Empecemos con un homenaje a Melania, que es -de largo- lo mejor de Trump. Lo único bueno.

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Y ahora, fuera del glamour del capitolio, la sustancia.

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Tenía morbo lo de la inauguración de la presidencia de Trump. Mi imagen mental era la de la foto de arriba: los deplorables conquistando Washington. Y el discurso de Trump ha respondido exactamente a eso, sin la menor decepción ni concesión. Luego hará lo que hará, pero el discurso ha planteado lo que había dicho en la campaña. A pie de la letra. Pero con la diferencia de estar muy bien estructurado. Y con un objetivo clarísimo: una revolución contra el Kindergarten.

Dos ejemplos, citado de pura memoria.

1) Contra el mamoneo de las identidades y la multiculturalidad (multi-moralidad en realidad).

Da lo mismo si eres negro, o marrón, o blanco; todos sangramos la misma sangre roja … patriota. Y hemos sido creados por el mismo creador.

Muy feo, excluye a todos los no patriotas y a los ateos. Me parce deprimente y odiable. ¡Como que yo soy no patriota y ateo! El problema es que el kindergarten se había salido de madre, y con la carcajeante excusa de la “integración” lo que había conseguido en realidad es excluir a los “deplorables”. Que, vaya por dios, resulta que tenían números para ganar unas elecciones. Era una integración completamente falsa, que excluía nada menos que a cultura y a la moral mayoritaria de la población.

¡Joé!; yo soy minoría. Exijo que me dejen respirar. Pero no se me pasa por la cabeza pretender que todos respiren como yo. Y ese ha sido el gran error del kindergarten. Primero, tratar de imponerse ahogando / acojonando la cultura mayoritaria. Y después, creer que lo había logrado. Pero Trump, con este discurso ha venido a decirles: estabais equivocados.

No es de sorprender que estén muy, muy deprimidos.

2) Globalización / gobernanza mundial.

America first. Plantea la consabida idea de contemplar todas las acciones y gastos, especialmente las internacionales, pensando en los puestos de trabajo de los americanos. Pero hace un esquema inteligente de política internacional.

Espero (doy por supuesto) que cada nación va a actuar defendiendo sus propios intereses. Pero está en los intereses de todos ir encontrando acuerdos mutuamente beneficiosos. No le vamos a decir a ninguna nación lo que tiene que hacer o cómo tiene que ser. Sí tengo la esperanza que el brillo de nuestro éxito, que lo tendremos, les indique un camino que pueden seguir.

O sea, se acabó la Pacha Mama, la ONU, la gobernanza mundial, y su puta madre en el trampolín de la muerte. Supongo que se entiende que se acabó también lo de andar exportando democracia, estrategia de resultados sobradamente conocidos.

Como en el caso anterior, teóricamente es un discurso contra mi. Yo soy “globalista”. De hecho creo que la globalización no la para ni Trump, ni nadie. ¡Porque es buena! Pero ser buena no implica que va funcionar “como sea”, ni que no tenga problemas. Los tiene. Los vemos. Y no creo que Trump tenga ni idea de cómo arreglarlos, ni sea capaz. Pero alguien tenía que llamar la atención. Por ejemplo, los deplorables tomando Washington.

Luego se aguará. Seguro. Y además, también seguro que es mentira. No va a expulsar a la casta (Trump es medio podemita) para darle el poder a We the people, ni de coña. Ha sido listo buscando un nicho electoral, y lo ha aprovechado. Pero sí puede ser una contra-revolución cultural. Puede, condicional. El Kindergarten tiembla. Y se lo ha merecido. Si Trump si no la caga mucho con las cosas del comer puede ser entretenido. Y después de todo, eso es para lo que se supone que sirven los payasos.

Lo que no hay duda es que se ha rodeado de gente de primera en lo suyo. El discurso tiene toda al pinta de Steve Brannon.

Añadido: No había pasado una hora del discurso y …

Kindergarten: