No nos damos cuenta. Hemos hecho de la opinión algo sagrado; especialmente la opinión religiosa y / o política.  Y se entiende; en el mundo de la telebasura, donde cuanto más idiota y cafre sea una opinión, más éxito tiene, hay que ponerles un altar a las opiniones. Esa es la estrategia mejor para poder largar chorradas sin parar … y sin enrojecer. Pero los altares son muy peligrosos, porque tienden a no aceptar límites. Por ejemplo, convertir la libertad de opinión en libertad de escrache.

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Y no es lo mismo, ni de lejos. Libertad de opinión se refiere a poder comunicar algo a quien quiera escucharlo. No se refiere a poder obligar a alguien a escucharme según le canto las cuarenta. No puede ser una libertad para ser un cafre.

Las “opiniones” morales son un tanto especiales. No son “opiniones”, son preceptos. Y el burkini es un ejemplo muy bueno. Pero nos cuesta verlo.

Los cegatos lo ponen así:

No podemos adoptar decisiones cuando no tenemos la seguridad del significado y la intención de algo y alguien. Tú das por sentado que la señora de la foto (la burkinesa)

  • está llamando guarras impías a las otras que no llevan burkini
  • está proclamando la inferioridad y desigualdad de la mujer.

Y no te queda ni el menor atisbo de duda. Y lo que yo te estoy diciendo es que eso es una interpretación de lo que quiere decir. Qué si hay una duda razonable de que el significado y la intención de esa mujer sea otra, estaremos cometiendo un grave error.

Pero no es así. La burkinesa puede creer lo que sea respecto de lo que dice. Incluso que no está diciendo nada. La intención es irrelevante en la comunicación; un mensaje es un mensaje.

1) Lo hace por religión. (Es en lo que se basa el argumento pro burkini)

2) Si lo hace por religión, es porque esa religión tiene una norma moral que dice que tiene que hacerlo, y por ser mujer. Y ella cree la norma, puesto que lo hace por religión, y no por capricho. La religión tiene una norma moral, no es un catálogo de conductas para elegir a la carta según apetencia.

3) Luego hay una norma moral que dice que la mujer no puede ir en bikini en la playa sin incumplir esa norma, y por tanto sin ser una inmoral. Eso significa inmoral; que no cumple la norma moral.

4) Luego la burkinesa, si lo hace por religión, e independientemente de lo que “quiera” o “crea” decir, está llamando inmorales a las demás. Está diciendo que cree que las bikinesas son inmorales. Es un comunicando de hecho, objetivo, crea lo que crea decir.

5) Esto, desde el punto de vista de las bikinesas, supone que una maldita inmoral le está llamando inmoral a ella.

Y ahora podemos hacer todas las virguerías tipo Alicia que se nos ocurran. Podemos pensar que deberíamos tener la templanza de soportar que el anti-taurino venga a llamarte asesino a la cara, sin inmutarnos. (No soy taurino, pero es para entendernos). Pero mientras seamos humanos, y no unicornios, y mientras la moral sea un código (juicio) de conductas, y no un supermercado donde elegir caprichos a la carta, nadie puede esperar esa templanza. Y mucho menos exigirla o darla por supuesta. La moral es violenta y violentógena por su propia naturaleza. Aspira a imponerse a todos, porque sólo así tiene sentido. Si no, no es una moral, sino un capricho.

Capricho es lo que me apetece hacer a mi, ahora. Moral es lo que yo creo que todos deben hacer, siempre, para no ser inmorales. Y si el burkini es por religión, es una moral.

Y así tal vez se puede entender que moral no es una opinión sin más, sino una muy especial. Puedes reunir sin ningún problema en un restaurante a gente que le gusta el pescado con gente que le gusta la carne. Cada uno come lo suyo, sin más. Pero es directamente imposible si unos comen carne humana y otros consideran profundamente inmoral la antropofagia. Esa es la diferencia entre la moral y lo demás. Y por eso la moral no es un conjunto de “opiniones” especialmente respetable, sino un conjunto de preceptos especialmente delicados … y explosivos. Cuando se mezclan.

Pero resulta que unos campeones han decidido etiquetar una moral de “religión” (el burkini) y otra moral de no  religión (el bikini). Y como la etiqueta religión figura como derecho fundamental en la consti, …

– Vengan a cenar con nosotros, si quieren. Es de etiqueta.

– Ah, es que yo tengo un código de vestir distinto.

– Hmmm … Pues habrá que hacer cenas distintas.

– No, porque a mi código le llamo religión y pesa más que el suyo.

– ¡No sea usted gilipollas!

Añadido posterior. Quede un detalle. La mirada desde el punto de vista de un tercer grupo con su propia moralidad. Los nudistas. Perfectamente podrían decir:

– Si ustedes ahora no van a separar a los usuarios en las playas por códigos de vestimenta en el caso del burkini, los nudistas no tenemos por qué aceptar que lo hagan con nosotros. Y rechazamos la segregación que hasta ahora aceptábamos.

Tendría todo el sentido.  ¿Quién es el guapo que les iba a decir que no, y que su código pesa menos que el código islámico … porque no lo ha firmado Dios? ¿Estamos locos?

– Mira esta máquina guay.

– Esas dos máquinas, dirás. Parecen iguales.

– No, pero eso es apariencia. La guay es esta.

– ¿Y qué hace?

– Le metes varilla de acero por un lado, y por el otro te saca tornillos azules.

– ¡Guay!

– ¿No te digo?

– ¿Y la otra, qué hace?

– Lo mismo. Le metes varilla de acero por un lado, y por el otro te saca tornillos azules.

– ¿Y por qué sólo una es guay?

– Joé, pues porque la ha diseñado Dios, y la otra un ingeniero.

– Pero el diseño de Dios hará alguna diferencia digna de mención, ¿no?

– ¡Coño, pues que la ha firmado Dios! ¿Te parece poco?

¡Hay que joderse!

islam-liberatdor

Nota. Creo que puedo prometer que este será el último de la serie burkini: