Pues yo, ya siento, pero vuelvo a decir lo que digo siempre :

Lo que importa no es el burkini, ni el burka …

Si el burkini fuera lo que nos hiciera darnos cuenta que religión no es siempre una mera espiritualidad ñoña e irrelevante, y que algunos fenómenos que llamamos religión -como el salafismo de los burkinis- son sistemas políticos totalitarios al completo, entonces el burkini sería cualquier cosa menos “no importa”. Se convertiría, exactamente, en “lo que importa”.

Mira qué fácil:

– El burkini es una salvajada (no tiene nada que ver con un turbante).

– El burkini es religión.

– Joder, pues entonces religión es salvajada, a veces.

– Esto … ¿y por qué metemos salvajada entre los derechos fundamentales?

La cuestión es la siguiente. Es una sutileza dentro de una idiotez. Pero es que las leyes idiotas producen idioteces. Nos hemos convencido de que las grandes salvajadas islámicas no son religión.

isis

Alicia es así. Puede considerar inmoral los Estados Unidos por tener pena de muerte en muchos estados, a pesar de ser un proceso que no se puede ni remotamente comparar, por su nivel de garantías, con las decapitaciones del ISIS. Y Alicia puede no considerar inmoral el islam, porque las decapitaciones no son religión. Y por tanto no son islam. Aunque se hagan en nombre del islam, para imponer el islam, y por medio del islam.

No le vayas a preguntar a Alicia qué es funcionalmente religión, o sea una definición y precisión operativa del término. Alicia funciona con etiquetas, no con significados. Tiene un listado de etiquetas que es previo a pensar,  o a observar. Y como islam viene con la etiqueta religión, entonces el islam y el confucionismo, o Teresa Cepeda (o de Ávila) son la misma cosa. ¡Porque tienen la misma etiqueta!

Y da igual lo evidente que pueda ser que se trata de fenómenos sin comparación posible. No funcionan igual (leyes dinámicas muy diferentes), no producen lo mismo … ¡pero tienen la misma etiqueta! Y resulta que nuestras constituciones han elevado a esa etiqueta a Derecho Fundamental. Alicia es tan inteligente que no se da cuenta que está usando un imperativo pensado para defender una espiritualidad más o menos ñoña, y más o menos inocua, para defender un sistema político totalitario y terrorífico. O sea, para defender justamente aquello que la democracia liberal se supone que tiene que evitar.

Y ahora llega el burkini.

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Sin duda es una salvajada infinitamente menor que las decapitaciones. Después de todo la momia podría no estar en la playa, mientras que el decapitado no puede no estar en su ejecución. Además, Alicia dirá que se trata de un capricho voluntario, y Luis del Pino dirá que es lo mismo que el ropaje de los surfistas. Pueden decir misa, porque todo el mundo ve que los surfistas no se tumban a sol con sus ropajes, ni siquiera los usan para darse un baño relativamente corto, como la burkinesa. Tienen una función muy distinta el traje del surfista y la momificación de la burkinesa. Y si fuera un capricho voluntario, porque de alguna forma da gusto, muchas veces se vería darse ese gusto a los mahometanos hombres, y a las mujeres y hombres no islámicos. Pero en vez de observarse muchas veces, se observa cero veces. Con lo que hasta la más subnormal de las Alicias entiende (sabe) que ni es un capricho, ni es como el surf. Es otra cosa. Y de hecho es Alicia misma la que nos dice qué otra cosa es: ¡religión!

¡Bingo! Alicia acaba de comprender que religión no siempre es una espiritualidad más o menos ñoña e inocente. Que a veces es una salvajada. ¡Porque el burkini es religión! Y eso sitúa a Alicia en un lugar en el que nunca había estado. Siempre lo evita con gran cuidado, pero el burkini le ha fastidiado el plan. Si la religión puede ser salvajada, es de imbéciles elevar a derecho fundamental lo que puede ser salvajada. Religión, simplemente es un término demasiado impreciso que engloba funciones contrarias entre sí, y a menudo directamente contrarias a la Constitución (y a nuestra moral). También opera a menudo como una secta, y nadie se toma enserio la “libertad” dentro de una secta, diga lo que diga la ley de Alicia.

El caso es que ahora, y gracias al burkini, Alicia tiene un problema y una comprensión que no tenía. Puede dejar que lo monopolice Le Pen. Sería una locura. El alcalde que ha prohibido el burkini en un pueblo de Córcega es socialista.

El burkini le hace entender a Alicia lo que ni siquiera las decapitaciones le habían permitido comprender. Y ahora dime que el burkini no importa. Lo único que hace falta es que el entendimiento nos lleve a una decisión. Por ejemplo, definir la parte de religión que no puede ser un derecho fundamental.