Va así, según los puntos planteados por Potemos al PSOE [los pillo de El Español –>]. El punto 19 se llama Derecho a Decidir.

El desarrollo de los procesos de descentralización propuestos en el título VIII de la Constitución a lo largo de las últimas tres décadas ha revelado imprescindible una reformulación del modelo territorial para que todas las naciones, comunidades políticas y territorios puedan encontrar su encaje dentro de España si así lo deciden.

O sea, la descentralización que llevó a cabo la constitución reveló que en España había partes que no encontraban “su encaje” en la cosa.

Para poder garantizar que se haga desde la plena adhesión a un proyecto común, lo anterior debe tener como correlato la aceptación del derecho a decidir en aquellas naciones que lo hayan planteado con especial intensidad. Es en ese marco, el de la reconstrucción de un proyecto común, donde queremos desarrollar un Estado plurinacional en el que todas las comunidades nacionales y culturales puedan desarrollarse en un marco igualitario y solidario sin imposiciones.

O sea, hace falta rehacer un “proyecto común”. ¿Rehacer? Parace difícil si no lo había, como nos ha revelado la descenetralización. No puede ser; están hablando de crear un proyecto común ex novo. Depende del acuerdo de las “comunidades nacionales”, que no está claro cuáles son, pero sí está claro que España no es una de ellas. Y tal vez dependa también del acuerdo de las “comunidades culturales”. ¿Se puede considerar que los gitanos, los judíos, y los musulmanes son “comunidades culturales” con “derecho a decidir”? A saber. Y queda el problema de considerar si los que se tienen por “comunidad cultural española” tienen derecho a decidir, “sin imposiciones”. Aunque no sean “comunidad nacional”, podría sospecharse que sí fueran “comunidad cultural”.

Proponemos empezar así por el reconocimiento previo y específico de las diversas realidades nacionales, para poder abordar después el modelo territorial, mientras aseguramos el respeto a los diversos campos competenciales.

Se va aclarando el problema. Hay que empezar por mirar muy atentamente, para poder averiguar cuántas “realidades nacionales” hay en España. De momento, no lo sabemos. Debe ser que no es tan obvio. Tampoco sabemos lo que pasa si, al mirar atentamente, no todos ven el mismo número de realidades nacionales. ¿Cómo se digiere el muy previsible desacuerdo?

Y mientras se averigua / no se averigua cuántas naciones hay en España, se respetan las diferencias competencias entre las presuntas naciones. Chupado.

Pero aquí ya no parece que pinten nada las “comunidades culturales”. Lo sentimos por los gitanos, los judíos, los musulmanes y los españoles. Otra vez será.

Dado el bloqueo de las posiciones en relación a esta materia, desplazamos el ámbito de negociación para la resolución del encaje de Cataluña en España al ámbito de una mesa de negociación integrada por En Comú Podem y PSC, comprometiéndonos a asumir como propio el acuerdo que ambas fuerzas alcancen.

Como en realidad no basta con una mirada atenta para saber con seguridad cuántas “realidades nacionales” hay en España, lo de Cataluña que lo vayan negociando los representantes del 28% del electorado catalán. Y sobre el resto, ya hablaremos. Cuando lo “hayan planteado con especial intensidad”.

Parece que estamos ante dos principios distintos para un modelo territorial. Por una parte hay una idea de “naciones a la carta”, que se averiguan mediante la observación atenta. Problemático, porque hay “bloqueo de las posiciones en relación a esta materia”. Pero no es muy difícil, porque se reúnen un par de partidos y lo acuerdan. O no. Y por otra, un esquema de las naciones “planteadas con especial intensidad”. Apreciación, de momento, completamente subjetiva.

Sólo hay dos problemas.

– Hacia arriba. ¿Qué ocurriría en el caso de que la mirada atenta revelara una “realidad nacional” española? ¿Y si a esa posible “realidad nacional” le diera por expresarse “con especial intensidad”?

– Hacia abajo. ¿El modelo territorial de naciones a la carta, deseable para España, no sería también deseable para las partes que eventualmente se desgajaran de la “adhesión a un proyecto común”? ¿Cuál es exactamente el ámbito de aplicación de este modelo territorial? Porque si es justo -y presumiblemente democrático- en una geografía determinada, qué es lo que podría hacer que no fuera igualmente recomendable en una subárea de la misma?

Definición de “realidad nacional” de Potemos, supongo: Grupo provisional de antropomorfos, con cierta unión sentimental, a la espera de un cambio de sentimientos. No es muy práctico, pero tiene un morbo de cojones.