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Lo del Brexit, como bien han explicado tanto John Carlin en El País como José García Domínguez en Libertad Digital, es una lección que jamás agradeceremos lo suficiente a los ingleses. Y digo ingleses, no británicos, porque Brexit es básicamente un fenómeno del nacionalismo inglés.

Estos “tuits” de James Annan resumen bien el problema.

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Acertado o no, está planteando la posibilidad (real) de que Brexit no tenga lugar, porque nadie llegue a apretar el botón que inicia el proceso.

¿Absurdo? Tal vez no tanto. Lo que es absurdo es el referéndum, porque es una pregunta sin respuesta. Como son todas las preguntas binarias sobre asuntos complejos, con muchas soluciones. No existe un solo “Remain”, porque hay muchas formas de permanecer dentro. Y esta es la parte fácil; puede entenderse permanecer como estamos ahora. Vale. Pero en la respuesta “Brexit”, que tiene muchas soluciones distintas, no hay una que pueda darse más por supuesta que las demás. Así que no hay forma humana de  saber qué cojones se está respondiendo al responder “Brexit”.

Por apuntar algunas disyuntivas.

– (1) Que el Reino Unido tenga la misma relación con la UE  que -por ejemplo- la de Australia. O sea, ninguna.

– (2) Que el Reino Unido tenga libertad de movimiento de mercancías y capitales con la UE, sin tener libertad de movimientos de personas. No está sobre la mesa, porque la UE no la acepta. Pero parece la pretensión más popular.

– (3) Que el Reino Unido tenga la misma relación con la UE como la que tiene Noruega. O sea, dentro del mercado común, libertad de movimiento de mercancías, capitales y personas, con toda la legislación que lo regula, pero sin voto dentro de la UE. Parece la opción favorita de los “brexiters” de izquierdas.

– (4) Que el Reino Unido se desuna, Escocia siga dentro de la UE, e Inglaterra busque una de las tres situaciones anteriores. Que parece una opción que no quiere nadie, y que probablemente es inevitable.

Esas cuatro alternativas (y hay más), son cuatro soluciones muy distintas a la respuesta “Brexit”. Y no hay nadie a quien le puedan gustar las cuatro; son opuestas entre sí en lo esencial — por ejemplo inmigración. Con la pregunta que se le ha hecho, no hay forma de saber qué quiere “el pueblo”.

Los amigos de la “democracia directa” podrían perfectamente haber planteado una pregunta que expresara algo muy cercano al abanico real de respuestas posibles.

¿Prefiere usted, amado pueblo, (marque su preferencia) …?

  1. Remain
  2. Brexit 1
  3. Brexit 2
  4. Brexit 3
  5. Brexit 4
  6. Brexit, con indiferencia de su número.

Pero esa es la pregunta que nunca hacen los directo-demócratas, porque así no consiguen el resultado que quieren. Y sobre todo, porque así no pueden hacer lo que les salga del nabo, engañando al “pueblo”.

Pasa exactamente lo mismo con la secesión de Cataluña. EL famoso derecho a decidir sólo funciona a base de no saber lo que se decide. Como Brexit. Y todo se basa en no saber si Cataluña queda dentro o fuera de la UE; si paga o no paga sus deudas; si tiene o no tiene moneda propia; si tiene un ejército, o se lo arreglan los chinos; etc. Todo un rosario de cosas que hay que NO saber para tener “derecho a decidir”.

Y aquí viene la Clarity Act, que los nacionalistas españoles se empeñan en no querer entender. No es que plantee directamente la multi-respuesta para un problema que no es binario. Pero como sí plantea la obligación posterior de negociar media docena de alternativas diferentes, nombrando las alternativas y nombrando los interlocutores, por arte de magia está haciendo presente la no binariedad de la pregunta aparentemente binaria. ¡Quietos, que esta respuesta tiene consecuencias diferentes, y algunas no me gustan nada! ¿De cuál de ellas estamos hablando, concretamente?

Ya digo. Brexit, como lección, es impagable. Y eso antes siquiera de mirar la bolsa y el valor de la moneda.

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