3. Todo cambio de clima es malo.
  4. Dejar de emitir CO2 no es un problema digno de preocupación.
  5. La sensibilidad climática (el efecto del CO2) es muy grande. En realidad este es el mismo que el (2). Lo contaremos como uno, y son cinco.
  6. La suma de tres tipos de modelos de reconocida incapacidad predictiva tiene capacidad predictiva.

Que nos explique la AGU si es que nosotros somos “negacionistas del cambio climático”, o si será que ellos son “negacionistas” del rosario de asunciones no garantizadas que necesita su lógica. Los “hechos” no son ningún problema. Las asunciones hacen que su lógica sea … sumamente condicional.

Podríamos entrar en cada una de las asunciones, para ver por qué son problemáticas y con mala pinta. Sobre todo algunas de ellas.  Pero ya se ha hecho largo, y ya hemos visto en qué consiste la “lógica” del AGU. En algo que tal vez podría ser (antes de examinar las asunciones), pero que de ningún modo tiene que ser.

Fuente, AGU

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