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No se puede pedir más. La inteligencia moral del bondadoso eremita simbólico apartado de los males de este mundo, y la inteligencia científica del no menos bondadoso y no menos apartado del mundo en su burbuja de Oxford. Y ambos, cabal representación de la crema de “la élite”, diciendo lo mismo. Llorando por el insulto a la inteligencia que representan Brexit y Trump.

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Lo de Hawking es más de atender, en principio. Porque si bien es fácil prescindir de las fantasías nacidas en las sotanas, no lo es tanto obviar los hechos que salen de los laboratorios. Supuestamente, la evidencia por excelencia. El único problema es que Hawking no saca nada de lo que propone de un laboratorio, ni de ninguna medición. Es pura teoría, y ni siquiera viene de su especialidad de físico teórico.

Peor: si asegura que que hay que creer a los chicos del cambo climático porque son los únicos que entienden ese problema, de eso se desprende que no hay que hacer caso a Hawking en su aviso sobre los peligros del planeta. No es planetólogo, ni por aproximación. Donde planetólogo va en el mismo sentido metafórico con el que él usa planeta. Hawking no es economista, ni antropólogo, ni sociólogo; ni siquiera geólogo, ecólogo o biólogo. En mi opinión eso no le impide ser capaz de razonar sobre el planeta, o sobre lo que afirman los especialistas. Pero en su opinión elitista, sí se lo impide. Debería callarse, según su propia visión del mundo. O la opinión experta (sin juzgar los aciertos de la especialidad) es un argumento para todos, o no es un argumento para nadie.

Lloremos:

Les avisé de que Brexit significaba dañar la investigación científica en Gran Bretaña, pero me hicieron tan poco caso como a cualquiera de los otros líderes políticos, sindicalistas, científicos, empresarios y celebridades (¡y celebridades!, en serio), que dieron todos el mismo ignorado consejo al país.

Hmm …, ya, pero es que esto también es “investigación científica”, la paga el votante de Brexit, y le resulta imposible comprender qué ventaja le va a sacar a ese gasto.

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Y este ejemplo está muy muy lejos de ser una excepción, o una anécdota.

Hawking sí plantea la posibilidad de que la élite se haya equivocado, no atendiendo algunos problemas provocados por la política que defiende esa élite. Al menos en teoría. Se refiere exclusivamente los que  en el mundo pos-Brexit se ha dado en llamar los olvidados de la globalización. Los deplorables de Hillary. Pero rechaza la reacción natural de despreciar al populacho. Y está muy bien; sin embargo la cuestión es, ¿qué propone? ¿En qué debe corregirse “la élite”?

No es fácil señalar lo que propone. En parte porque es humo, y en parte porque es más de lo mismo. Y definitivamente no son soluciones para los deplorables, sino lo contrario. Se fija en la desigualdad, que propone creciente (sin dar mediciones). Pero de una forma curiosa. Por una parte la desigualdad interna, la de los deplorables que votan Brexit y Trump, aconseja un mayor apoyo económico para los perjudicados por la globalización. Por otra parte, la desigualdad externa provoca movimientos migratorios. Y como eso acaba provocando Brexit y Trump, se trata de hacer que las naciones pobres sean ricas, y así no provoquen migraciones. ¿Y cómo las hacemos ricas? No lo dice explícitamente, pero la única solución que tiene en la cabeza es la misma que para la desigualdad interna: el reparto. Lo que no señala es dónde está la tarta que hay que repartir.  Y  estos son los listos de la élite.

Palabras bonitas no les faltan:

Para mi, lo que realmente me preocupa es que ahora, más que en ningún otro momento de nuestra historia, nuestra especie necesita trabajar junta. No enfrentamos a retos medioambientales formidables: el cambio climático, la aniquilación de otras especies, la producción de alimentos, las epidemias, la acidificación de los océanos.

Yo no he visto algo más acojonante en mi vida. Lo que realmente preocupa a Hawking es, por una parte hipotético e imaginario; no son problemas que se puedan medir ni mostrar en ninguna parte del mundo, y si los midiera lo que vería serían mejoras. Y por otra parte no son ninguno de los problemas que motivan el voto a Brexit y Trump. Muy al contrario, este discurso de la cima de la élite sólo puede provocar más voto Brexit y Trump. Y dice que ha comprendido el mensaje.

Lo podemos hacer, yo soy un gran optimista de nuestra especie. Pero eso requiere que las élites, desde Londres a Harvard, de Cambridge a Hollywood, aprendan las lecciones de este último año. Aprenden, sobre todo, una medida de humildad.

No sé, a mi la primera medida de humildad que se me ocurre es dejar de hablarles a los deplorables de los problemas de nuestra especie. No lo entienden. No les importa. No se lo creen. Se la suda. No es su problema. ¡Por eso son deplorables, coño! Porque tienen los pies en la tierra. Nuestra especie no es el problema de ningún humano, porque los humanos no operan en términos de especie. Las élites, tal vez; pero ningún humano sensato les va a creer que operan por la especie. Conocen el percal.

Con estos bueyes aramos. Problemas idiotas de ricos sin problemas.

Añadido (muy poco después). Se me había pasado el subtítulo del artículo del Guardian.

No podemos ignorar la desigualdad, porque tenemos los medios para destruir el planeta, pero no para escapar de él.

¿Y esto de qué Kindergarten sale? ¿Del Kindergarten Guardian, o del Kidergarten Hawking? ¿Por qué va a destruir el planeta la desigualdad?

Fuentes.

The Guardian:

Springer: