Félix Ovejero le hinca el diente a la idea de nación de los separatas, en un trabajo recién publicado en Academia.edu (clic)

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Describe bien el aberrante salto mortal que dan. La suma de una “identidad” (étnica, cultural, la que fuere) más una voluntad. La identidad por sí misma no define o crea una nación. Los negros o los calvos no son una nación. Ni siquiera los angloparlantes, o los que comen caracoles o tocan las castañuelas. Les falta la voluntad. Pero la voluntad tampoco es suficiente para crear una nación, o tener “derecho” a crearla. Los nacionatas no aceptan el principio de “naciones a la carta”, por mucho que imaginen sostener un principio democrático.

Podría tener sentido si propusieran que siempre que haya identidad + voluntad existe nación, o derecho a nación. Pero obviamente no es el caso. Ni aceptarían una nación gitana dentro de la que quieren inventar, ni una nación femenina, nación de gordos, etcétera. Algunas identidades sirven para hacer nación, sumadas a una voluntad, pero otras no. Y nunca dicen qué identidades, en general; lo tienen que incrustar en la definición de esa nación. Por ejemplo, la identidad catalana sirve para hacer nación, pero la identidad española no. ¿Por qué? ¡Porque lo digo yo! O lo dice mi definición de nación catalana y mi definición de no-nación española.

Aquí suelen dar un salto hacia la historia, imaginando una supuesta nación histórica. Pero también consiste en elegir una parte de la historia — y a menudo inventarla. El mismo problema: Nunca aceptarían Imperio Romano, Nación Visigoda, o Nación Carolingia. Ni España. No menos históricos, todos ellos, que sus imaginaciones. En realidad mucho más históricos. (Esta parte de la historia no la trata Félix Ovejero).

Y además, al nación de los separatas ni siquiera existe, según ellos mismos. Puesto que están en un proceso de construcción nacional. Que es el proceso de creación de una voluntad, y a menudo de creación de una identidad. Por ejemplo, la ingeniería de hacer como que hablamos vascuence, que en realidad no hablamos ni de broma [–>]. Pero siempre que sean unas voluntades y unas identidades determinadas, y no otras completamente equivalentes. Si alguien ha visto un razonamiento más circular en toda la historia de la humanidad que avise, porque yo no lo conozco.

Tiene una parte final, que se titula Nacionólogos, apasionante.

Lo que cuesta entender es que los estudiosos del nacionalismo sigan a los nacionalistas en ese marasmo intelectual. Es lo que sucede cuando investigadores adoptan el punto de vista –el uso de nación– del propio grupo o, más exactamente, de quienes se denominan a sí mismos nacionalistas: hay un conjunto de individuos (los nacionalistas) que dicen/quieren que otro conjunto de individuos (más numeroso) es/ sea una nación; por tanto, este otro conjunto constituye una nación. Los antropólogos estudian la danza de la lluvia, pero cuando quieren regar sus jardines no se ponen a bailar.

Nuestros nacionalismos periféricos son una de las mayores payasadas intelectuales jamás inventadas. Pero en realidad es mucho más payasada seguirles el juego, o el discurso.

Os dejo con Ovejero: