El Kindergarten está deprimido. Pero no entiende bien por qué. No sabe lo que le pasa. Tengo una teoría que propongo.

Vamos a plantear unas premisas a ver si estamos de acuerdo.

– ¿Estamos de acuerdo en que la política trata de lo discutible — y para eso tenemos parlamentos y debate público antes de tomar las decisiones? Sería totalmente ridículo tener un parlamento y un debate público para discutir lo que no se puede discutir.

– ¿Estamos de acuerdo en que la moral trata de lo que no se puede discutir? No se puede discutir si comer carne humana es mejor o peor para la salud; la moral lo impide. Y no lo hacemos. Un católico creyente no puede discutir la conveniencia del aborto; la moral se lo impide. Y no lo hace. Un kindergarten no puede discutir si el “cambio climático” es mucho o poco, bueno o malo; la moral se lo impide. Y no lo hace. Un “negacionista” lo puede discutir perfectamente; la moral no le dice nada el respecto. Y lo hace con gran entusiasmo. ¿Se entiende la idea?

–  ¿Estamos de acuerdo en que el progrerío lleva unos 30 años haciendo moral de la política; consiguiendo que no se puedan discutir los asuntos que se deben discutir?

Yo creo que casi todo el mundo estará de acuerdo con lo anterior. El progre también, en su fuero interno. Pero si se acerca alguno con ganas de discutir le pongo un rosario de ejemplos como para enterrarlo, y hacer un monumento de la tumba.

Ahora sumemos dos y dos. 30 años imponiendo cuestiones que convierten en moral; o sea, en no discutibles. Cuestiones que, por tanto, han conseguido hacer desaparecer por entero del debate público (prensa, teles, etc). ¿No es más que razonable pensar que estaban convencidos de la victoria de lo moral, y por tanto de dominar el tablero de juego de lo que se puede y no se puede decir? Pues bien; ahora llega un payaso impresentable, y les gana las elecciones precisamente usando como estrategia principal mandar a tomar por rasca toda esa moralina. Pero sin rodeos ni sutilezas, sino directamente al corazón. ¡Soy un deplorable! Y todo lo que decís que es bueno, es bullshit.

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Como para no estar deprimido. De otros candidatos republicanos, saben que no aceptan la moralina. Pero nadie se había atrevido a combatirla de frente. A negar la mayor de raíz. Como mucho, una negación parcial de algunos aspectos. No sé; Cruz o Rubio con el “cambio climático”. Una extravagancia, y les insultaban convenientemente por ello. Pero no era el planteamiento de: tu moral es basura, ni siquiera es una moral de verdad, y no nos la vamos a tragar nunca. Imagina.

Pues eso es lo que creo que le pasa al Kindergarten, y es algo que no le había pasado nunca hasta ahora. Toda la estrategia se les ha venido abajo. 30 años invertidos en ingeniería social, al cubo de la basura.

Vamos a darles un poco de ánimo. A Trump le puede salir mal su plan económico — muy buena pinta no tiene. Sí, es verdad que en cuatro años, y con la gente liberada de vuestra correa, puede haber un buen retroceso en lo del “consenso” de la moralina barata. ¡Ojalá! Pero oye, no hay mal que por bien no venga (dicen), e igual hasta os sirve para aprender a no guarrear con la política -ni con la ciencia- convirtiéndolas en moral. El debate es sagrado. Y manda narices que la lección venga de un perfecto payaso; pero es que no teníais ninguna pinta de ser capaces de aprenderlo por procedimientos -digamos- normales.

Con mis mejores deseos al Kinder. Que sea breve. La solución empieza por saber lo que te pasa.

Añadido. El bueno de Haddock.

Añadido: Este tío lo describe perfectamente. Pero está describiendo precisamente una “guerra moral”, sin nombrarla. O sin darse cuenta.

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