El kindergarten de las batas blancas se manifiesta en Boston, contra la victoria de Trump. No dicen que sea por Trump, pero lo hacen de tal forma que nadie lo dude.

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Claramente tienen tres mensajes.

Defendamos “la ciencia”. O sea, a nosotros.

Buscando “la verdad” para “salvar al mundo”.

Por el “bien común”.

Cualquiera puede tener una idea tan extravagante como quiera sobre “la ciencia”. Pero los científicos como grupo deberían ser lo menos estrafalarios que fuera posible al respecto. Y tienen guasa los mensajes. Porque de la verdad se ocupa la religión; del bién común se ocupa la política; y de salvar el mundo, los cantamañanas. Ninguna de las tres parece propia de la ciencia, ni lo que la distingue.

No sé, miremos definiciones más o menos ortodoxas.

Oxford Dictionaries:

Sciencie:

The intellectual and practical activity encompassing the systematic study of the structure and behaviour of the physical and natural world through observation and experiment.

A systematically organized body of knowledge on a particular subject.

El de la Real Academia:

Ciencia:

Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente.

Como era de esperar, ninguna de las definiciones menciona la verdad, el bien común, ni mucho menos la carallada de salvar el mundo.

Esta manifestación, anti Trump, nos pone ante una paradoja muy incómoda. Y muy pro  Trump. ¿Cuánto nos cuestan todos estos cantamatinas, y qué sacamos a cambio? Porque si resulta que se dedican a las labores de los curas, de los políticos, y de los vendedores de crecepelo,  -y eso es exactamente lo que dicen los mensajes de sus carteles-, estarían haciendo una función  para la que ya tenemos otros profesionales mejor especializados.

Se puede creer que haya una buena correlación entre I+D+I  y un mejor estado económico posterior. No lo he mirado, pero suena bien. Lo que no se puede creer ni el que asó la manteca es que la correlación se mantenga para V+BC+SM (verdad, bien común, salvar el mundo). Porque eso lo encuentras a raudales en los países más mierdosos y fracasados del planeta. Pregunta en Venezuela si andan escasos de verdad, bien común, y salvar el mundo. Les sobra por doquier. Es lo único que les sobra.

Resumiendo. O conseguimos unos científicos con una idea más ortodoxa de la ciencia, o conviene empezar a contemplar la posibilidad de la reconversión de una industria que muy bien podría haberse salido de madre. Y dogmas y santos, los precisos.

Nassim Taleb tiene un artículo con muy buenos puntos respecto a por qué no creemos en “los expertos”, y por qué tenemos razón al hacerlo.

Los científicos del mundo académico no arriesgan nada por equivocarse. Pero tienen éxito o fracaso, aunque sea de una forma grotesca. No depende de acertar en cómo funciona la naturaleza, sino de acertar en la aprobación de sus pares — los otros científicos. Y de ahí salen aberraciones como consenso, o “la verdad”. Totalmente alejados y al margen de que funcione o no funcione, pero absolutamente necesitados del aura de la aprobación de la tribu.

Cuenta que en su experiencia más o menos académica, un jefe de departamento (ahora despedido) le advirtió:

Como empresario y autor, te juzgan otros empresarios y autores; aquí, como académico, eres juzgado por otros académicos.

¿Mande? -alucina Taleb. Como empresario -explica- me juzga mi contable; y como autor, mis lectores. Pero ni siquiera mi contable y mis lectores ahora. Puedo engañar al contable tomando riesgos irresponsables, y a mis lectores con la publicidad o la moda. Es el tiempo el que deja las cosas en su sitio. Los riesgos me harían quebrar, eventualmente; y la moda es pasajera. Si algo es útil (no “verdad”, ni “bien común”, ni “salvación del mundo”), durará. Pero no sabes la utilidad real hasta que no lo hayas visto durar (*). La duración demuestra que no es frágil; aguanta los shocks y las sorpresas que el tiempo trae inevitablemente.

Y ahí tienes a los cantamañanas de la manifestación de Boston, juzgando sus logros en un anillo autorreferencial de “likes”, igual que los adolescentes en Facebook. Y con eso hacen la verdad, el bien común, y la salvación del mundo. Que aquí llamamos kindergarten.

Nota al margen, y dentro de la plaza. Esto de Taleb, que es muy cierto (inevitable), tiene todo que ver con las discusiones morales con Marod. El valor de experiencia y de utilidad demostrada de la tradición, que -salvo las tradiciones nacionalistas vascas- implica una gran duración. Antifrágil.

Añadido posterior. Muy relacionado; un magnífico ejemplo.