Los economistas del Calentamiento Global Acojonante suelen calcular el “coste social” [–>] de las emisiones de CO2. Una forma teórica de calcular el supuesto daño que harán las emisiones de CO2 en el futuro. Y es algo muy importante políticamente, porque las decisiones se basan en este tipo de cálculo.

Cuando hablan del “principio de precaución” se refieren a eso. Mirar cuánto daño podría causar algo, y con qué probabilidad, para decidir cuánto gasto está justificado para evitarlo. Es como decidir si merece la pena un seguro. Unos tienen sentido; otros no. Depende del daño que cubren, la probabilidad de que ocurra ese daño, y el precio de la póliza.

¿Cómo se calcula eso en el caso de las emisiones de CO2?  A juzgar por los resultados, que se pueden ver en el siguiente gráfico, se trata de una forma bastante delicada; bastante poco “robusta”. Hay resultados para todos los gustos.

Estimates of the Social Cost of Carbon (from Jesse Jenkins, forthcoming) Values in 2012 US$ per ton CO2

El gráfico viene de WUWT [–>], de un artículo sobre el mismo asunto.

En todo caso, el cálculo tiene tres componentes.

  1. ¿Cuánto calentamiento por unidad de CO2 emitido? (El resultado es un rango).
  2. ¿Qué probabilidad tiene la parte alta del rango, por ejemplo el 5% (o lo que sea) superior?
  3. ¿Cuánto daño hace ese calentamiento? Esto es el “coste social”.

Para sacar estas cifras usan dos tipos de modelos, donde el primer tipo produce los datos que usa el segundo. (1) Modelos climáticos, para saber el rango de calentamiento, y por tanto la parte superior y su probabilidad; y (2) modelos de impacto económico para ese calentamiento. A estos últimos les llaman integrated assessment model of climate change [>]. Como los modelos son distintos, y además se les pueden meter diferentes asunciones, ocurre lo del cuadro de arriba. Respuestas dispersas a lo largo de un orden de magnitud entero.

La novedad es un estudio recién publicado por Ross McKitrick y dos profesores más.

Lo que han hecho es actualizar los cálculos que había, a base de usar las correcciones recientes a los modelos climáticos, que hay en la literatura científica. Los estudios del “coste social” anteriores se basaban en modelos climáticos al margen de la realidad. O sea, la teoría flotando en su propio humo, sin mirar lo que dice la realidad al respecto. Pero como ya hay datos de temperatura de longitud suficiente como para tener alguna idea del efecto que puede causar el CO2, se puede constreñir el resultado de los modelos a la vista de la realidad observada. Y eso es lo que han hecho. Repetir los cálculos usando los modelos constreñidos por la realidad conocida. Aparentemente, a nadie se le había ocurrido hasta ahora. No interesa, porque reduce el miedo.

Decíamos que el cálculo va en dos fases.  1) Modelos climáticos que producen un rango de calentamiento por el CO2. 2) Modelos de impacto económico para ese calentamiento.

Al cambiar los primeros, cambia el resultado de los segundos. Y como hay dos modelos principales para el cálculo del impacto económico (DICE y FUND), los autores muestran cómo cambia el resultado de ambos al mejorar el cálculo de los modelos climáticos. En el caso de DICE (es el de Nordhaus), el “coste social” de las emisiones se reduce un 43%. Para el FUND, la reducción del “coste social” es del 83%. Y es más espectacular aun. En el caso del FUND -usando los modelos climáticos ajenos a la realidad- la probabilidad de un “coste social” negativo (o sea, las emisiones son un beneficio social) es del 10% para el año 2.050. Pero cambiando por los modelos climáticos constreñidos por la realidad, esa probabilidad salta hasta un 40%. Por eso afirman:

Remarkably, replacing simulated climate sensitivity values with an empirical distribution calls into question whether CO2 is even a negative externality.

EL asunto es prolijo, pero muy interesante. Y es clave en el aspecto de decisiones políticas de la discusión del cuento del clima. Hay entradas extensas y discusiones en Casa Curry y en WUWT:

Nota: esta rebaja en el “cote social” de las emisiones de CO2 no es ni mucho menos definitiva. Sólo están usando la parte más “de consenso” de la ciencia. Que no tiene ninguna garantía de ser real, ni de no ser muy exagerada respecto del calentamiento que puede producir el CO2.