Parecía una cosa menor lo de los emails de Hillary Clinton. Como una inocente confusión respecto a qué cuenta de email usar; si la privada o la del Departamento de Estado. Y que enviara emails con el sello de secreto por la cuenta privada, provocando un hipotético riesgo de seguridad. Una inocente ignorancia.

Pero la diferencia entre cuenta privada y cuenta oficial es que el la segunda no puede hacer desaparecer nada. Y se sabe que ha eliminado 30.000 emails de su servidor particular. Alega que eran personales. Familiares y tal. Puede ser o no ser. Pero el problema legal es que si hubiera eliminado uno sólo que fuera de su trabajo como Secretaria de Estado, la ley dice que queda descalificada para cualquier trabajo público. Concretamente, el Code of Laws of the United States of America, Título 18, sección 2017.

Whoever, having the custody of any such record, proceeding, map, book, document, paper, or other thing, willfully and unlawfully conceals, removes, mutilates, obliterates, falsifies, or destroys the same, shall be … and be disqualified from holding any office under the United States.

Mientras no pudieran saber si entre los 30.000 borrados había alguno oficial, se puede presumir su inocencia. Pero si en el ordenador del ex marido de una de sus principales ayudantes, que están investigando ahora, aparece alguno que haya borrado de su servidor personal, el problema está asegurado.

También está el pequeño detalle de que-al parecer- organizó su servidor personal poco antes de ser nombrada Secretaria de Estado. Que puede ser coincidencia. O no.

Parecía una bobada, pero está empezando a oler mal. Y es casi seguro que no les va a dar tiempo de acabar la investigación antes de las elecciones. Dicen que tienen que examinar 600.000 emails (o documentos, no estoy seguro) del ordenador ese que están mirando ahora. O sea que puede ser gracioso si sale elegida, como parece la apuesta más probable.

Fina elección entre un impresentable y la tramposa del siglo.

Fuentes: