El argumento es claro. Para saber lo que opina Potemos basta con saber lo que opina Pablito. Lo sectores laterales, que decía Iñiguito, ya no son son aliados. Porque han sido cegados por el núcleo irradiador, en expresón del mismo campeón. Y ahora son sectores -digamos- silentes. Pablito, tan cursi, diría: –Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estás como ausente-. En resumen, que quien habla es Pablo, y los demás a callar.

Y Pablito dice, hoy:

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No parece difícil de entender. Si a ti te parece mal lo que propone Potemos, Pablo apoya que vayas a sus actos, a montar el numerito con difraces, cánticos y amables anuncios de muertes y hogueras. Para que conste; para joder; o para lo que quieras. Porque una acción así no es atacar a nadie, sino defender la idea que de parezca. Los derechos de los hombres, la libertad de culto … o incluso la disminución del número de payasadas en el debate político.

Es lo que tiene la discrepancia; que hay que buscarle acomodo. La postura menos incómoda. Sobre todo cuando mezclas gentes con ideas incompatibles. No sé, unos que creen en la libertad de expresión, y que Rosa Díez puede dar una conferencia, o los curas sus misas; y otros firmemente convencidos de que se puede -y aun se debe- interrumpir y silenciar esos actos. Las dos estrategias al mismo tiempo no pueden ser. Sería como que unos circulen por su derecha y otros por su izquierda. So jodió el tráfico. O todos podemos hacer nuestras conferencias y actos, o todos podemos impedir las conferencias y actos de los demás. Cualquiera de los dos sistemas es funcional. Uno funciona con palabras y entendimiento , y el otro con griterío y kindergarten. Sólo son sistemas diferentes, con distinta sintaxis y protocolo.

Pero hay que elegir. Porque poder hablar, y poderle callar quien quiere hablar, no pueden ser al mismo tiempo. O jodemos todos, o la puta al río. Y en el mundo de los cafres la elección sólo depende del más cafre. Si uno está convencido de poder hablar, y otro está convencido de poder impedírselo, siempre gana el segundo. Porque si los dos hacen lo suyo, uno hablar y el otro gritar, lo que ocurre es lo que desea el cafre.

Y de esta manera tan simple acabamos de solucionar el conflicto. Simple … ¡y divertida! Porque no merece la pena disimular; eso de ir a escuchar a un político, o a un cura, es el más anodino coñazo que se puede uno echar  la cara. En cambio, imagina lo estimulante que resulta ir a dar por saco a los anodinos.

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Sales con un subidón que ni te cuento. Y en un acto de Potemos ya tiene que ser el no va más.

Esperando a Rita.

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Si la Niña del Suje no dimite, y Pablito sigue apludiendo, es que hemos cambiado de sintaxis y protocolos. Más diver.