Hay un artículo de Ignacio Varela en El Confidencial que sintetiza muy bien las consecuencias de la última jugada de Rajoy, que se podría llamar del “candidato eventual” (o “candidato depende”) a la investidura.

Nada nuevo en Rajoy, por otra parte. También inventó la comparecencia de prensa virtual.

A pesar del feliz hallazgo de Varela de lo del candidato eventual, hace falta ahondar en la diferencia entre un candidato eventual y uno real.

El sistema está pensado para que el candidato nombrado por el rey negocie los apoyos y/o abstenciones necesarios para superar la votación, y además, para que en la sesión de investidura el candidato y los partidos expliquen al respetable las prioridades que han contemplado, y los motivos que han tenido para votar lo que hayan votado. El gran invento de Rajoy, ese hombre de estado, es robarnos una de las dos funciones de sistema que tiene la investidura. Quiere que le dejen gobernar a sus anchas, como cualquier niño, pero no quiere que ocurran las explicaciones públicas y formales de por qué no ha podido ser — si fuera el caso. Como la comparecencia por plasma; esto es lo que hay, y si no te gusta que te vayan dando. Yo no voy a responder de lo que hago. Que es la definición de un irresponsable.

Técnicamente plantea un chantaje. Tú déjame gobernar, que para eso he ganado las elecciones. Y si no hay gobierno es culpa tuya.  ¿De verdad? ¿Y cuándo ha gobernado alguien en España con 137 diputados? El mínimo había sido Aznar con 156 diputados, y lo logró a base de “hablar catalán en la intimidad”. Y cediendo a Arzalluz lo que nunca había conseguido de Felipe González (en palabras de Arzalluz).

El sistema no está pensado para que los demás se aparten ante el que saque más votos, por pocos que sean. Hay sistemas así, donde a la minoría mayor le regalan un montón de diputados. Pero no son el sistema que tenemos. El que tenemos es de pactar, y no de regalos caídos del cielo. Y si no le gusta a Rajoy, que proponga cambiarlo.

O me dejas gobernar a mis anchas, o hay nuevas elecciones. Eso cabría en el sistema … si plantea el chantaje, tal cual, en el parlamento. A la vista de todos, y con noticia para todos. Y respondiendo a los argumentos. El votante puede decidir en las siguientes elecciones si prefiere tragar chantaje, o librarse del chantajista. Juego limpio.

Pero no. Este tío, muy listillo, se ha cargado el sistema que tenemos. Usando un argumento de otro sistema diferente. El “derecho a gobernar” por  ser la mayor minoría, que es un derecho que no está en nuestro sistema. Y además, robando a nuestro sistema (a los ciudadanos) una de las dos partes del debido proceso. La parte de responder formalmente de lo que hace.

Si eso no es un antisistema …

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