Roy Spencer (UAH) ha actualizado [–>] la temperatura global desde satélites, con mayo incluido.

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Lo más interesante, como siempre, es el contexto. ¿Con qué se puede comparar? ¿Es bueno; malo, indiferente? Y sólo se puede comparar con lo que dicen los modelos lo que iba a pasar. Asunto que tiene guasa, porque el desparrame de los modelos va desde una predicción de 0,6ºC de calentamiento entre 1.983 y 2.020, hasta los 1,15ºC. Para una temperatura media de cinco años e incluyendo el 95% de los modelos (o realizaciones de modelos, que son ciento y poco).

La medición de la realidad se va separando implacablemente del conjunto de los modelos, incluyendo los fríos. La línea azul gorda es también una media de cinco años. Y para mayor escarnio, la predicción propiamente dicha de esos modelos (CMIP5) es desde 2005, porque las temperaturas anteriores las conocían. En 2005 la realidad estaba todavía dentro del desparrame de los modelos. En la frontera baja pero dentro, o casi. Desde entonces, ya no. Fuera, y cada vez más fuera.

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También se puede comparar con la bobada enternecedora de los dos grados por encima de la temperatura preindustrial, que dicen que es cuando llega el peligro imaginario.

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Las líneas de puntos prolongadas hasta fin de siglo no pretenden tener ninguna capacidad predictiva. Sólo son un juego. Un qué pasaría si … en el futuro siguiera pasando lo que hemos visto en estos 37 años en los que hay mediciones de satélites. Y se representa con las dos formas más habituales de calcular una línea de tendencia. Pero es casi seguro que la tendencia no se va a mantener constante; nunca lo hace. Será mayor, o menor, pero distinta. Lo que pasa es que como a los alarmistas les encantan esas líneas cuando les favorecen, conviene mostrarlas cuando el mensaje que se desprende no les gusta. No les hacemos caso a las líneas de puntos, pero las ponemos para joder. 😉