Yo creo que hay una cosa que nos cuesta ver. A los “unionistas”, o “no separatistas”, o “no etnicistas”, o como quiera que nos definamos. La definición no es fácil, porque en ese grupo hay “no españolistas”, y también otros no especialmente amigos de nuestra Consti. Pero nos entenendemos. Y lo que digo que nos cuesta ver es que en la discusión -el relato- de la cuestión territorial hay una parte que tenemos perdida antes de empezar a hablar. La parte de: “no es legal preguntar”.

¿¿¿Mande???

No hay nadie ajeno a la discusión e intereses, y más o menos despistado, que se pueda tragar eso. Va completamente  en contra del edulcorado y bobo espíritu de nuestro tiempo. Y en contra de cómo entiende la democracia la mayor parte de la gente, con razón o sin ella. O sea, va contra la realidad. Contra la realidad social, hoy y aquí. E ir contra la realidad suele ser una estrategia suicida.

Tener el relato perdido de antemano es muy malo de cara a fuera. Y la opinión de fuera en el caso de una declaración unilateral de independencia puede ser muy relevante. Incluso decisiva. Pero también es muy malo de cara adentro. Es una herramienta para la cizaña, que siempre puede aliarse con los separatas. Puede, mientras se trate de la chorrada del prohibido preguntar. ¡Como no se va a poder preguntar!  No podría cuando se trate de una secesión de verdad, y no de un  show.

Solemos decir que tenemos un sistema federal en la práctica. Respecto a Alemania no sé, pero con USA no tiene nada que ver. Lo que tenemos es un sistema infantil. Las autonomías son como niños, que no pueden ni preguntar por su cuenta. Y pueden gastar … porque papá les da la paga. Pero tampoco son responsables del asunto. Tratadas como niños, ¿cómo esperamos que se comporten?

Además, niños maleducados. Porque no somos capaces de hacerles cumplir las normas. Hemos fabricado la bomba de relojería ideal. Irresponsables, sin educación, y aliados de la cizaña. ¿Tú qué esperas que pase?

Es una apuesta. Podemos apostar por seguir como estamos, en la esperanza de que los niños se darán de hostias entre sí antes de llegar a nada de sustancia. Nos acaba de funcionar una vez. ¿Funcionará siempre?

También podemos apostar por seguir con el no se puede preguntar, pero por otro motivo. Porque soñamos que vamos a cambiar, y nos vamos a poner a educar a los niños. ¡Mano fuerte con los nenes! Hay gente que piensa así. Con dos cojones.

También podemos contemplar alternativas. Para estupor del pensamiento cojonudo, concepto falsamente atribuido a Unamuno pero bien real, es una opción que siempre existe. Y contemplar es contemplar; sólo es pensar y comparar, y mirar las rutas posibles que pueden ocurrir en cada caso. No necesariamente es decidir otra cosa, ni una concreta.

Los del PSC han intentado hacer exactamente eso. Poner una alternativa en el debate público. Pero nuestra idea del debate público es una estrategia en dos pasos. (1) Mirar la cuadra del proponente. (2) Descojonarnos, desde la altura de nuestra sabiduría cojonuda, porque es de una cuadra inadecuada y por tanto sus intenciones han de ser malas. ¿Y qué es lo que propone, y qué consecuencias puede tener? Da igual; es idiota porque es de los otros, y los otros están equivocados y son muy malos. A tomar por rasca la bicicleta.

Ni siquiera estaba muy bien planteado lo del PSC. Pero es igual, porque aquí lo que no se puede es pensar — y seguro que contaban con ello. Y sí que tenía una parte aprovechable. Para contemplarla, digo, no necesariamente para hacerla. La parte de sí se puede preguntar (¿y cómo no?); y la parte de no cualquier pregunta, ni cualquier respuesta, me hace sentirme concernido (lo que llaman “canadiense”).

Seguiremos a lo nuestro. No se puede preguntar … hasta que se pueda. Y cuando se pueda, ata esa mosca por el rabo. Igual funciona, y nunca se puede. O les educamos. O algo.

De momento, la teoría de que acabar con el bipartidismo iba a acabar con la llave / chantaje de los nacionatas, se ha demostrado falsa. Como era matemáticamente previsible.