Regular la ropa, un código de vestir, es probablemente el acto más común y universal de la civilización. Si por civilización entendemos lo que viene después de la revolución neolítica. Nos “disfrazamos” de trabajo, de vacaciones, de fiesta, de verano, de casa, de político, de intelectual, de deporte, de cena, de gala  …  y de playa. Es un cristo de cojones, pero nos va la marcha. Somos así.

El asunto del burkini no debería suponer ningún problema. Y no necesita ninguna horrible “prohibición”. No es una prohibición del traje de baño el que no se pueda ir en traje de baño al consejo de administración de un banco. No es una prohibición de la corbata el no poder entrar con traje de corbata en una sauna. Un código de vestir no prohíbe ninguna vestimenta; sólo regula el tráfico. Y si alguien quiere salir a cenar hecho un guarro, para eso están las pollerías y siderías. El que quiera, se puede manchar de grasa hasta las orejas … en el sitio adecuado. El orden no impide la libertad. Y si unos prefieren ir desnudos del todo en la playa, pero a los más eso les parece molesto e inmoral, a nadie (quitando a Franco y tal) se le ocurre ni prohibir el desnudo, ni incomodar a todos mezclando el desnudo con el no desnudo. Se establecen playas o zonas para los dos códigos, y todos contentos.

Tampoco es nada nuevo. En Al Andalus, en los baños había días para los moros, días para los cristianos, y días para los judíos. Y Al Andalus, os recuerdo, es el colmo de la convivencia y la civilización para los adoradores del burkini; esos haters del cuerpo de las mujeres.

Pero resulta que es imposible aplicar esta solución tan sencilla, y tan conocida, en el caso del más idiota de los problemas. ¿Por qué? De la infinita discusión suscitada este verano, de Marod,  y del Consejo de Estado de Francia, se deduce que es por una norma increíblemente estúpida que tenemos en nuestras constituciones:

CE, artículo 16:

Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.

Unos genios, porque la manifestación religiosa es una garantía de problemas de orden público a poco que las fuerzas estén equilibradas. Por un motivo bien fácil de entender.

DRAE, religión:

Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

Distintas religiones implica distintas normas morales. Por definición de religión. Para la burkinesa es inmoral que la mujer pueda disfrutar del aire libre y del sol, y del baño, en las mismas condiciones que el hombre. Pero esa proclamación de la moral de la burkinesa es perfectamente inmoral para la occidental. Que cree profundamente, esencialmente, en la igualdad de oportunidades para la mujer. De hecho es una de sus mayores señas de identidad — como lo contrario es una de las mayores señas de identidad para la burkinesa. ¿Alguien tiene dificultades para entender que la manifestación simultánea de moralidades contrarias, en el mismo sitio, es una garantía de desastre de orden público? ¿Algún alcalde con sentido común permite dos manifestaciones, de taurinos y anti-taurinos, en la misma plaza? Ni al más subnormal e irresponsable de los alcaldes. La respuesta es obvia:

Libertad Digital [–>]:

“Si la tensión se mantiene alta, no lo derogaré porque el Consejo (de Estado) no me lo solicita personalmente”, dijo a la cadena “BFM TV” Pierre Vivoni, alcalde socialista de la localidad corsa de Sisco, que prohibió el burkini tras una pelea entre jóvenes corsos y familias de origen magrebí.

Queridos legisladores. Nassim Taleb os define como I.Y.I. (intellectuals yet idiots). Os conviene leerlo:

We Don’t Know What We Are Talking About When We talk about Religion

No, no tenéis ni puta idea de lo que habláis cuando habláis de religión. Porque como una religión implica una moralidad, entonces la manifestación pública de una religión implica la exhibición de una inmoralidad para los de religión distinta. O incompatible; no todas son igual de incompatibles. Pero el islam parece especialmente incompatible. Y los humanos no suelen ser indiferentes a que les exhiban una inmoralidad delante de las narices. Si no tienen fuerza en ese momento puede que se vayan. Si la tienen, es casi garantizado que van a agredir de alguna forma. Esa es la dinámica de la moral, que es justo lo contrario de una “opinión” más o menos aleatoria, o dependiente de un parecer pasajero.

La moral es, por una parte, un monstruo necesario (todas las sociedades tienen),; y por otra parte es un monstruo peligroso (no las puedes andar mezclando alegremente). Y la religión, como en buena medida es una moral, tiene el mismo problema. Hemos legislado con el culo. Los idiotas de Taleb.

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