Un día de estos ha debido de ser el “día del orgullo” no heterosexual. El tuiterío está hablando mucho de ello. Y se ven, fuera del rosario de letras ese que tienen organizado para decir no-heterosexual (LGTBQIA por ahora), dos comentarios o argumentos principales. Uno que se resume en -¿qué me cuentas?- y el contrario, que dice: pobres, han sido muy discriminados,  y es normal.

Ejemplos.

lauren-southern-pride

marco-orgullo

Son dos posturas razonables y no estrictamente falsas, para un asunto que no tiene ninguna relación con la razón. Esfuerzo (sean muchos o pocos) no tiene nada que ver con manifestación callejera. Imagina la gran cantidad de -por ejemplo- lisiados que han hecho meritorísimos esfuerzos, sin manifestarse por las calles en “su día”. Y orgullo tampoco implica haber logrado nada. Tal vez debería, pero en la vida real no es así. Cualquier idiota puede sentirse orgulloso de haber nacido -por ejemplo- con título. O vasco, sin ir más lejos. Y raramente se les recuerda que no han hecho ningún esfuerzo para lograrlo. Tampoco se manifiestan. (Algunos vascos sí, pero al menos formalmente dicen que es por otras cosas).

Pero que no tenga relación con la razón no quiere decir que no se pueda entender. Y para ello hay que ponerlo en su contexto. Se trata, no de individuos, sino de una “comunidad”. Y además, muy especial: protegida.

Eso ya nos da las pistas. La primera, la que tenemos puesta en la portada.

Cualquiera, tomado como individuo, es tolerablemente sensato y razonable; como miembro de una masa se convierte al momento en un cenutrio. (Schilller [–>])

Así que lo de pedirles actos razonables ya ha perdido todo sentido.

El aspecto de “comunidad protegida” explica el resto. A saber, la vaina del “orgullo”. ¿Por qué orgullo?

Hay que dar un paso atrás. Lo primero que quieren las minorías protegidas es dejar de ser minorías. Y para no serlo, tienen que ser como los que no son de ese grupo. O sea, exigir que se cree la ficción de que sus circunstancias son iguales que las del resto. Por ejemplo, los “negros” dejan de tener color. No se les puede llamar ni black, ni nigger. Lo que les caracteriza es cualquier otra cosa diferente de la que los caracteriza. Por ejemplo, un origen geográfico ancestral — y se les llama african american. Con lo que puedes acabar llamando subsahariano al hijo de unos inmigrantes australianos aborígenes en Madrid, si no conoces Australia y no los distingues. Cosas de la ficción. Han dejado de tener un color distintivo.

Otro ejemplo. Tenemos minorías lingüísticas para las que se crean exactamente las mismas ficciones. Regularlas y enseñarlas / obligarlas como si no fueran vernáculos, sino lenguas de curso intercontinental. Ficciones. ¿Que tener el inglés o el español como lengua materna es gran una riqueza — como bien puede comprobar cualquier irlandés o vasco? A huevo; creamos la ficción de que el gaélico o el vascuence son una riqueza. Aunque sea una “riqueza” que cuesta dinero en lugar de proporcionarlo.

¿Y qué tiene que ver el orgullo con el sexo? Mucho. Si te dicen que relaciones sexo y orgullo, pero estás en una época anterior a que orgullo implicara arco iris, la imagen mental sería inmediata. Un imbécil machista fanfarrón muy contento de si mismo, y muy orgulloso de lo machote que es. Y esa es la ficción del orgullo arco irs. La minoría protegida exigiendo la ficción de ser como los machistas. Sin comprender que como los machistas sólo son imbéciles …

Todo tiene explicación, pero no siempre es razonable. Y teniendo en cuenta que vemos palpables otros efectos producidos por hacerles altares a ciertas minorías, como por ejemplo las “normalizaciones lingüísticas”,  deberíamos darnos cuenta de que algo que parece muy bonito y muy tierno puede tener efectos bien perniciosos a la que se desmadra. Y que me perdone el arco iris. Pero siempre que vea una manifestación de cualquier orgullo me acordaré de Schiller y sus cenutrios. Aunque fuera una manifestación del día del orgullo de los coleccionistas de sellos. Y lo siguiente que pensaré es en cuántos sellos voy a tener que comprar … sin que cuente mi voluntad.