En Nada es Gratis, una serie de docentes de la Facultad de Economía protestan por la exigencia de valenciano:

El razonamiento es el obvio, y el título lo dice todo. Pero el artículo también muestra hasta que punto los firmantes son culpables de lo que denuncian. Aparentemente no se dan cuenta, y por eso puede merecer la pena señalarlo.

Explican:

Uno de los objetivos de la Universitat de València, según reza en sus Estatutos (artículo 6.3), es la consecución de un uso normalizado de su lengua propia (la lengua valenciana), “esto es, el desarrollo de todas las funciones sociolingüísticas como lengua moderna.”

Y proclaman:

Desde el más profundo respeto tanto a la lengua y a la cultura valenciana como al objetivo de su fomento por parte de la Universitat de València,

Problema. Según su misma cita, el objetivo de la Universidad de Valencia no es el del simple “fomento” de la lengua valenciana, sino el de “la consecución de un uso normalizado de su lengua propia”. Y es completamente normal que se considere que los miembros más o menos fijos de la universidad conozcan “su lengua propia”, para que esta esté “normalizada”. Si no, no sería “su lengua propia”, sino una más de las lenguas que se hablan.

Tienen razón en todo lo que denuncian.

  1. Menos profesores para elegir, para buscar calidad.
  2. Favorece la endogamia, problema ya muy grave en la universidad española.
  3. Atenta contra la no discriminación en función de la lengua, que figura también en los estatutos de la Universidad de Valencia
  4. No hay una discriminación lingüística de los que prefieren clases en valenciano; 22,3%, frente a una demanda de clases en castellano del 63,6%. La oferta es del 34% en valenciano y el 57% en castellano.

Pero siendo todo eso muy cierto, es indiferente para el objetivo -que parecen aceptar implícitamente- del “uso normalizado de su lengua propia (la lengua valenciana)”. No se puede querer todo. Si juegas  “normalizar su lengua propia”, no juegas a calidad, ni a exogamia, ni a no discriminación. Normalizar es, precisamente, discriminar. Y la preferencia de la peña es también indiferente del todo. Normalizar no es poder elegir, sino poder dar por saco.

O sea, mejor sería que estos ilustres académicos protestones de la Universidad de Valencia se enteren de dónde viene el problema que denuncian. Lo demás son flores al viento.