Se ha convertido en el tema del verano. Como a Luis del Pino le va la marcha de discutir, no se enfadará porque lo use de ejemplo. Además, al menos es una pegunta lógica. Y no sólo es lógica, sino que debería ser la primera pegunta. Siempre.

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Aunque se puede hacer en un plan menos sobrado que ese: “venga, suerte”. Porque si hablamos de la prohibición de fantasmas en la playa es porque ya hay esa prohibición en algunas partes. O sea, lo que pide Luis del Pino como un imposible -venga, suerte- es algo que más que presumiblemente ya han resuelto otros. Lo que pasa es que hablamos de ordenanzas municipales en pueblos de Francia, y no son tan fáciles de encontrar. En El Confidencial [–>] traen un ejemplo, y nada malo.

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Como anillo al dedo. ¿Sabes la religión del buzo? Ni de broma. ¿Y sabes la de la burkiniana? Pues a la playa vienes con la religión dejada en casa, para no dar el cante a los demás. Nadie quiere acordarse de la religión en la playa. Y la playa no es obligatoria, como sí es -por ejemplo- la calle.

Uno puede pensar que eso también prohibiría los disfraces de monja en los baños estivales. ¡Pues claro! ¿Y por qué no se había hecho antes? Pues porque nadie ha visto nunca monjas tomando el sol en la arena entre los playistas. Ni bañándose. Sí, es verdad que en internet se puede encontrar una foto, siempre la misma foto de una sola vez, en un pueblo italiano. Lo usa HispanTV [–>] como contra argumento.

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Pero si se generalizara el monjerío en la playa, seguro que la gente les diría, discretamente, que se organizen una zona particular para ellas solas. Porque resultaría bastante cantoso que el plan de ir a la playa estuviera condenado a practicarse entre monjas. No irías. También se puede apostar que nunca hará falta, porque las mismas monjas se darían cuenta, antes de la protesta, que una cosa es hacer una gracia un día, y otra es dar la lata.

Decía que probablemente les avisarían a las monjas con discreción. Cosa que no ocurre con las burkinianas. Más bien parece que les estaban ofendiendo en Francia, con recriminaciones y malos modos, y de ahí las normas de algunos ayuntamientos. Y es que no son dos casos comparables. Las monjas usan un disfraz particular, de gente rarita y apartada del mundo. Como un Hare Krishna. Y por eso no suelen invadir las playas. Ni las monjas, ni los Hare Krishna. El burkini es una “señal moral”. Y una “señal moral” significa un par de cosas, bastante agresivas ambas.

– Yo tengo un código moral que tú no compartes. Tú eres “los otros”.

– Si no llevas burkini eres una guarra inmoral (*).

Esto siempre es un proyecto de conflicto y de roces sociales. Se puede sobrellevar, pero la historia lo que nos dice es que la solución suele ir más por el lado de la segregación de las distintas “comunidades morales” que por el lado de tragar conflicto. Y en este caso tiene mala pinta, porque algunos desde el lado de la “comunidad burkini” están empeñados en el asesinato y el terrorismo. Probablemente para provocar que el roce sea mayor de lo inevitable. Y en ese sentido tienen la victoria asegurada. Es fácil llevarlo a cabo; sólo hay que tener empeño.

No sé si es una idea buena o mala esa prohibición en algunos ayuntamientos franceses. Pero desde luego que no es algo, ni sin sentido, ni extraordinario. Si en tu playa hay un chiringuito al que se puede ir, seguro que no te dejan sentarte con el dorso desnudo. Ni comer con traje de buzo (recado para Luis del Pino). Regular la vestimenta en función de la actividad es lo más normal del mundo. Y lo más civilizado, por otra parte. Esto no tiene nada que ver con la libertad; tiene que ver con la civilización. Con no dar el cante.

Nota (*). Habrá quien no entienda que lo de que el burkini significa que tú eres una guarra inmoral. Y las burkinesas hacen grandes protestas. ¡Sólo queremos libertad y que cada uno vaya como quiera! Los cojones, querida burkinesa. Sí tú piensas que una mujer debe vestirse así porque lo dice la moral, estás pensando que la que viste de otra forma es una inmoral. Y por tanto guarra. Y no me cuentes que no tiene nada que ver con la moral, que a ti sola y por tu cuenta te ha apetecido esa estrafalaria vestimenta. Cántame una milonga. Una señal moral es una señal moral, y no suelen ser precisamente discretas. Su objetivo es dejar las cosas bien claras. Y lo consigue.

Añadido. Para que se entienda mejor, definamos funcionalmente “playear”. Ir a un lugar con arena y agua que sirve para tomar el sol por dos motivos: como no es la calle se puede uno desvestir; y el agua refresca de vez en cuando. También serviría: ir a un lugar para estar al aire libre con la menor ropa posible, y sin interferir con las actividades cotidianas y laborales. Y ahora explica “burkini” para playear.

Continúa en:

Burkini II: Segregación es la solución razonable