No son sólo los alarmistas los que se abandonan con facilidad en manos de fantasías. Los críticos del IPCC también tienen las suyas propias. Aunque hay que hacer la salvedad de que las imaginativas fantasías de los “escépticos” vienen invariablemente de fuera de la especialidad. No suelen ser defendidas por climatólogos. Normalmente, por ninguno.

Aunque la más popular entre la tropa es el sol, variaciones en el sol como explicación de las variaciones en el clima, el segundo lugar probablemente lo ocupan los rayos cósmicos. La idea sería que la radiación cósmica [–>] influye mucho en la formación de las nubes, porque crea las micropartículas que sirven de “semillas” para la formación de  gotitas. La nubes son claves en el clima, claro. Y como los rayos cósmicos son muy variables, podrían ser una fuente de variación del clima. Por ejemplo de Calentamiento Global Acojonante.

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La teoría es bonita. Y el fenómeno físico está observado en el laboratorio. Ocurre. La cuestión -como siempre- es cuánto. Del laboratorio a la tierra hay un gran salto. Puede ser un fenómeno real pero irrelevante. Y siempre va a haber algún entusiasta capaz de crear una gimnasia estadística suficiente como para convencerse de que es una causa fundamental. Así sea con el mismísimo baile de San Vito.

En este sentido es una situación muy comparable a la carbonofobia. El cuento del CO2 como llave reguladora del clima. Un efecto, sin duda real pero imposible de medir en condiciones naturales, al que le aplican todos los trucos posibles para engañarse a si mismos. La diferencia está en el número de los que se pueden beneficiar de cada una de las fantasías. Y sin meterse en profundidades, cualquiera entiende la diferencia entre vender notición y alarma (y gran necesidad de saber más), o vender no pasa nada, es natural. No hay color.

La noticia es que el último experimento del CERN, que lleva unos años estudiando el asunto, ha dado unos resultados francamente decepcionantes. Dos experimentos anteriores habían dado ciertas alas a la teoría. No de confirmación, pero sí de posibilidad. Y ahora …

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Las simulaciones y una comparación con las observaciones atmosféricas muestran que casi todas las nucleaciones en la atmósfera de hoy involucran amoniaco o compuestos orgánicos biogénicos, además de ácido sulfúrico. Una fracción significativa de nucleación implica a iones, pero su relativamente débil dependencia en la concentración de iones indica que para los procesos estudiados, las variaciones en la intensidad de rayos cósmicos no afectan significativamente al clima, vía nucleación, en la atmósfera actual.

Bastante contundente. Un palo para Svensmark y Shaviv. Y para muchos “escépticos” del cuento del clima. Pero no para los climatólogos críticos de IPCC, que nunca le habían dado cancha a lo de los rayos cósmicos.

Tampoco es como para que los alarmistas adoren a los chicos del CERN. Recientes estudios CERN fueron muy negativos para su tesis. Sólo que con lo que no les gusta, hacen como que no existe.

Resumiendo. Es muy humano negarse a abandonar una explicación (una causa, un culpable) si no te presentan otro a cambio para sustituirlo. Pero eso no es ni muy científico, ni muy inteligente. Ser consciente de lo que no se sabe es el primer paso para hacer posible el conocimiento. Aunque también es verdad no es una buena estrategia para una industria dedicada a vender alarma.

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