No pensaba votar. Es mi postura natural. Pero a veces me la salto. Por ejemplo, el poco tiempo que consigue engañarme Rosa Díez. (Lo consigue durante poco tiempo, pero lo consigue bien). O por ejemplo cuando lo de -¡que viene Potemos!- suena verosímil. Pero en ese caso le voto al que no esté gritando -¡que viene Potemos!-. Por si acaso es un engaño. Y en estas elecciones en el País Vasco no había aliciente como para votar. Ni por delante, ni por detrás. Hasta que llega el PP, que desde Rajoy no destaca por su inteligencia o por su sutileza.

Por cierto, ya comprendo que el PP vasco debe estar entre corrido y con temor reverencial hacia la insoportable pelmada de la lengua marginal vernácula. Pero de ahí a que haya que darles lecciones de español va un trecho. Y se han pasado varios pueblos. Les aviso oficialmente:

rae-esukadi

Total, que ahora sí hay aliciente. Enseñar a los tontitos. Deberían agradecerlo.

Por cierto, aconsejo al genio de Alonso que se dé un paseo por el desierto. Y que luego nos cuente qué haría si ve un paraguas tirado en la duna. Pero no lo vería, claro; el precio de un paraguas en el desierto puede ser mas que su peso en oro, en algunas circunstancias.