Ayer hablábamos de “la merma”.

Pero como sólo pusimos un ejemplo, podría quedar la impresión de que es un fenómeno reservado para descerebrados -digamos- “de progreso”. O españoles, porque era un ejemplo español. No es así. Hoy veremos otro ejemplo, USA e internacional. Y peor: entre científicos.

Pero vamos a dar un pequeño paso atrás para pillar perspectiva. Una cita.

… es una regla establecida de la Sociedad, a la que siempre se adherirá, no dar nunca una opinión como cuerpo, en ningún asunto que se le presente, tanto sea de la naturaleza como del arte.

La cita es de la Royal Society of London  for the Improvement of Natural Knowledge, y figuraba en cada edición de su revista Philosophical Transactions. Desde la primera en 1665, hasta que eliminaron la norma en 1965. Y, siendo la Royal Society el ideal al que ha aspirado toda sociedad científica entre esas fechas, quiere decir que es con ese espíritu con el que han ocurrido todas las revoluciones científicas que hemos conocido. No recuerdo que haya habido ninguna posterior a 1965.

La cita nos sirve para contemplar a la merma, nada menos que en AGU. De su presidente.

Como líderes de AGU, recibimos con gusto preguntas y peticiones de nuestros miembros y otros en la comunidad científica, y os aseguramos que cuando haya información verificable que pruebe que ExxonMobil incurre actualmente en la promoción de desinformación sobre la ciencia, o adoptando posiciones que están en conflicto con las propias de AGU, o apoyando a grupos que lo hagan, terminaríamos nuestra relación, como  dicta nuestra política — al menos hasta que la compañía fuera capaz de demostrar que esas actividades han cesado.

De dónde viene el asunto es secundario. Se trata de una petición de los sospechosos habituales, los cafres del clima (Hansen, Mann y compañía), para que AGU deje de aceptar la esponsorización de sus actividades por parte de ExxonMobil. Mediante unas acusaciones que AGU entiende que son falsas, o no probadas. Se pueden ver los detalles en el blog de Judith Curry:

AGU les ha quitado la razón a los cafres, pero también se la ha dado. Les ha dicho que los acusados no son “fachas”, o no demostrablemente; pero también dice que no se ajuntan con “fachas”. Se apuntan de pleno al cuento de buenos y malos, para lactantes. O para mermados.

Sin duda que “la merma” no podrá entender cuál es el problema del cambo de posición de “la ciencia” en 1965. No en vano se trata de una tara intelectual. Pero lo que hasta “la merma” debería poder comprender es que estamos hablando de dos sistemas diferentes, con normas y acciones diferentes. Diferencias que, presumiblemente, tendrán consecuencias.

Una de las consecuencias, pero esta no presumible sino inevitable, es que no pueden adornarse con el prestigio de lo que hacía “la ciencia” hasta 1965, porque desde entonces están haciendo una cosa diferente. Por ejemplo, marcar como intocables, y como “desinformación”, a aquellos cuyas posiciones están en conflicto con las de la burocracia científica de turno. Tampoco deberían hincharse tanto la boca hablando de “consenso”, cuando la norma que hemos visto de la Royal Society está diseñada exclusivamente para no dar valor a la idea de consenso. Y por tanto nunca apuntarse a ninguno.

Esto también debería estar al alcance de “la merma”. Si la Royal Society estableció una norma, y aseguraba adherirse a ella “para siempre”, quiere decir que entendieron que no era una norma circunstancial, sino esencial a lo que entendían como ciencia. Y eso sugiere que lo de ahora probablemente no les parecería ciencia. La apuesta razonable es que considerarían “la merma” como un término muy ajustado para una actividad desarrollada con consenso y cartelitos de colorines.

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