Piojo Blanco: – No ha sido racista. Déjame explicarte …

Chimamanda: – Si eres un hombre blanco tú no puedes definir lo que es racismo. Realmente no.

Piojo Blanco: – Ah, ya lo veo, … (le tapan la voz)

Chimamanda: – No, tú no puedes sentarte aquí y decir que no ha sido racista, cuando objetivamente ha sido racismo. No se trata de tu opinión, el racismo es una realidad objetiva.

Piojo Blanco: – El concepto de falsa conciencia, que es lo que estás usando, es un concepto marxista … y yo no puedo aquí ni abrir la boca porque soy un hombre y blanco

Chimamanda: – Donald Trump nos ha mostrado y ha dicho estas cosas que son objetivamente racistas. Así que no se trata de mis emociones.

Piojo Blanco: – ¡No no lo eran! ¿Qué es lo que dijo?

Chimamanda: – Si dice, por ejemplo, que un juez, un juez de los Estados Unidos, es incapaz de juzgarle imparcialmente por ser mejicano, eso es racismo.

Y a partir de aquí hablan tres a la vez y no se entiende nada.

Mi tesis, muy especulativa, es que el Kindergarten tiene toda la razón. Trump es un gran peligro. Y además el Kindergarten está en muy mala posición para combatirlo porque ha gastado toda su munición en los no-peligros. Si cualquier candidato republicano es un furibundo fascista émulo de Hitler, con total independencia de lo honorable y civilizado que sea, cuando llega la cabra loca de verdad ya no te quedan adjetivos nuevos que usar. ¿Fascista, racista, machista, blablabla? ¿Qué me dices; como todos? Y a ver cómo explica el Kindergarten que los mismos apelativos describen realidades muy diferentes; que esta vez es distinto.

Y sin embargo es distinto. E inevitablemente existe la muy preocupante posibilidad de que haya ganado por serlo. ¿Qué pasa si se pone de moda? ¿Qué nos pasa si la radical negación y ridiculización de la esencia del Kindergarten empieza a triunfar? ¡Glups! Problema. Grande.

Mejicano no es una raza, como su misma cara indica. ¿Quién podría decir la raza de Gonzalo Curiel antes de saber su nombre?

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Le he preguntado a la primera persona que pasaba por delante del ordenador, que casualmente es alguien muy viajado y que conoce muy bien Méjico, de dónde o qué es la persona de esa foto. Pero en plan rápido; la primera impresión.

– Jó, ni idea. ¿Un ingeniero centro-europeo?

Seguro que cada persona que pase dice algo diferente. Pero también seguro que no va a haber un proporción mayor de apuestas por mejicano que por cualquier otra cosa (si excluimos negro o chino).

Así que “mejicano” en este contexto quiere decir una cultura. Ni siquiera una lengua, porque Trump no dijo hispano ni nada similar. Y el “racismo objetivo” de Chimamanda debe ser una especie de “culturalismo”  (¿racismo cultural?). El problema es que razas y culturas son realidades objetivas. No menos objetivas que el racismo, y definitivamente mucho más claras. Porque hay que ser Kindergarten terminal para no entender que si Trump se ha pasado media campaña ofendiendo a los mejicanos, un hijo de inmigrantes de Jalisco no es la mejor opción para presumir imparcialidad. Puede que sea muy feo mencionarlo, pero no es diferente que estar incómodo ante un juez que sea, por ejemplo, hijo y nieto de estibadores del puerto, si te has caracterizado por atacar a los estibadores del puerto.

Ese es al gran problema que supone Trump. La moralina Kindergarten es particularmente infantil y extravagante (estoy intentando evitar decir imbécil). Sólo funciona si, impuesta mediante gran violencia social, nadie pronuncia aquello que no se debe mencionar. El tabú. Pero Trump dice mejicano, y la jodimos tía maría. Según Kindergarten tiene que ser racismo. Y objetivo, hay que fastidiarse. Pero la gente aun no descerebrada del todo se da cuenta de la bobada. Y se ponen a votarle a Trump, hartos ya de tanta memez.

Mi tesis tentativa es que tienen razón. Serán Kindergarten, pero no son tontos. Trump es un gran problema. A ver qué hacemos como haya un “efecto Trump”,  si ya hemos gastado los adjetivos en salvas.

Por cierto. Compruebo, recuerdo ahora, que mi tesis tentativa no es nada original. Las citas, a quien corresponde. El viejo Clint.

Pero [Trump] ha visto algo, porque todo el mundo se está cansando secretamente de la correccion política, los lameculos. Estamos en una generación de lameculos. Esta es la generación de las nenazas (pussy generation). Todo el mundo se la coge con papel de fumar. Vemos a gente acusando a otros de racismo y todo tipo de cosas. Cuando yo crecí no se llamaba racismo a esas cosas. [–>]

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