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Bien, es ciertamente posible que, durante siglos, los académicos medievales musulmanes que interpretaban los textos sagrados islámicos , así como los líderes militares musulmanes (incluyendo tal vez al propio Mahoma cuando guió a sus ejércitos en batalla contra los infieles que no se rendían),  malinterpretaran (al contrario que los expertos modernos) el significado primariamente pacífico y defensivo de yihad. Y que, a resultas de este error, los ejércitos musulmanes conquistaran equivocadamente la mitad del mundo conocido. O tal vez estos ejércitos de conquista estaban, de alguna forma, “esforzándose” en “resistir la tentación y derrotar al maligno”.

Darío Fernández-Morera, en:

Sirva el párrafo citado como ejemplo del -ocasional- sarcasmo que gasta Fernández-Mora al desmitificar la enseñanza convencional del mudo académico sobre el islam en general, y más en concreto sobre el mito del islam moderado, de paz y convivencia, cuyo máximo (y único) exponente presentan como Al-Andalus.

El libro es un torrente de fuentes históricas apasionantes, en las que la conquista de Hispania (Isbania) se resume en: yihad, yihad y más yihad. Pero nuestros expertos embobados quieren hacer de aquello un paseo recogiendo margaritas del campo;  un movimiento migratorio como -por ejemplo- el de los visigodos tres siglos antes. Nada que ver ni con religión ni con imperialismo. Lo único que pasa es que entendemos mal el significado real de yihad, que sólo es una lucha espiritual para mejorar. Y Fernández-Mora explica que es perfectamente posible que sea eso lo que realmente significa yihad, pero que en todo caso es exactamente el mismo error que tenían los musulmanes de la época, según sus fuentes religiosas y jurídicas.

Por mencionar una de las muchas citas- Ibn Khaldun (Túnez 1332 – 1406) explica la diferencia fundamental del islam con otra religiones. Que la guerra santa es un deber en el islam, al contrario que en los demás grupos, para los que en todo caso sólo sería un deber defensivo. Por eso en los no musulmanes los líderes religiosos no se sienten concernidos en absoluto por la política del poder. Entre ellos, la autoridad regia se adquiere por accidente, o por cualquier modo que no tiene nada que ver con la religión. Y nos los comemos con papas fritas, por mariquitas.

Si se piensa un poco, manda cojones el mito de los moros de Al-Andalus como foco de tolerancia y cultura. Al fin, dos bandas de follacabras del desierto (árabes y bereberes), de una incultura y analfabetismo muy superiores que la de cualquiera de los países que conquistaban. Eran, literalmente, los más bestias del mundo conocido de la época. Que sí, con el tiempo se desasnaron y pudieron aprovechar la cultura greco-romana de Oriente Medio y Egipto; la persa; y la romano-visigoda de Hispania. Con el tiempo … y después de quemar iglesias y tesoros culturales y artísticos en modo industrial. Además de pasar a cuchillo a poblaciones enteras y esclavizar a otras. En una pinza -la destrucción artística y la destrucción humana- muy conscientemente destinada a aterrorizar a la población e inducir su rendición.

Y la convivencia, claro. Las tres culturas. El milagro de la pazzz multicultural. Que es lo que ocurre, invariablemente, en toda conquista imperialista. Al conquistado se le ofrecen dos opciones. Desaparecer (por muerte, emigración o integración), o ser subyugado. Y la segunda suele ser una oferta provisional, mientras el conquistador se acomoda. Hasta que llega la oferta definitiva: elegir una de las tres formas de desaparición. Indudablemente todas esas opciones producen cierta forma de “paz y convivencia”. Pero no la forma que venden los multiculti.

Fernández-Mora explica que tras la reconquista de Toledo (1086) apenas quedaban cristianos en la mitad sur de la península — todavía en manos del islam. Se les ofreció lo mismo que siglos más tarde se les ofreció a los mudéjares. Conversión o puerta … a África. No puedes tener en el seno de tu población grandes masas de gente cultural y sentimentalmente aliadas con los enemigos que quieren eliminarte. Y Al-Andalus no sólo no era una excepción, sino que era un ejemplo. Ejemplo que aprendieron y aplicaron luego los cristianos, por la cuenta que les tenía.

Incluso existe por ahí la idea de carcajada de que las mujeres fueran más libres y “empoderadas” en Al-Andalus que en la cristiandad. Pero basta pedirles a esos payasos una lista de las reinas que gobernaron taifas, el califato, o el emirato.

Los “multiculturalistas” y otros odiadores de lo cristiano son muy libres de hacerse las pajas mentales que quieran. Pero si pretenden que su ejemplo e ideal sea Al-Andalus sólo van a conseguir una carcajada. Es un mito que nunca existió.

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