Hasta ahora casi nadie se había dado cuenta de que Oxford Dictionaries concede una especie de premio simbólico a la palabra del año. En 2016 fue a post-truth.

un adjetivo definido como: relativo a, o denotando circunstancias en que los hechos objetivos son menos influyentes en moldear la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal.

Explican [–>] que la expresión lleva una década danzando por ahí, pero que han visto un pico en 2016 en el contexto del Brexit y de la elección de Trump.

El asunto se las trae, porque no hay nada más viejo en el mundo que las emociones y las creencias personales influyendo más en la opinión pública que los “hechos objetivos”. Y no es sólo que sea muy viejo y conocido, aproximadamente desde las cavernas y pasando por todas las épocas, sino que es el modo normal de funcionar de toda sociedad humana conocida. Y de repente, en 2016, el modo natural de creación de opinión pública nos causa tanta sorpresa que le dedicamos expresiones nuevas como post-truth o fake news.

Rescatemos una regla que nunca falla. Cuando se dedica una palabra nueva para un fenómeno de siempre, hay un engaño colectivo en curso. En este caso el engaño es que se trate de algo nuevo. Es un “hecho objetivo” que el fenómeno de conformar la opinión con emociones y creencias no es nuevo, y que es lo normal. Pero sí hay algo nuevo, aunque se trate de otro problema muy distinto. Que la forma moderna en la que la élite cultural hace pasar emociones por “hechos objetivos” ha fracasado rotundamente.

Ninguna predicción es un “hecho objetivo”. Por definición de hecho; todavía no ha ocurrido. Y mucho menos las predicciones de los economistas, que tienen la sana costumbre de no hacerse realidad casi nunca. Pero esta élite cachonda que tenemos estaba convencida de que si te aseguraban con la pomposidad suficiente que Brexit era un desasastre económico seguro, eso se convierte en un “hecho objetivo”. Los dicen los “expertos” y tal. Y además era un “hecho objetivo” imaginario sumamente emocional. Lo moderno contra lo antiguo; lo cosmopolita contra el aldeanismo cenutrio;  el desarrollo frente al retroceso; el amor y la justicia social frente al egoísmo y el racismo. Es difícil meter más emociones en el mismo saco. Y con Trump tenemos exactamente las mismas emociones en un saco igual.

Por tanto, el problema de post-truth o de fake news no es la emoción. Tan emocional era una postura como la contraria, y tan bastardos eran unos “hechos objetivos” como los otros. El problema, y la novedad, ha sido la falta de control sobre la emoción de los que creían gobernar el mundo.

Pero no hay que preocuparse, porque ya se han puesto a arreglarlo.

apple-credible

En The Hill nos cuentan [–>]:

En una entrevista con el Daily Telegraph, Cook dijo que los gobiernos necesitan establecer una “visión moderna de un anuncio de servicio público” para luchar contra el fenómeno, y pidió campañas educativas en los colegios.

Cook dijo que es necesario que las compañias de tecnología se hagan cargo del combate de las “fake news”, urgiendo a sus compañeros líderes de la industria a desarrollar las herramientas para reducir la presencia de noticias no creíbles en internet.

Ahora párate un momento, sólo un momento, y piensa en lo que están diciendo. Trump y Brexit son un problema, y lo vamos a arreglar.

Fuentes:

Oxford Dictionaries:

The Hill: