En este país (España) las payasadas empiezan a resbalarnos. Llevamos tal sobredosis que cada nueva inyección ni se nota. Tampoco tiene mayor misterio que un porcentaje sobresaliente de las payasadas venga de Cataluña; en Cataluña hay más nacionalismo, que suele ser la payasada por excelencia. Pero a veces es necesario pararse, sacudirse la sobredosis, y contemplar.

Puigdemont ha escrito un libro. O reeditado, con añadidos de otros. Que versa sobre Cataluña vista desde fuera de España. Y el resultado debe ser el título: Cata … ¿qué?

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Bueno, si lo dice el presi de la Generalidad, será cierto. No sorprende demasiado. Pero sí es curioso que lo plantee con tal crudeza. ¿Estará pidiendo dinero, sin rubor, para dar a conocer a Cataluña en el mundo? Siendo político …

La Vanguardia [–>] da cuenta de la presentación, de la que viene la foto. Y lo hace relatando una de las anécdotas que confesó Puigdemont — que tal ve explique la cara de tonto que tiene.

El president explicó a los asistentes al acto que durante su excedencia para recorrer Europa y de la que salió su primer y único libro hasta la fecha, llegó a estar harto de que en los hoteles, el personal de servicio diera cuenta de que no conocían Catalunya. Era un evidencia que se repetía cada vez que le preguntaban de dónde era y él respondía que de Catalunya. El interlocutor normalmente le preguntaba: ‘Cat…. what?’, expresión que dio lugar al título de su libro. Así, cansado de que se repitiera el episodio, Puigdemont decidió registrarse en los hoteles por la noche. La razón es que a esas horas normalmente “había personal de servicio que era gente inmigrante, acabada de llegar, con un nivel de inglés y francés muy inferior al mío y podía colar el carné de nacionalidad catalana que llevaba en el bolsillo y así nadie discutía mi nacionalidad”. Esta redacción ha tratado de conseguir una imagen del carné en cuestión, pero no ha sido posible, el president ya no lo lleva encima.

Acojonante, el niño. Y acojonante que se lo publiquen y lo cuenten. Es de suponer que el trauma que conducía a su nocturnidad era que pusieran español en la casilla de nacionalidad. Y que pensaba que con el esfuerzo horario -y el engaño- cambiaba algo. Resulta muy nacionalista: si cierro los ojos, no existe. Por ejemplo, si cierro las orejas, en Cataluña se habla catalán, como en Francia se habla francés. Si cierro la inteligencia, el hombre andaluz es un hombre destruido y anárquico (y el vasco debe ser la pera limonera, a imitar). Etcétera.

Pero tal vez el caso tiene solución. Que ahora podría impulsar Puigdemont desde su elevado puesto recién estrenado. Seguro que su presidencia tiene la suficiente importancia internacional … si llama a la puerta de noche. Supongo que el fenómeno imagina no ser el único con esa dificultad. Los catalanes, mucho fet dierencial, pero se refieren a algo  colectivo. No es nada individual. Y entonces se podría plantear un carnet, emitido por la ONU, para Acomplexats sense fronteresQue daría permiso a poner precisamente eso, acomplexat, en donde hay que poner la nacionalidad. Sería como una especie de: El nene ha salido tontito; pero déjale al pobre, no le vayamos a amargar. Que entre de día, como la gente normal.

Puigdemont. Tal cual. Cata … ¿qué?

Fuente: Dolca Catalunya.