Sabemos que al kindergarten no le gusta la sociedad humana, y por eso la quiere cambiar. Especialmente lo que ocurre dentro de los cerebros. Pero no el método, sino el resultado. Esto es; no quieren enseñar a pensar a los niños, sino enseñarles lo que opinar. El resultado. Y su principal método de hacerlo es la etiqueta moral. El que opina A, es un X, o Y. Siendo X e Y etiquetas morales absolutas. Nazi, progresista, etcétera. El razonamiento por el que se puede llegar al pensamiento A, o incluso su posible relación con la realidad, son completamente indiferentes para el kindergarten. Que en ese sentido es funcionalmente lo mismo que un fraile medieval.

Y ahora tenemos un problema. Según el kindergarten, es racista y de extrema derecha cualquiera que piense que la inmigración desde países mayoritariamente muslulmanes es problemática y debería reducirse. Como Trump, o literalmente cualquiera que piense lo mismo. Pero resulta que Chatham House (The Royal Institute of International Affairs), acaba de hacer un estudio de opinión en 10 naciones europeas sobre precisamente esa cuestión.

Pregunta: ¿Debería pararse toda futura inmigración desde países de mayoría musulmana?

Ojo, que no pregunta por frenarse, dificultarse, endurecerse, sino directamente: should be stopped?.

Respuesta:

muslim-migration-europe

Sumando los diez países:

De acuerdo en detener esa inmigración: 55%

Ni de acuerdo ni en desacuerdo: 25%

En desacuerdo: 20%

No sé hasta qué punto la encuesta refleja una realidad. Tiene pinta, porque en el estudio [–>]  citan otras de resultados consistentes con estas cifras. Y si se corresponde con algo real, debería ser una lección. Tanto para el kindergarten como para el no kindergarten -digamos- normal.

La izquierda de las etiquetitas morales debería comprender que la gente no cambia de opinión por sus cartelitos. Sí puede que se encabronen; a nadie le gusta que le insulten. Pero su opinión parece guiada por elementos ajenos al etiquetado. La no-izquierda debería aprender que no tragarse los tabúes que impone la izquierda. Porque lo contrario supone que una masa acojonante de gente queda libre para ser pastoreada, o sentirse representada, por abortos como Trump o Le Pen.

Y lo que no pueden hacer los partidos “de élite” es echarle la culpa a los abortos, porque son ellos los que les han dejado el campo libre. La victoria de Trump no es “culpa” de Trump, ni de los que le han votado a Trump. Es culpa de los que han dejado a Trump como única alternativa para un problema que, a juzgar por mediciones como esta, y a juzgar por algunos resultados electorales, está ahí.

Obviamente no se trata sólo de la cuestión de la no integración de los musulmanes y el cristo consiguiente. Trump no ganado sólo por eso; nadie lo cree. Hay unos cuantos problemas más. Pero en general suelen coincidir con lo que la izquierda imagina dirigir con etiquetas de colorines morales, y la derecha se traga como tabúes intocables. Y llega Trump.

Sí, un maldito populista. Un supuesto salvador de la plebe puteada por la élite. Exactamente como Cayo Julio César, y unas otras cuántas figuras muy notables de la historia. No vamos a pensar que la élite y la plebe están siempre igual de incardinadas, o de desconectadas. Y si hay diferencias, el estado de relación puede influir en la facilidad o anhelo del populista. Vaya; debería. ¿Y quién tiene la culpa de eso?

Menos lobos, kindergarten.

Fuente.

Chatham House: