https://i2.wp.com/psychrod.com/wp-content/uploads/2015/01/law.jpg

Su artículo supone una gran contribución a la psicología de la personalidad y el desarrollo — lo que me inspira gran curiosidad acerca de usted. ¿Es una académica? ¿Investigadora clínica? ¿Una trabajadora del acero desempleada que tiene el interesante hobby de escribir artículos científicos seminales?

Es una historia preciosa con la que me gustaría despertar el apetito por un libro. La cita es de un email de un académico de Cornell, a la desconocida autora de un artículo en Psychological Review — la publicación de psicología más importante en USA. La autora cuenta que recibió muchos emails similares, que encuadra en la categoría — ¿tú quién diablos eres? (*)

Judith Rich Harris, nuestra heroína de hoy, contestó que de las opciones ofrecidas elegía la de trabajadora del acero desempleada. No muy lejana a la realidad. Trabajaba escribiendo libros de texto, pero como lo había dejado, desempleada. No tengo doctorado -le explicaba- porque me echaron de Harvard tras el master. Llevo tiempo encerrada en casa con una enfermedad crónica. No tengo mentores; no tengo estudiantes. Lo de los libros de texto era porque se trata de un trabajo que se puede hacer desde casa. Pero lo dejó, tras convencerse de que estaba escribiendo algo completamente falso. La psicología al uso. Y se dedicó a investigar por su cuenta.

Sin financiación; sin sueldo; sin ayuda. Ni siquiera tenía acceso a la literatura que necesitaba para investigar, al no tener una universidad que le pagara las copias de los artículos. Pero en seguida descubrió que todos los autores le mandaban sin problema copias de los suyos, bajo petición. Y ese era todo su contacto con la academia. Emails cruzados con autores a los que les pedía sus artículos de investigación.

Y en esas condiciones Harris probablememente ha provocado una revolución mayor en psicología. Está en discusión, pero lleva pinta. Y lo más relevante es que no es “a pesar” de esas condiciones, sino probablemente por tal motivo. Ella lo cree. Es muy difícil salirse de las “asunciones sacadas de la gorra” en la academia actual. Si eres joven no puedes andar pisando callos — y esperar prosperar en la carrera. Y si estás en una posición dominante es por formar parte de esas asunciones.

La revolución del artículo fue poner en cuestión la regla nature and nurture: La naturaleza da unos niños a los padres; el resultado final depende de cómo los críen. Y a Harris se le ocurrió plantearse la posibilidad de que la crianza importe muy poco. Ojo, no el ambiente; no pretende que todo son genes. Pero el ambiente que -según ella- influye más es la parte que no son los padres. Imagina el estupor.

No se le ocurrió por capricho, ni por intuición. Hizo lo que todo académico de pro, hoy, no debe hacer so pecado de herejía. Rastrear los datos para averiguar de dónde sale nature and nurture; en qué se soporta. Y descubrió que se soportaba en una evidencia abrumadora, pero perfectamente irreal. Como el Calentamiento Global Acojonante, y tantas más. Unas asunciones en absoluto garantizadas (Freud y conductismo), y una estadística muy mal entendida [–>].

Ella esperaba que el trabajo fuera recibido cañonazos. Pero se sorprendió; aunque no provocaba aceptación, al menos sí despertaba curiosidad. Y no sólo la del tipo de: ¿tú quién diablos eres?

Sí debió tener desde el principio unos cuantos valedores de mucho peso. Como Steven Pinker:

Hace tres años, un artículo en Psychological Review cambió la forma en que pensaba sobre la infancia y los niños. Como la mayor parte de los psicólogos, he discutido mucho sobre el rol relativo de los genes y la crianza de los padres. Todos damos por supuesto que lo que no viene de los genes tiene que venir de la crianza. Pero ahí estaba un artículo de Judith Rich Harris, sin afiliación universitaria bajo su nombre, diciendo que los niños no son socializados por sus padres — son socializados por sus colegas. Sonaba extraño, pero Harris me persuadió pronto con hechos que sabía que eran ciertos, pero había archivado en esa carpeta mental que todos tenemos para verdades innegables que no encajan en nuestro sistema de creencias.

Y parece que ocurre otro fenómeno habitual en estos casos. Que tiene más aceptación en especialidades cercanas que en la propia. En este caso la criminología (yo me he enterado por ahí –>), y la psicolingüística. Pinker esta entre estos últimos, y señala que hay una paradoja que nunca habían tenido en cuenta. Si los niños aprendieran a hablar de sus padres, acabarían teniendo el habla de sus padres. El mismo lenguaje y acento. Pero no es así; hablan como sus compiyoguis.

Espero que sea tentación.

Tal vez otro día generalizemos un poco. Porque este caso, como el del Calentamiento Global Acojonante, es ideal para tener cierta perspectiva sobre esa industria que llaman “la ciencia”. De lo que relata Harris sobre por qué piensan lo que piensan, y cómo unos datos irrelevantes se convierten en “evidencia irrefutable”, sale un esquema que sirve entender el caso general perfectamente.

Más tentaciones. Mejores que esta, pero menos extensas que un libro. Artículos muy relacionados de Brian Boutwell.

(*) Hay mucho Ferry por el mundo.

Nota: Las citas están sacadas de libro de Harris.