Esto, obvio, no se suele recalcar:

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Traducido. Definas como definas “pensamiento crítico”, siempre se refiere a una forma o sistema de razonamientos y juicios. Pero los que usan la expresión aplicada a sí mismos, que suelen coincidir con los cazadores de “magufos”, y de “anti-ciencia”, nunca proporcionan nada más que un listado de contenidos. Estas materias, X, Y, Z, son magufas y anti-ciencia porque salen en las listas de maguferías y anti-ciencia. Y el asunto de las listas debe ser tan importante, un pecado tan gordo, que nuestros sedicentes pensadores críticos basan toda su actividad en conseguir callar la magufería. Literalmente, cerrarles la boca e impedir su acceso al público. Con generoso entusiasmo. Y de una forma nada diferente que Pablito impidiendo que Rosa Díez dé una charla en su universidad.

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Y lo consiguen.

El mérito es en su mayor parte de la propia comunidad universitaria: profesores y alumnos suelen reaccionar con contundencia cuando se encuentran con que sus facultades acogen un curso o una conferencia de contenido pseudocientífico. Ocurrió en 2014 en la Universidad de Zaragoza, obligando a la institución a desligarse de la cátedra Boiron de Homeopatía, y más recientemente en la Universidad de Barcelona, que suprimió el máster en Homeopatía que impartía y cuyos actuales alumnos serán los últimos en cursarlo. [–>]

La paradoja tiene mérito. Están hablando de universidades, no del casino de Villafría del Tarugal. Pero nuestros críticos pensadores, y egregios divulgadores de ciencia, piden que se apliquen listas negras de materias. No piden que la universidad proporcione la educación suficiente como para que sus alumnos sepan comprender, por sí mismos, el valor (negativo) de la homeopatía. O de cualquier otro “conocimiento” que no esté soportado por alguna comprobación empírica.

El problema es fácil de entender. No se consigue nada eliminando un máster de homeopatía en la universidad, porque los mismos alumnos se pueden apuntar a cualquier otra melonada que -sin duda- va a surgir. O que ya está. El pensamiento mágico es parte de la estructura humana. Podría ser conveniente ayudar a los alumnos a reconocer la magia. El éxito dependerá del nivel de la universidad, y las perspectivas no son muy buenas. Por ejemplo, se puede poner la mano en el fuego porque Rocío, o El Confidencial, nunca van a incluir en la lista magufa materias como la glaciología feminista. Bello prodigio que recientemente hemos tenido oportunidad de disfrutar [–>]. Y tantas y tantas maravillas que no están en la lista magufa, pero que gozan de patente de corso.

Hay más paradojas en este “pensamiento crítico”. Generalmente coinciden con los que abominan del uso de la memoria -y los exámenes- en la educación. Pero lo que proponen es un puro ejercicio de memoria. Aprenderse una lista; como quien memoriza el catecismo.¿En qué quedamos? ¿En que vamos a eliminar la memoria porque lo guay es el pensamiento, o en que vamos a eliminar el pensamiento porque a cambio proporcionamos una lista muy conveniente?

Ya que “pensamiento crítico” debería ser un ejercicio relacionado de alguna forma con “pensar”, y ya que les encantan expresiones como “pseudociencia”, podrían contemplar si un pensamiento que consiste en no pensar, y en callar a los que figuran en una lista, no será un “pseudopensamiento”.

Queda, finalmente, la parte cafre del asunto. Cuando “pensamiento crítico” era un sistema, y no una lista, ningún defensor del pensamiento crítico proponía silenciar opiniones, o materias. Proponían criticarlas; que no es un tipo de “escrache”, sino un tipo de razonamiento. En un plano intelectual en vez de físico, Rocío, El Confidencial, Teknautas, y la alegre patulea que se imagina “pensamiento crítico”, no se distinguen en nada de Potemos y de Pablito. Son cazadores; no pensadores.