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Scott Adams, el autor de Dilbert, ha estado azuzando la discusión del Calentamiento Global Acojonante desde su blog [–>]. Donde azuzar tiene el significado DRAE: incitar a los perros para que embistan.

Niega conocer el asunto como para juzgarlo, alegando que no tiene los conocimientos necesarios. Pero al mismo tiempo asegura que sí sabe mucho sobre persuasión -que no tiene por qué estar relacionada con la realidad- y que le parece mas persuasiva la argumentación de los escépticos. Lo hace de una forma bastante cachonda.

Desde el punto de vista de la persuasión, y basado en lo que he visto, la gente que dice que los modelos no son fiables es mucho más convincente que la gente que cree que los modelos son fiables. Pero la persuasión no está siempre conectada con la verdad. La verdad del cambio climático no está enteramente disponible para mi, dada mi falta de conocimiento y formación en los campos relevantes. De momento me sitúo con el consenso de los científicos, lo que me pone en el lado débil del juego de la persuasión en este debate. Mi equipo realmente necesita ayuda.

No hace falta explicar el rebote que tienen todos los alarmistas del clima con un planteamiento de este tipo. La operación Dilbert ha sido de una sutileza mayúscula. Porque, sin plantearlo expresamente, ha situado la discusión en su punto justo. Que es justo el punto del que los alarmistas la quieren sacar. La credibilidad de los modelos. Y Adams ha conseguido que todo *el* problema sea exclusivamente esa. ¿Son creíbles los modelos?

Al entrar los alarmistas a ese trapo, han confesado indirectamente lo que siempre tratan de ocultar. Que no tienen ninguna evidencia empírica, y que toda su “ciencia” y alarma está basada en unos modelos de credibilidad más que discutible. Cierto, plantean que los modelos sí son creíbles. Pero al no tener nada más que presentar, han dejado desnuda la realidad; que todo depende de esos modelos. Y esa es una discusión muy muy delicada. Como dice Adams, con muy mala pinta para los alarmistas.

A modo de homenaje a Dilbert, ofrezco otro argumento sobre la falta de credibilidad de los modelos. Porque no lo he visto en la kerfuffle que ha montado Scott. Siempre vemos representado el resultado de los modelos en anomalías. O sea, en la variación de temperatura de cada modelo, con independencia de a qué temperatura esté circulando. Pero la diferencia de temperatura absoluta (no de variación de temperatura) entre los distintos modelos llega a tres grados.

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Tres grados es casi la diferencia que hay entre una tierra en estado de glaciación, y la nuestra. Y los procesos de los que depende el efecto de un forzamiento como el del CO2, el que el sistema climático amplifique más o menos ese efecto, dependen de la temperatura. Por ejemplo la evaporación, las nubes, y la lluvia. O el albedo (reflejo) de la nieve y el hielo.

O sea, cuando hablemos de modelos, y de su credibilidad, nunca olvidemos esto:

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Una nota al margen. En el enfado de los alarmistas, menosprecian a Adams señalando que es un dibujante de comics. Al parecer olvidan que el estudio / payasada del 97% de consenso en el que siempre se basan, estaba dirigido por … ¡un dibujante de comics!

Fuentes:

Judith Curry:

Scott Adms: