cameronendum

Los británicos han hecho muchas contribuciones imprescindibles a la filosofía política que usamos, pero se están cubriendo de gloria en los coletazos finales del Reino Unido. Y lo del referéndum “british style”, o cameronendum, ya es el no va más. La particularidad no es convocar referendos para perderlos, o casi, como suele señalarse. O sea, jugar a la ruleta rusa. No; es jugar a la ruleta rusa con las decisiones sagradas. Entiéndase “sagradas”: Afectan a todos, mucho, y no es previsible que tengan vuelta atrás.

Normalmente ese tipo de decisiones se encierran en las constituciones. De forma que hay que darle tantas vueltas a la llave, que no cabe pensar en un arrebato momentáneo para tomar una decisión demasiado trascendente a tontas y a locas. Se meten en las constituciones incluso sinsorgadas -que en realidad no le afectan a nadie- como saltarse a las mujeres en la sucesión a la corona. Su reforma necesitará meses y meses de debate parlamentario (comisión, pleno, senado, y vuelta al pleno);  una mayoría muy cualificada de ambas cámaras; y finalmente un referéndum. Por mayoría simple esta vez, pero es después de haber superado todos los trámites anteriores, y con esa discusión a la vista.  Y a nadie le ha parecido nunca “no democrático” ese procedimiento.

Basta comparar la relevancia de la herencia de la corona, o tantas normas más que salen en la consti, con una secesión o un salirse de la Unión Europea. Pues llega Cameron, y se le ocurre que las secesiones se liquidan al albur de una ventolera pasajera, en la que vale con que vote uno más a favor de una de las posturas. E independientemente de cuántos voten. Hoy.

¿Y qué pasaría mañana? ¡Ah, eso no importa! O que se repita si se quiere, ¿a mi qué me más me da? Ya, pero hay un problema. Hay decisiones donde una de las posturas tiene vuelta atrás, y la otra no. Salirse de la UE se puede votar muchas veces … hasta que sale que sí. Y yo no sé si será muy “democrático” aceptar ese sistema cuando te gusta el resultado, pero es de una irresponsabilidad acojonante. Para cualquier contrato de chichinabo hace falta un consentimiento válido (unas garantías), ¿pero para una secesión (o una unión) no?

Por ejemplo, a mi me podría encantar una votación para suprimir (o descafeinar) las autonomías, pero nunca aceptaría un simple cameronendum para hacerlo. Porque no es serio, y lo no serio lleva a cristos. A veces lo serio también; pero las payasadas, siempre.

Pues va más lejos lo del “british style”, porque encadenan los prodigios. Piensan que un referéndum de secesión no tiene consecuencias si lo “gana” Cameron. Los cojones. Nadie se hubiera puesto a mirar el resultado de Escocia en la votación sobre la UE de no haber habido la gracia anterior. Pero como la hubo, ahí está. Y es un engaño mayúsculo convencer a los escoceses de que se queden en el Reino Unido para que no salgan de la UE, ¡y luego sacarlos de la UE! Ni al bombero torero se le ocurre. O sea que el referendo supuestamente ganado no era inconsecuente, y ni siquiera lo ganaron en realidad. Tienen la derrota retrospectiva garantizada. Ya no hay UK (sólo espera un poco).

Y encima es más sorprendente que sean precisamente los -en breve- ex británicos los que han parido el cameronendum. Solían ser gente práctica, muy de mirar los ejemplos y las consecuencias, y de aparcar las grandes palabras pomposas. ¿Democracia; y eso cuanto suma, por favor? Pero ya no, al parecer. Han prescindido olímpicamente del excelente ejemplo canadiense y su Clarity Act. ¿Referéndum de secesión, dices? Sí, hijo, sí; los que quieras. Pero, (1) con mayoría cualificada; y (2) con todos los pasos y negociaciones, y cristos, que habría que dar después de un eventual “sí”, establecidos antes de la votación. De forma que todo el mundo sepa lo que implica, quede establecido el camino de la monada, y que la mayoría no dependa de una emoción pasajera. Porque eso ya no se va a poder votar nunca más. No hay vuelta atrás.

Pues resulta que gracias a los británicos, esos genios, la seriedad y racionalidad canadiense no pueden ser. Hay que tragarse el “british style”. ¿No sería mejor darles una lección? Al fin y al cabo sería una lección de sus primos del otro lado del charco; no deberían ofenderse. No es una raza oscura ni nada.

El que lo prefiera en estilo más académico puede atender al profesor Rogoff, de Harvard,

The real lunacy of the United Kingdom’s vote to leave the European Union was not that British leaders dared to ask their populace to weigh the benefits of membership against the immigration pressures it presents. Rather, it was the absurdly low bar for exit, requiring only a simple majority. Given voter turnout of 70%, this meant that the leave campaign won with only 36% of eligible voters backing it.

This isn’t democracy; it is Russian roulette for republics. A decision of enormous consequence – far greater even than amending a country’s constitution (of course, the United Kingdom lacks a written one) – has been made without any appropriate checks and balances.

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