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Si “la ciencia” siguiera siendo lo que antes se entendía por ciencia, esta editorial bastaría para hacer desaparecer a Nature en el cubo de la basura de la historia. Por si no bastara el título, acaba así:

Aunque ambos partidos se han hecho más extremos en las dos últimas décadas,    los conservadores le han dado la espalda a la ciencia convencional (mainstream science) en un grado sin precedentes. Si hay alguna parte positiva es que ahora todo el mundo reconoce que el Partido Republicano tiene un problema. Una nueva generación de líderes conservadores va a necesitar marcar un rumbo nuevo. Mientras tanto, Clinton tiene que coger las riendas.

El problema no es que se trate de una canallada, sino que son tres imbecilidades concentradas muy en pocas palabras.

Una es una imbecilidad política. Que no tendría mayor importancia … si Nature no se dedicara a la política. Es cierto que “todo el mundo” (p.e. muchos líderes republicanos) expresa que el partido tiene un problema. Pero ninguno de ellos dice que ese problema tenga nada que ver con la ciencia, ni con lo que Nature considere mainstream science. Se trata, simplemente, de tener un perfecto impresentable como candidato a la presidencia. Evidentemente es un problema, pero no el que pretende Nature.

La segunda es una imbecilidad lógica. Nature señala como una de las virtudes de Clinton, en un asunto “directamente relacionado con los los intereses de los lectores”, su postura y dedicación a la política sanitaria. Pero eso no es un asunto científico, ni algo sobre lo que la mainstrean science tenga nada que decir. Y por mucho que afirme que hay un problema entre los republicanos  y “la ciencia”, lo único que son capaces de citar es el Calentamiento Global Acojonante. O sea que el supuesto problema con “la ciencia” en realidad es un problema con el Cambio Climático Acojonante.

Tampoco es un problema de los conservadores. Los científicos de la alarma protestan porque el asunto del clima no ha tenido ninguna incidencia en la campaña. Por parte de ninguno de los dos candidatos. De lo que se puede entender que ambos han decidido que al público no le motiva gran cosa.

La tercera es una imbecilidad científica. Si la mitad del país (mayoría en el Congreso) le ha dado la espalda a la ciencia, la inversa también sería cierta. Pero las dos son falsas, mientras la ciencia y a política sean dos caminos y dos problemas distintos. Y cuando no han sido distintos, la historia nos enseña que la equivocada era la ciencia. La eugenesia y el racismo, Lysenko, las chorradas del “comer bien”, y las mujeres son iguales que los hombres, son la política no dándole la espalda a la ciencia. Según la tesis de Nature; en realidad es la ciencia al servicio de la política. Que es, exactamente, el caso del cuento del clima.

Lectura recomendada en el blog de Judith Curry. Es muy larga, pero explica muy bien el proceso de la ciencia al servicio de la política.

Lo que Nature hace como que no comprende, es que aunque el público no sabe gran cosa sobre ciencia, sí sabe muchísimo sobre política. Especialmente sobre politización. Como la politización obvia de Nature, sin ir más lejos. Y entonces no le está dando la espalda a la ciencia, sino a la politización de la ciencia. Con toda razón, porque la principal revista científica del mundo se ha apuntado de pleno, y sin rubor, a la ciencia cafre.

Fuente, WUWT: