Esto en Bilbao es una provocación, según su alcalde.

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Nos lo cuenta el periódico del partido del corregidor, y en la lengua que dicen impropia. La misma lengua del cartel “provocador”, por otra parte.

El alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, ha mandado retirar las placas colocadas esta noche por miembros de Covite en recuerdo de las víctimas del terrorismo, y ha acusado al colectivo de actuar “incumpliendo la normativa municipal y de forma inequívocamente provocadora“.

Se puede entender que sea una provocación. Y se puede entender que no lo sea. Por ejemplo, en Alemania no sería. No es.

Es casi seguro que los simpatizantes de los nazis en Alemania consideran una provocación que se recuerden los asesinatos que practicaron con tanta soltura moral. También es seguro que no se atreven a llamarle provocación en público, porque estaría muy mal visto. Que es, exactamente, toda la idea que subyace a la “provocación”. Afearles sus asesinatos a los asesinos de inocentes. A los asesinos “por política”, sin ir más lejos. Para que vaya colando la idea de que eso está muy muy muy feo.

Pero en Vasquilandia tenemos un problema. Gordo. Si convenimos -junto con la civilización- que asesinar “por política” es muy feo, ¿dónde ha estado mirando toda su vida  Aburto? ¿Qué es lo que ha estado comprendiendo, disculpando, minimizando hasta ahora? ¿Tendremos algún hermanamiento con la fealdad? Hmmm.

Están en una gimnasia digna de verse. Somos el país más amante de la paz y de la memoria de toda la galaxia. Como que debemos tener el récord de museos y cosas dedicados al asunto. Y fulanos, cargos y comisiones blablabla. Pero si alguien quiere que consten, en su lugar, los asesinatos de los inocentes, eso es provocar. Aunque sea un cartelito de lo más discreto. No me vayas a recordar lo que quiero bien lejos de mi memoria. Y de la memoria pública. Y no me jodas los cuentos de los niños y todos los museos.

¡Es provocar! Provocar Aburtos, concretamente. Para que los niños no crean que asesinar por política es más justificable que hacerlo por hambre, por celos, por dinero, o cualquier otro de los inaceptables motivos para quitarle la vida a los demás. Porque el más inaceptable es precisamente el que Aburto quiere que olvidemos. Todos los casos mencionados, y similares, son asesinatos de inocentes. No han cometido ningún delito. Pero no cabe mayor inocencia que tener unas características no elegidas. O bien heredadas al nacer (como ser español, o lo que sea), o bien generalmente heredadas del entorno (una ideología, etc).

Gracias a los Aburtos sigue pululando por ahí la idea de que como lo de ETA eran “acciones políticas”, no eran puramente delito. O no sólo delito. Como si fueran menos delito. Y acabada la causa política, la pena deja de tener sentido. Acojonante. Si la maté porque era mía, una vez muerta ya no hay causa y la pena no tiene sentido. Lo mismo que si le maté porque era rico, para robarle. Ahora que tengo su dinero ya no voy a matar más.

Que Aburto se sienta provocado y se atreva a decirlo es, precisamente, la mejor demostración posible de que los carteles de COVITE son necesarios. Ejecutar a los culpables (como en la pena de muerte) nos parece muy poco civilizado. Pero si poner un recuerdo a los inocentes asesinados es una “provocación”, quiere decir que ni siquiera tenemos lo necesario para empezar a imaginar la civilización. Hay que “provocar” a Aburto, una y otra vez, hasta que le dé vergüenza decir que se siente provocado.

Por tanto, gracias COVITE.

Fuentes:

La prensa provocada:

Y los héroes de la peli: