Una cosa es que haya un proceso de subnormalización colectiva, por la LOGSE, la telebasura, y esas cosas. Que lo hay. Pero eso no es disculpa para que alguien de la generación de Rajoy, y no declarado subni oficialmente, se contagie. Él no padeció la LOGSE, y se le suponen unos mínimos culturales. Pero le aprieta un poco las clavijas un periodista, y larga tan campanudo:

Yo ya le he dado mi opinión. Si no le gusta, lo siento mucho. Mi posición es la del 21 de diciembre.

Así que el señor del Marca piensa que un presidente del gobierno actúa en función de unos criterios, que llama opinión, y que dependen del gusto. Momento en el que su diferencia con Pablemos es, exactamente, el gusto. A unas les gustan las coletas, y a otras les gusta el plasma. Y eso es todo lo que hay que dirimir, aparentemente, en el circo que llaman política. Según el campeón.

Es bastante impresionante, porque eso es Potemos. La esencia de la filosofía política antisistema, y pro-kindergarten. No hay sistema, hay gustos. Uno no es antisistema porque le guste el helado de fresa y no el de chocolate; sino porque cree que tomarse su helado favorito es independiente del resto de los problemas (el sistema), y algo cuya inmediata satisfacción es imperativa. O sea, un niño. O sea, Pablemos. O sea, Rajoy.

Dibujito para niños, y para Rajoy:

  1. Una opinión (o “mi posición”) puede ser contradictoria con otras opiniones del mismo campeón. Y entonces da igual el gusto, porque el gusto de una opinión es el disgusto de su contradicción.
  2. Una opinión (o “mi posición”) nos puede gustar infinitamente … sin que nos gusten las consecuencias que implica, o puede llegar a implicar.
  3. Que una opinión “nos guste” -así, sin más- no garantiza que no sea una perfecta imbecilidad.

Imaginemos la traducción:

– Puedo estar diciendo una imbecilidad; y si no le gusta, lo siento mucho.

– El problema no es que no me guste, sino que usted puede ser un imbécil. Y un imbécil de presi del gobierno no suele ser la mejor estrategia. EL objetivo de la pregunta, y de la insistencia, es dilucidar su usted es un imbécil. Y eso podría interesar a sus posibles votantes. Debería. Por ejemplo, la circunstancia del 21 de diciembre probablemente no será la misma que la del 26 de junio.

El que le puso el plasma a Rajoy le conocía muy bien. No debería haberle dejado salir de él.

La gran alternativa electoral, según el PP, es que nos guste más el Potemos de una banda o de la otra. O sea, potar y kindergarten en cualquier caso.