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No nos perdamos por las ramas. No se trata de que Luna Miguel sea periodista y poeta, y de hacer una campaña contra la intolerable mojigatería de Facebook. Ni de que le devuelvan la cuenta en la que anunció su libro que habla de masturbación femenina. Sí, eso estaría muy bien, pero sería mejor si nos diéramos cuenta del monstruo que anda suelto.

Aquí tenemos un error de mentalidad muy grave. Pensamos que como Facebook es gratis, sólo FB puede poner las condiciones, y no hay nada mas que decir ni alegar. Y nada te impide no usar Facebook. Eres libre.

Las dos ideas son falsas. Ni Facebook es gratis, ni eres libre de no usarlo.

Pagas por usar Facebook. Mucho. Y no sólo le das tus contenidos a cambio de poderlo usar. Le das algo mucho más grave. Literalmente, tu vida. Lo que te gusta; lo que lees; lo que escuchas; lo que haces; con quién te relaciones; quién se relaciona contigo; a quiénes gustas, y cuánto. Vida con la que luego Facebook comercia, y proporciona a los que pueden decidir que eres un “target” adecuado para algún producto. También le proporciona tu vida -no sé si gratis o bajo favores- a unos cuantos gobiernos y sus agencias de espionaje.

Supongo que se entiende la idea. No es precisamente que tú no le dés nada al puto Facebook, y por tanto Facebook no tenga nada que cumplir contigo.  Por su uso pagas una pérdida de libertad y de intimidad acojonantes.

Tampoco eres libre de no usarlo, o de elegir otra alternativa. En según qué ambientes, no usar Facebook es como encerrarte en un ghetto. Casi como no existir, y definitivamente estar muy apartado del mundo. Sería como pensar que el teléfono móvil o el carnet de conducir son “opciones”. Para algunos lo son; para muchos, ni de coña. Pues ahora imagina que de la noche a la mañana una “startup” hubiera inventado las carreteras, todo el mundo se hubiera puesto a usarlas, y a necesitarlas, pero la “startup” pudiera decidir quién circula, o no, y a quién se lo impide — sin tener que dar cuentas de ello, “por motivos de seguridad”.

De acuerdo; nadie razonable, y que tenga noción de cómo funciona la cosa, usaría Facebook.  Ni Facebook ni … hmmm, ya me entendéis. Pero es que no somos razonables. Somos sociables, que es lo más irrazonable que se puede ser. Y en ese sentido Facebook, además de todo lo dicho hasta ahora, es funcionalmente un monopolio. Y no por lo que hagan o hayan hecho; es simplemente inevitable. Funcionamos así; hacemos lo que hace “la peña”.

A mis amigos liberales les molestará esta visión. Creen en la magia del mercado y en la inexistencia de la sociedad. Dejemos que sueñen. Pero sugiero a los picapleitos que le den un par de vueltas a esta idea. Que yo vea, tenemos … (sustituir por las expresiones técnicas adecuadas)

  1. Una prestación de servicios a cambio de un precio bien alto.
  2. Sin contrato ni responsabilidad.
  3. Un claro caso de mercado disfuncional (clientes cautivos).
  4. Un secuestro de contenidos que no posee su autor. Por ejemplo, Luna ha perdido todo lo que había puesto en Facebook. Un montón de material.
  5. ¿Se puede hablar de un “avataricidio”? Literalmente, se pierde una personalidad virtual, muy trabajada durante muchos años.
  6. Un monopolio como la copa de un pino.

¿Que hacemos con eso? ¿Dejar que el monstruo campe por sus respetos?

Enlaces.

En el blog de Luna: